Gitanos, judíos y gallegos

28.04.2008 | 00:00

ÁNXEL VENCE

Un militante del Bloque Nacionalista Galego acaba de ser expulsado de ese partido gubernamental bajo la sospecha de que judaizaba en secreto a favor del Estado Imperialista de Israel. Más bien era un secreto a voces, si se tiene en cuenta que Pedro Gómez-Valadés preside sin tapujos y sin la menor vergüenza una asociación para promover la amistad entre gallegos e israelíes. Y hasta ahí podíamos llegar.
El lance no trascendería los límites de la disciplina interna que tan a rajatabla suelen aplicar a veces los partidos, de no ser porque el BNG desempeña labores de gobierno en Galicia junto a su mayoritario aliado socialdemócrata. Quiere decirse que no se trata precisamente de un grupúsculo extraparlamentario, sino de una organización que tiene a su cargo la gerencia de asuntos tan importantes como la cultura, la preservación del medio rural o la lucha contra los incendios forestales.
Dadas esas circunstancias, sorprende un poco la extraña fijación que un partido institucional de despacho y moqueta como el Bloque parece tener con el Estado de Israel y -lo que acaso sea más inquietante- con los judíos en general. La expulsión de su militante pro-israelí se produce, efectivamente, apenas unos meses después de que el BNG impidiese una moción de condena del Holocausto en el Parlamento gallego, bajo el pretexto de que antes habría que repudiar los abusos y arbitrariedades a las que el Gobierno de Israel somete a los palestinos. (Moción que, para mayor desconcierto, el BNG no había tenido inconveniente en apoyar un año antes).
Si a todo ello se suman los problemas que algunos alcaldes nacionalistas tienen con los gitanos -en Pontevedra y Poio, por ejemplo-, más de uno pudiera llegar a la injusta conclusión de que el Bloque es un partido al que las etnias y las razas se le atragantan con mayor frecuencia de la que aconsejaría el sentido común.
Siempre habrá quien caiga en la fácil tentación de hacer juegos de palabras para recordar que el actual Gobierno gallego está formado por nacionalistas y socialistas, términos ambos que contribuían a la denominación del partido fundado a principios del pasado siglo por Adolfo Hitler.
Naturalmente, ese sería un disparate comparable a la equiparación entre nazis y judíos que -acaso sin pretenderlo- vienen haciendo con rara contumacia algunos de los dirigentes del Bloque. Sólo la gente mal informada o la peor intencionada podría dudar a estas alturas de las convicciones democráticas de los nacionalistas y menos aún atribuirles simpatías por el nazismo.
Cuestión distinta son los ramalazos vagamente antisemitas -ahora llamados "antisionistas"- que tan a menudo padece el BNG al igual que buena parte de la izquierda europea en directa competencia con la extrema derecha.
La idea de una conspiración judaica internacional que Hitler atribuía a los Protocolos de los Sabios de Sión y Franco a la "conjura judeo-masónica" ha dejado paso al no menos legendario "lobby judío" que al parecer gobierna el mundo; pero uno y otro concepto no dejan de responder en el fondo al mismo prejuicio. Ese por el que una parte del nacionalismo gallego no duda en reputar de "imperialista" a Israel: una república de tamaño inferior a Portugal que jamás tuvo (Israel; no Portugal) alejadas colonias que hiciesen de ella una metrópoli.
Tanto porfía el Bloque en equivocar los conceptos que, en buena lógica, ha acabado por ganarse la enemiga de las autoridades y -previsiblemente- el pueblo de Israel, que también los judíos tienen su corazoncito.
Siquiera sea por interés propio, los nacionalistas podrían considerar que el término "gallego" fue durante siglos y en distintas épocas y lugares un insulto, tal como hoy lo sigue siendo para muchos el de "gitano" o el de "judío". Pueblo de la emigración y el éxodo como ellos, mal haríamos los gallegos en tirar piedras contra su tejado. Bien pudiera ser el nuestro.
anxel@arrakis.es

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