El levantamiento del 2 de Mayo en el Báltico

29.04.2008 | 00:00

Bernard Durán

¿Y qué narices tiene que ver el dos de Mayo con el mar Báltico? Se preguntará más de uno. No es que quiera conjugar mi interés por la historia con el hecho de estar destinado como diplomático en una República báltica y no tendría mucho que ver salvo por un pequeño pero importante detalle que suele pasar desapercibido. Y es que a orillas de este mar, hace exactamente doscientos años, se encontraba, también destinado, lo más florido del ejército español. En realidad, el levantamiento de Madrid fue esencialmente popular y la participación del Ejército fue minoritaria, salvo aislados episodios heroicos como los de los artilleros Daoiz y Velarde y ello, entre otras razones, porque el Capitán General Negrete era muy consciente que las tropas con las que contaba en la península eran insuficientes para enfrentarse con éxito a Murat, en esas fechas a cargo del ejercito napoleónico en España, ya que, como decíamos antes, los mejores regimientos se encontraban dispersos en otra península, la de Jutlandia.
Napoleón, invocando el Tratado de San Ildefonso, había convencido a Carlos IV para que enviase un ejercito expedicionario español a la campaña del Báltico. Básicamente Napoleón pretendía varías cosas con esta jugada. Por un lado, sacar las tropas españolas que estaban acantonadas en Italia sosteniendo a los Borbones en Etruria, para hacerse él con dicho Reino; por otro lado, apoyo a su campaña contra los suecos; y, por último, y quizás más importante, dejar lo más desguarnecida posible a la Península Ibérica. Así, a lo largo de 1807 todas las tropas en suelo italiano y parte de las reservas situadas en España parten hacia el Báltico a las órdenes de un militar poco conocido para el gran público, el Mariscal Pedro Caro y Sureda, Marqués de la Romana, para algunos historiadores un noble indolente pero que acabaría siendo uno de los grandes protagonistas de esta historia, porque una vez convenientemente dispersas las tropas por Dinamarca siguiendo las órdenes del Mariscal francés Bernadotte, para evitar motines y deserciones, estallaba el dos de Mayo.
Hoy, como procuro hacer a menudo cuando el tiempo lo permite, bajé a hacer footing a la playa de Jurmala, en donde vivo desde hace casi dos años. Las playas del Báltico letón son espectaculares, se antojan infinitas, flanqueadas por un mar grisaceo, (aunque curiosamente en verano las aguas no son tan frías como las de las Rías Bajas) y por un bosque de pinos que corona las dunas de arena fina y cobriza. Temprano, en esta época del año, la playa esta vacía, más allá de algunos patos azulones, alguna garza y de gaviotas carinegras. Durante mi carrera matinal pensaba en cómo habrían reaccionado mis compatriotas al enterarse del levantamiento, acampados en un país no muy lejano a éste, pero posiblemente contemplando una vista muy similar.
Algunas de las tropas se amotinaron, como los regimientos de Asturias y Guadalajara, pero la Romana consiguió, gracias a una calculada ambigüedad, convencerles sobre la conveniencia de mantener la fidelidad a Bonaparte, pero, a espaldas de los franceses, entró en contacto con los ingleses para conseguir la repatriación de las tropas. La típica historia de espías y de tensión, en la que no faltaron algunas batallas, como la toma del castillo de Nyborg, en definitiva el perfecto guión de una película con final feliz, ya que el Marqués consiguió reunificar a la mayor parte de sus dispersas tropas y embarcarlas rumbo a Suecia desde donde pasarían a España para participar en la Guerra de la Independencia o en la "guerra peninsular" como la denominan, creo que más acertadamente, los británicos.
Curiosamente pues, los primeros enfrentamientos entre los ejércitos de Francia y España, además de en Madrid tuvieron lugar en Dinamarca. Y si el dos de Mayo supuso el principio del fin para el imperio napoleónico, el Báltico supondría su tumba efectiva, (a excepción de la aventura de Waterloo), y de hecho en la vecina Lituania, los arqueólogos siguen encontrando restos de soldados de la grand armée víctimas de la fallida campaña de 1812.
Recientemente hemos vuelto a tener tropas españolas en el Báltico, concretamente una escuadrilla del ejército del aire y cuatro aviones Mirage F-1 realizando labores de patrullaje aéreo para Lituania, Letonia y Estonia en el marco de la OTAN. Afortunadamente en tiempos menos revueltos.

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