La parte viguesa de la medalla

El entrenador olívico Rafael Vázquez forma parte del equipo técnico de Marín

20.08.2016 | 02:19
Rafael Vázquez y Carolina Marín, con la medalla de oro del Mundial 2014.

Establecerse metas es el primer paso entre lo imposible y lo posible. Lo que ocurrió ayer, hace unos años parecía inalcanzable para el bádminton español, un deporte cuya cuna española está en Vigo. Carolina Marín, definida como la "ambición personificada" por el vigués Rafael Vázquez, uno de sus entrenadores, que ha llevado durante los Juegos Olímpicos por bandera el lema "puedo, porque pienso que puedo", ratificó durante la final que la enfrentó a la india Pusarla Venkata -número diez del ranking mundial- su liderazgo y se colgó su primera medalla de oro en un deporte dominado históricamente por jugadores asiáticos.

El bádminton -deporte olímpico desde 1992- surge en España de la mano de un grupo de amigos, en el año 1971, mientras practicaban gimnasia de mantenimiento en el polidepotivo municipal de As Travesas de Vigo. Entonces, en el mes de diciembre, cuando la lluvia calaba las calles de la ciudad olívica, Luis Miró Falcón -director del gimnasio y profesor de educación física- mostró a los jóvenes allí presentes un par de raquetas "extrañas"y una pelota de plástico. Aquellos artilugios, procedentes de un viaje que el maestro realizó a Suecia, llamó la atención de los jóvenes. En aquel momento, poco se sabía del bádminton en la península. Una modalidad que desde las Rías Baixas se ha ido expandiendo poco a poco por el resto del territorio nacional.

"Si a ese hombre no se le hubiera ocurrido traer este deporte a Vigo, igual hoy no hablaríamos de bádminton en España", asegura el vigués Rafael Vázquez, entrenador del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Bádminton y ayudante de la onubense Carolina Marín. "Los primeros campeones de España fueron gallegos. La ciudad de Vigo tiene mucha importancia, fue pionera. Después, se extendió a zonas como Andalucía, de donde ha salido Carolina", continúa explicando.

Vázquez lleva trabajando con la campeona española cuatro años. Aunque fue hace dos cuando lo empezó a hacer más intensamente, coincidiendo con la preparación del mundial disputado en Dinamarca que venció la onubense. "Aparte de trabajadora y talentosa, es la ambición personificada", argumenta.

El técnico, que no acudió a la cita de Río, debido a que únicamente había hueco en la expedición para dos -Fernando Rivas y Anders Thomsen, primer y segundo entrenador-, vivió la final con un manojo de nervios en una cafetería de A Estrada acompañado de algunos pupilos.

"Ha sido un subidón. Para los que llevamos tantos años en el bádminton, y aún más para los que hemos podido estar de cerca colaborando con ella, es increíble. No se puede describir", cuenta con una alegría inmensa el preparador olívico, que ayudó al combinado nacional, compuesto por un "staff" de 6 personas, en la preparación de Marín para las Olimpiadas, principalmente a través de análisis de partidos. "La preparación tuvo un nivel de dureza espectacular. Hubo muchos cambios y novedades en los entrenamientos. Ha sido brutal. El año más duro, sin duda", explica. "Ha merecido la pena. No solo por el oro, por todo el camino que la ha llevado hasta aquí. El esfuerzo y el sacrificio del día a día", añade.

Durante una mañana agotadora de entrenamiento de 2014, cuando estaban los dos solos en la pista, Carolina le confesó: "¡Esto vale una medalla de oro!". Para Rafa Vázquez que eso sucediera era difícil soñarlo. "Es algo tan grande que no me lo podía ni imaginar. Esta medalla sabe a gloria y es un sueño", relata con orgullo. Fernando Rivas, primer entrenador de Marín y artífice del éxito cosechado hasta ahora, sí creía en la posibilidad de que esto sucediera. "Todos los días que la chica entrenaba bien me decía: ¡Gold medal, gold medal! (medalla de oro)", comenta entre risas.

Rivas presentó un proyecto en 2007, momento de mayor unión del bádminton español, a la federación de cómo tenía que ser el camino para cosechar medallas en los distintos campeonatos de Europa, del mundo y en los Juegos Olímicos. Nueve años más tarde,los resultados van llegando. "Pensábamos que estaba loco, lo veíamos muy lejos. Al final, lo ha conseguido. Es lo más grande que nos podía pasar", concluye el instructor de bádminton, feliz, porque a veces, nuestros deseos, con esfuerzo, se hacen realidad.

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