
El Impuesto de Patrimonio, o el impuesto de los ricos, se trata de un tributo de carácter anual que grava el patrimonio neto de las personas.
Según
la Agencia Tributaria, “se entiende por patrimonio neto el conjunto de
bienes y derechos de contenido económico del que sea titular un sujeto
pasivo del impuesto minorado en las cargas y gravámenes que disminuyan
su valor y de las deudas y obligaciones personales de las que deba
responder”.
El impuesto se recupera para los ejercicios 2011 y 2012. Cada autonomía
establece cuál es el patrimonio mínimo exento a partir del cual se
tiene obligación de tributar. Si en una comunidad no se ha establecido
un mínimo exento el importe será de 700.000 euros.
Los
contribuyentes que tengan un patrimonio valorado en más de 2.000.000 de
euros presentarán la Declaración de Patrimonio, aunque el resultado no
sea a pagar.
Los analistas se encuentran divididos. Mientras unos consideran que
fomenta la igualdad del sistema económico, otros creen que lo único que
favorece es la salida de capitales del país. En Europa, Francia
también posee un tributo similar, el Impuesto de Solidaridad sobre las
Fortunas, pero que afecta a personas cuyo patrimonio supere los 790.000
euros.
Noruega, Liechtenstein y Suiza también incluyen este
impuesto. No obstante, otros países lo han suprimido en los últimos
años, como es el caso de Grecia, Dinamarca, Alemania, Austria o Italia.