No hay mal que por bien no venga

21.06.2008 | 00:00

Juan José Millás

Si antes de la subida de la luz, por leer un rato en la cama, pagabas a la compañía eléctrica equis, ahora pagarás equis más el 11%. Así que en cierto modo se han encarecido los libros, me decía un vecino. Y no me fastidia por el dinero, añadía, sino porque me pasaré el tiempo de lectura haciendo cálculos económicos y no me concentraré en la novela. Todo está preparado para quitarnos la concentración de las cosas importantes, le dije por darle la razón. Mientras pensamos en el 11% de aumento del recibo de la luz, no pensamos en la muerte. Y la muerte es un asunto trascendental. Deberíamos darle más vueltas.
Mi comunidad de vecinos, en reunión solemne celebrada el pasado martes, ha decidido que, para no notar la subida, reduciremos en un 11% el tiempo que permanecen encendidas las luces de las escaleras y el portal desde que se presiona el interruptor. El del Tercero C ha calculado que si las comunidades de toda España hicieran lo mismo ahorraríamos el equivalente a la luz que gasta en un mes un pueblo de 4.000 habitantes. Le pregunté a qué pueblo se refería y dijo que daba lo mismo, un pueblo cualquiera.
-Si se trata de un pueblo cuyos habitantes leen mucho en la cama -aduje-, la cosa cambia. Leer en la cama se está poniendo en un pico.
Les expliqué mi caso y en seguida hicieron un cálculo de las líneas de las que me tenía que privar cada día para gastar lo mismo que antes: dos y media. Procuro llevarlo a rajatabla al objeto de concentrarme en el argumento de la novela y no en la economía. El mundo es maravilloso porque estamos completamente locos. Si estuviéramos cuerdos, tendríamos que pensar en la muerte y nos volveríamos sombríos, aunque nos sobrara la luz. No hay nada como una crisis económica para sortear un apuro moral. Cuando podíamos leer en la cama todo el tiempo que nos diera la gana, porque nos costaba un 11% menos, nos atacaba con frecuencia el insomnio. Ahora dices leo hasta aquí y lees hasta aquí. Y en el portal hablas menos con los vecinos, porque en seguida se apaga la luz. No hay mal que por bien no venga.

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