
Se trata de un concepto sobre el que gira gran parte del diferencial económico entre las economías más avanzadas y las de velocidad más lenta. Básicamente, se trata del baremo medio de eficiencia productiva de un Estado o una empresa, es decir, la capacidad de producir más -generando beneficios, por supuesto- gracias a un mejor aprovechamiento de los recursos (fuerza humana, horas trabajadas...) . Suele ser ilustrativo de este condicionante las estadísticas de horas trabajadas en países como España y Portugal y los líderes de la Eurozona, Alemania y Francia. Los trabajadores españoles pasan más horas en su puesto que los germanos, pero el grado de eficiencia de éstos es mayor.
Recientemente, este concepto ha vuelto a la actualidad por la propuesta de Angela Merkel, recogida también por la patronal española de la CEOE, de ligarlo a los salarios. Es decir, la remuneración de un empleado pasaría a depender más de factores asumibles por él y por el resto de la empresa que del auge del coste de la vida (IPC), como ha venido sucediendo hasta ahora.