
Convertidos en referencia frecuente e ineludible desde el estallido de la crisis, por mercado financiero se entiende cualquier método que permitas a distinstos agentes económicos (Estados, empresas, inversores) el intercambio de activos para poder traducirlos a recursos financieros. Los mercados se volvieron el centro de las diatribas de muchos economistas y políticos por la desregulación de los mismos, ya que, abusando de la libertad, la profundidad y la flexibilidad a la hora de establecer los precios, transformaron los activos en productos tóxicos cuyos perjuicios se han ido extendiendo a las economías nacionales.
Los Estados acuden a los mercados con la intención de captar recursos para el desarrollo de sus políticas, ya que por sí solos no pueden llevarlas a cabo. El endeudamiento permite el crecimiento y la explotación de los recursos propios, pero un endeudamiento excesivo conduce a un círculo vicioso, puesto que el Estado no puede disponer de recursos externos por falta de confianza y no puede conseguir certidumbre porque no le avalan sus resultados. Además, y esta es una de las razones que explican la crisis de deuda, si la autoridad estatal consigue financiarse en los mercados con un interés muy alto, es bastante probable que los recursos que ella genere le valgan sólo para hacer frente a los pagos de los intereses, con lo que quedaría pendiente el problema de la deuda en sí misma.
Por tipología de mercados, existen los mercados monetarios, donde se negocia con dinero o activos financieros a corto plazo, los mercados de capitales, que gestionan activos a medio y largo plazo. Entre estos últimos estarían las Bolsas. Además, existen los mercados secundarios, donde se intercambian actuivos financieros ya existentes, como los bonos de deuda. Estos mercados marcan precisamente el diferencial de la deuda española con respecto a la alemana, lo que se conoce también como prima de riesgo.