Agua para siempre y para todos

02.06.2008 | 02:00

Tuve la ocasión hace un par de semanas de compartir mesa con Juana Serna y Ernest Blasco con el agua como tema central de la reunión. Hasta ese momento, como tantos otros, permanecía en la ignorancia sobre la cuestión e influido o influenciado por el discurso simple, pero contundente del PPCV, cuyo fin, al ser la consigna tan elemental, es conseguir un efecto inmediato e irracional, pero sumamente efectivo para sus objetivos, pues juega con sentimientos o necesidades básicas.

El lema "agua para todos" contiene un mensaje que nadie puede rechazar, que en sí mismo encierra una verdad y un deseo solidario, pero que manipulado esconde una crítica que se identifica con un trato desigual y arbitrario. Pero, dicho lema, sin embargo, no responde a la realidad y basta para comprobar su falta de fundamento con escuchar, aunque sea brevemente, los gravísimos inconvenientes que provoca la solución trasvasista elevada a categoría absoluta, su escasa adecuación a las políticas de lucha contra el cambio climático y, sobre todo, los resultados en términos de agua real y de calidad que puede ofrecer ese tan manido, ya sólo por objetivos inmediatos, trasvase del Ebro.

Me gusta, frente a ese "agua para todos", el "agua para siempre" que el PSOE enarbola aunque lo haga con las pocas ganas y desorganización que le caracteriza en estas tierras. Porque ese es el objetivo y el fallo del programa de la derecha, que no garantiza el agua para siempre y que no tiene inconveniente alguno en ponernos bajo el riesgo de su carencia cuando así lo decida el caprichoso factor climático.

Los datos que me proporcionaron son elocuentes y me han inclinado definitivamente a rechazar ese trasvase que ni el propio PP se atreve a defender en sus distintos programas, por lo que cabe sospechar que ellos mismos no lo harán jamás.

El trasvase es la única solución que propone ese partido en esta Comunidad desgobernada y endeudada, al cual no interesan otras soluciones, como lo pone de manifiesto el constante boicot a las desaladoras que proporcionan un agua de excelente calidad. El trasvase vendría constituido por una tubería enorme de muchos kilómetros que, en algunos lugares, habría que elevar por encima de los mil metros y que causaría un evidente impacto ambiental. El agua que se podría trasvasar, siempre hipotética, pues dependería del cambiante caudal del río, no sería superior a la que puede proporcionar ni siquiera la mejora de los sistemas de regadío o la reutilización de aguas depuradas, de las cuales ahora sólo se vuelve a utilizar un mísero 0,8 por ciento. Esa agua, además, debería ser depurada, ya que su grado de conductibilidad, según me dicen, superan el apto para el consumo humano. Pero, lo más importante, es que no es necesario si se abordan las diferentes actuaciones que contempla el programa "Agua" del Gobierno, que sólo ha derogado del PHN el trasvase, no el resto de medidas ya acordadas en su momento por el PP, incluidas las depuradoras aunque ahora irresponsablemente las demonicen y boicoteen, pues no es el agua lo que les interesa, sino los réditos electorales y las consignas que oculten su incompetencia en la labor de gobierno.

Por eso, desde el Gobierno ya se está abundando en la reutilización de las aguas depuradas, pues es inadmisible que sólo se aproveche ese antes citado 0,8 por ciento. De la misma forma, hay que invertir y se está haciendo, en la modernización de los sistemas de regadío y en las redes de distribución en las que se pierden cantidades superiores a las que se ganarían con el trasvase. Y, por último, favorecer las desaladoras, cuya agua, pura, sirve para el consumo humano y lo garantiza siempre al margen de las incidencias climáticas. No se olvide que ya hoy consumimos una buena parte de agua desalada, aunque no lo sepamos. Por supuesto, todo ello no se opone a mantener o desarrollar los trasvases que sean, como último remedio, necesarios, pero siempre como última solución.

Y, de todo lo dicho, lo más importante, es que con el plan "Agua" no se afecta al medio ambiente, antes al contrario lo favorece, así como garantiza su uso en todo momento, pues el mar es una fuente inagotable.

Afirmar que el agua del Ebro se pierde en el mar es, cuanto menos una muestra de irresponsabilidad que, si bien las gentes de buena fe pueden creer, encierra un riesgo para el futuro. El mar necesita que los ríos viertan agua en él, pues, en caso contrario, su alta salinización podría poner en riesgo la vida en su seno. Por eso los habitantes del delta alertan sobre el fin de su entorno si se reducen los excedentes que van a parar al Mediterráneo. La naturaleza es sabia y no parece que nosotros lo seamos o, al menos, si lo sabemos, actuamos como si fuéramos eternos o no nos importaran los que han de sucedernos.

Estos son los datos que me proporcionaron y que me han hecho posicionarme en este punto en el que siempre he guardado silencio. Puede que esté equivocado, pero frente al discurso fácil, los mensajes machacones y la movilización dura, pero sin datos, me quedo con estos análisis serenos, con números y con futuro, pues el futuro es la esperanza en la continuidad y no asumir riesgos innecesarios. Sin embargo, no me cierro a otras informaciones técnicas, pues soy ignorante en la materia. Si alguien me ofrece datos en un sentido contrario, que no sean meros panfletos electorales, los analizaré con mente abierta. No tengo compromiso alguno con la verdad, antes al contrario, estoy siempre dispuesto a aceptarla venga de donde venga.

Nota: la situación económica de la Generalidad es de tal gravedad que se está volviendo insostenible. La Universidad ha tenido que retrasar pagos a proveedores por falta de los ingresos comprometidos; los médicos del General dejan de operar por las tardes porque no cobran, la ley de dependencia inaplicada. Pero ellos, despilfarran contratando profesores de inglés de Educación para la Ciudadanía para hacer oposición al Gobierno, crean la VIU que es un engendro interesado, montan circos festivos y lúdico deportivos, invierten en negocios ruinosos pero espectaculares a mayor gloria de quienes los construyen y gestionan. Habrá que exigirles que se pongan a gobernar y recordarles que aquí ni son oposición, ni los ciudadanos les pagamos para que la hagan, sino para que respondan a nuestros intereses.

José María Asencio Mellado es catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Alicante.

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