Un problema nacional

 

Fernando Delgado

Entre los pactos ofrecidos por el candidato a la presidencia del gobierno al líder del PP no se hallaba uno que Julio Iglesias reclama ahora: un pacto sobre el trato que España debe al cantante. Uno comprende que este país tiene serios asuntos sobre los que debatir y llegar a acuerdos, pero hay problemas de siempre, como la ingratitud de España con sus hijos muy notables, y más si se hallan exiliados, cuya solución no se puede seguir retrasando. Porque yo creía que Julio Iglesias vivía feliz en sus mansiones caribeñas y enterrado en los millones de sus cuentas bancarias, pero ni el dinero ni los palacios, ni el éxito internacional de sus canciones tan cursis, ni el amor de los suyos, consigue colmar la felicidad de un patriota, si su madre patria no le quiere como debe. Por eso propone él ahora, totalmente en serio, que se le atienda más, que se le haga caso, que "haya una reflexión oficial en mi país". De ahí que uno eche en falta ese pacto entre las fuerzas políticas sobre Julio Iglesias, ya que él se siente igual de olvidado por el PP que por el PSOE. Lástima que ya no cuente tanto en el PP su más fiel admirador, Eduardo Zaplana, y no se sepa si Esperanza Aguirre canta sus canciones en la ducha, mientras prepara su órdago de cada día. Pero a Mariano Rajoy seguro que le gusta mucho el Canto a Galicia de Iglesias y, por supuesto, y en los trances que vive ahora, La vida sigue igual. Una reflexión oficial sobre el cantante podría llevar a reconocer el patriotismo de los que como él ven la patria desde los paraísos fiscales y a comprobar de qué modo contribuyen a las arcas solidarias de la madre patria que los abandona. Se trata de una madre que a veces se transforma en madrastra y después de haber dado el pecho a sus hijos con abundancia los deja sin teta. Y mira que Julio Iglesias se ha desvivido por la promoción de España en el mundo, especialmente por la Comunidad Valenciana, sometido incluso a la incomprensión de que un gobierno popular valenciano lo retribuyera con la abundancia supermillonaria que merecía y le colocara la recompensa en un paraíso fiscal. Mira que ha tenido que aguantar que sus envidiosos compatriotas no hayan visto bien que con dineros públicos se le pague un concierto más de una vez. Claro que todo eso merece una reflexión oficial. Y que la pida él tiene mérito. Pero es injusto con el Partido Popular cuando dice que unos y otros lo han olvidado por igual. La España que el PP representa ha enriquecido sus cuentas y el número de calles que llevan su nombre, cosa que no han hecho otros. Bueno, otros sí: Gil y Gil, por ejemplo, en Marbella. Marbella, ciudad emblema de un mundo de glamour que ama Julio Iglesias, puso su nombre, en los días de decencia municipal y patriótica de Gil y Gil, a una de sus principales avenidas.

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