Los inquilinos

 

JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS

De modo que resucitada por el portavoz nacional del BNG la tesis de la casa común -sólo que referida al Bloque y ofrecida "para quienes se sientan ante todo gallegos", habrá que ver quién responde, si es que lo hace alguien y hasta dónde llega la oferta. Que es oportuna desde el punto de vista político, y necesaria desde el electoral -porque si el nacionalismo quiere mejoirar posiciones tiene que llegar hasta quienes no lo son y ofrecer el edificio para nuevos habitantes- pero que, aún así, no será fácil de concretar desde dentro ni tampoco de aceptar desde fuera.
Por ahora ya hubo una respuesta: don Pablo Padín, presidente de Terra Galega -que es la cuarta fuerza de este país, aunque resulte diminuta si se compara con las otras tres- dijo que su organuización quería seguir creciendo mediante la incorporación de otros a sus siglas y no por su inmersión de las suyas en unas mayores. En roman paladino, a eso se le llama optar por ser cabeza de ratón antes que cola de león, pero cualquiera lo puede interpretar de otra firma; lo que destaca es el rechazo de la oferta, aunque no se le hubiese realizado de una forma directa y explícita.
El primer efecto de esa negativa podría ser la necesidad de que la oferta se amplíe, porque la estructura que preside don Pablo es lo que queda de centro galeguista, aparte el que hay en el PPdeG. Y si eso es así, el señor Quintana habrá de considerarlo, especialmente a la vista de cómo se aplica lo aprobado en el congreso de Valencia sobre el diálogo con los nacionalistas; en política ya se sabe que no se pueden hacer planes a más de un día, pero sí que conviene tener previstas cuantas más contingencias, mejor. Incluyendo las de inquilinos y realquilados.
Queda dicho que las dificultades no sólo están fuera de la casa, sino dentro. Lo primero se demuestra no sólo con lo del señor Padín, sino con la insistencia de don Alberto Núñez Feijóo sobre que pactará unicamente si gana -o sea, si es la lista más votada-, algo que en todo caso no depende sólo de él. Lo segundo, porque el contrato de arrendamiento habría de ser visado por el conjunto del Bloque, y ya se sabe que, además de lo complejo que sería fijar el precio, no todos están dispuestos a ser generosos con las condiciones de pago por el alquiler.
En todo caso, la idea de fondo del señor Quintana es sensata y probablemente la única viable pese a todo: si el Bloque quiere ser algo más que hasta ahora -y mejorar es la norma de cualquier organización política- y hacer más país, tiene que sumar. Una operación que no puede plantear a toda costa, pero desde luego sí desde la idea de que o hay tamaño o no habrá lo que se quiere.
¿Eh?

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