El enfoque

06.06.2008 | 00:00

Javier Sánchez de Dios

Pues la verdad es que, dicho con todo respeto, hay una parte de la nueva clase gobernante, sobre todo la que procede del lado universitario, que ya se parece mucho a la que en otros tiempos integraron los tecnócratas. De forma concreta en el curioso modo que aquellos tenían para explicar algunas de sus decisiones, especialmente las económicamente impopulares y que presentaban siempre como incómodas pero necesarias para mejorar el estado general de quienes las padecían. O sea, algo así como el aceite de hígado de bacalao: asqueroso, pero vitamínico.
Eso es lo que acaba de hacer el señor ministro de Industria al justificar un alza de las tarifas eléctricas -la segunda en lo que va de año- que llevará el recibo de la luz a un nivel del diez por ciento más caro. Don Miguel Sebastián, profesor de Economía, vino a decir algo así como que el objetivo final era potenciar el ahorro de energía y que para una parte de los ciudadanos las cosas, aún subiendo, bajarían, mientras que la otra debería consolarse porque habría podido ser peor pero se evitó gracias a la generosidad del Gobierno. Lo de "manda caralho" parece imaginado para eso.
Ese enfoque, que tiene quizá su origen en una estrategia general basada en el "método Ollendiorf" -el de responder que llueve cuando alguien pregunta la hora- fue ratificado ayer mismo por el señor presidente de la Xunta. Dijo, don Emilio, que el cambio de tarifas permitiría a una quinta parte de los gallegos pagar menos: un logro singular, porque a la vez significa que las otras cuatro quintas partes pagarán más, algo que si le hubiera pillado en la oposición habría provocado su sin duda justa cólera. Y es que, como señaló el latino, " ¡Oh tempora, oh mores!".
Ocurre que el asunto to es algo más grave para los gallegos que esa alta proporción de perjudicados: que los habitantes de este país exportador de energía eléctrica extraída de sus recursos naturales hayan de pagar más por el producto final resulta tan discutible, y seguramente tan extraño, como que a los saudíes les costase lo mismo la gasolina que a los suecos, por ejemplo. Y como lo susceptible de empeorar empeora, además quien explota esos recursos no liquida los impuestos en origen, sino en destino, lo que además de pintoresco parece pelín inaceptable.
Sin la menor intención de enmendarle la plana a quien ostenta tan alta condición como la suya, quizá permita el señor Touriño otra reflexión: en asuntos como éste de las tarifas y en circunstancia como la que atraviesa el país, en la que se desacelera casi todo menos los precios, su enfoque debería ser -y a buen entendedor pocas palabras bastan- antes como presidente que como secretario general. ¿No...?

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