Un asunto menor

06.06.2008 | 00:00

Juan José Millás

Estaba en la peluquería, dándole vueltas a un asunto de índole personal (de índole personal, qué bárbaro), cuando el peluquero anunció que me iba a quedar calvo enseguida. Y a ti se te va a morir tu madre, respondí para mis adentros. Las ampollas, añadió tratando de hipnotizarme con su mirada a través del espejo, tenían una eficacia probada. Pregunté cuánto costaban y me dijo que 120 euros (ciento veinte), casi veinte mil pesetas. Si me hubiera dicho 30 ó 40 euros, tal vez me habría dejado timar para no discutir. Pero sentí que había sobrepasado todos los límites. Además, el que estaba calvo era él, no yo.
-¿Tiene usted madre? -pregunté.
-Sí -me respondió.
-Pues cuídela y vaya a verla con frecuencia, que luego uno se arrepiente de no haberle prestado más atención.
El hombre, desconcertado, continuó cortándome el pelo mientras yo regresaba al asunto de índole personal (cada vez que escribo "índole personal" siento una punzada en el estómago). Pero ya no lograba concentrarme en él. Comencé a darle vueltas a la idea de que aquel tipo había intentado estafarme 120 euros (ciento veinte) y me pregunté si tengo la expresión característica de los que se dejan engañar, de modo que me dirigí a él de nuevo.
-Óigame, en confianza. Usted y yo sabemos que esas ampollas no sirven para nada. Y no me importa, están ahí, pertenecen a una marca conocida y usted cobra una comisión por cada caja. Pero por qué me ha elegido a mí.
El hombre se quedó pensativo y al rato, en vez de responder a mi cuestión, preguntó por qué le había mencionado a su madre. Por mi parte, tras guardar silencio unos segundos, le pedí que me dijera por qué había intentado venderme unas ampollas que no servían para nada. No respondió. Yo tampoco volví a abrir la boca. Terminó su trabajo, pagué y me fui. La escena ocurrió hace tres días o cuatro días y cada poco regresa a mi memoria (a mi conciencia, si he decir la verdad) provocándome un malestar difuso. Se trata de uno de esos asuntos menores con una capacidad emponzoñamiento mayor. La vida está lleno de ellos.

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