El imprescindible cuarto hospital

29.06.2008 | 00:00

EDITORIAL

La precaria situación de la sanidad en el área de Vigo, que atiende a más de dos tercios de la población de la provincia, tiene fecha de caducidad tras la construcción del cuarto hospital, que según anuncia la Xunta será el más grande de Europa. Pondrá fin a lo que el gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) ha calificado de "desastroso" por la insuficiencia de medios técnicos y humanos. Además ostenta el lamentable récord de retrasos en las listas de espera.
La red hospitalaria de Vigo está formada por dos centros privados, Povisa y Fátima, y tres públicos: el antiguo hospital municipal Nicolás Peña, el Xeral y el Meixoeiro. El centro de referencia de la ciudad es el Hospital Xeral, que ha superado el medio siglo, y su estado es deficiente, pese a los arreglos. El más moderno, el Meixoiero, nació infradotado en personal y equipamiento. Pero el principal problema de la red, que le impide optimizar los recursos es la descoordinación, por lo que los servicios están duplicados o triplicados, por lo que a pesar de la cualificación de los profesionales que trabajan en Vigo, al estar divididos los equipos y los recursos, ninguna especialidad llega al nivel máximo para ser referencia.
Muy distinto es lo que ocurre en A Coruña con el Juan Canalejo o en Santiago con el Clínico, que concentran sus energías y especialistas, y pueden destacar estatalmente en alguna de las especialidades. Esta dispersión de esfuerzos y de recursos es lo que ha impedido que Vigo tenga el peso sanitario que le corresponde.
Es lo que justifica que Romay Beccaría, cuando ocupaba la consellería de Sanidad de la Xunta, haya creado el Instituto de Medicina Técnica (Medtec) -en el que trabajó la ministra Elena Espinosa-, para suplir las carencias, especialmente en el tratamiento y cirugía de las enfermedades cardíacas. El Medtec es un organismo que no debería desaparecer, dada la eficiencia y resultados de su trabajo, pese a la oposición que muestran los recalcitrantes del sector público contra las fundaciones y la medicina privada.
Por eso se aguarda el cuarto hospital, que solucionará muchas de las deficiencias de la sanidad viguesa y ejercerá como elemento de racionalización y coordinación. Se ubicará en una amplia parcela entre las parroquias de Beade y Valladares, próxima al segundo cinturón de circunvalación y al vial de acceso a la Universidad. La incógnita radica en el tiempo que tardará en construirse. El gobierno gallego pone la fecha de 2012 para su puesta en marcha, pero es evidente que si no se busca financiación externa no será posible. El hospital de Lugo, mucho más modesto, lleva ocho años en construcción y no se sabe cuándo terminará. El cuarto hospital ya acumula tres años de retraso, en relación a los planes del anterior gobierno del PP, que había dejado consignado 3 millones de euros para su edificación. Es una cifra irrelevante para el coste previsto, pero estaba incluida en el DOGA.
Un hospital de la magnitud del de Vigo, con capacidad para 1.414 camas y la posibilidad de otra supletoria por habitación, con 33 quirófanos, aparcamiento de 2.300 plazas, un hotel anejo para acompañantes, y guardería, requiere tiempo para conseguir la mejor planificación. El problema es saber de dónde saldrán los 447 millones de euros en los que está presupuestado, y que la Xunta no dispone, ya que tendría que invertir más de 110 millones al año para acabar en 2012.
Los responsables sanitarios han contrastado experiencias en Madrid, Valencia y en el extranjero, y han llegado a la conclusión de que la mejor solución es crear una sociedad mixta, con el 80% de capital privado, y el resto público, y capacidad financiera para ejecutar la obra, que la Xunta pagaría a plazos. Si lo construye la Xunta directamente, se eternizará.
Los 28 concellos que forman el área sanitaria metropolitana de Vigo, y cuyos habitantes son los que padecen las deficiencias están ansiosos de contar con el cuarto hospital. A esos seiscientos mil ciudadanos no les preocupa lo más mínimo el tipo de sociedad que lo construya, si es pública o privada. Lo que piden es que funcione cuanto antes con los mejores recursos técnicos y la atención sanitaria adecuada. En su planificación han aportado iniciativas y sugerencias diversos grupos de médicos vigueses, que son quienes mejor conocen la realidad y los que pueden corregir los defectos que existen.
Sobre su capacidad profesional descansará el futuro de la red, que debe potenciar la labor formativa de los estudiantes que realicen sus prácticas en Vigo, tras cerrarse la posibilidad de que se cree una Facultad de Medicina. El cuarto hospital, que debe nacer plenamente dotado, no sólo es una demanda antigua sino la ocasión de que Vigo y su área tengan la atención sanitaria que les corresponde y en consonancia con su posición de liderazgo sociológico dentro de Galicia.
Cual sea el futuro del Hospital Xeral, que debe tener una dedicación asistencial, es otra incógnita. En ningún caso debería ser una moneda de cambio para la financiación del cuarto hospital. Pero hay tiempo para despejar las dudas.

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