El temblor del pulso

08.04.2008 | 02:00

Visiblemente preocupados por el acoso que sufre Mariano Rajoy desde el interior de su propio partido y desde medios de comunicación afines a la línea más dura del PP, algunos fieles a su persona han difundido la idea de que al todavía líder "no le temblará el pulso" para afrontar la renovación de cargos directivos que considera imprescindible en esta nueva etapa política. En definitiva, se trata de transmitir una imagen de firmeza que desvirtúe la impresión de blandengueria dubitativa que le suele atribuir el excitado locutor del minarete episcopal cuando lo insulta llamándole "maricomplejines". La expresión "no me temblará el pulso" fue un recurso retórico muy frecuentemente empleado por el general Franco en sus discursos y alocuciones. Sobre todo cuando quería advertir a los enemigos del régimen de que no dudaría en usar la fuerza para reprimir cualquier intento de subvertir la situación o de impulsar un cambio hacia formas de convivencia democráticas. Ya es sabido que a Franco nunca le temblaba el pulso. Muchos de sus más rigurosos biógrafos lo han descrito como un hombre frío e insensible al sufrimiento humano que firmaba tranquilamente sentencias de muerte mientras tomaba café. (Juicio que no comparten otras personas que lo trataron. En su libro "Vivencias y Semblanzas", Martín González del Valle y Herrero, barón de Grado y conocido financiero asturiano, dice que el dictador le había reconocido a su padre que esa labor de firmar sentencias de muerte era "la más penosa de cada día"). Sea o no cierto que firmar sentencias de muerte acabe por ser un acto tan banal como firmar autógrafos, o expedientes burocráticos, lo cierto es que la frase de Franco hizo fortuna, superó la época de su autor y ya en el periodo democrático se la hemos oído pronunciar a muchos líderes políticos, desde Fraga a Felipe González. E incluso es de uso habitual entre presidentes de clubes de fútbol y sociedades recreativas. En un país con tanta y tan larga tradición autoritaria que a los dirigentes no les tiemble el pulso es un rasgo de carácter muy apreciado. A Franco no le tembló el pulso durante muchos años, y cuando los efectos de la enfermedad de Parkinson fueron apreciables todos entendimos que el fin de la dictadura estaba próximo. Aunque ello no le impidió, ya con el pulso temblón, firmar cinco sentencias de muerte más, dos meses antes de su propio fallecimiento. La caza, la pesca, y la firma de sentencias de muerte fueron una constante afición de aquel hombre terrible. Con esos antecedentes, y salvadas las distancias, oírle decir a los colaboradores de Rajoy que a su jefe "no le temblará el pulso" para renovar los cargos directivos, suena un tanto raro. Cambiar a unos cargos de libre designación es mucho menos grave, moralmente hablando, que fusilarlos. El problema que tiene el PP es el de resolver quien renovará a quien. Si Rajoy a sus críticos o estos a don Mariano. La señora Aguirre acaba de manifestar que Rajoy será el primero en saber si presenta una candidatura alternativa en el próximo congreso. Es como si dijera :"Cuando decida ponerte los cuernos tu serás el primero en enterarte". Más franqueza, imposible.

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