
Se trata de una de las cualidades que mejor definen el avance
de una economía. Consiste en la capacidad de situar una determinada
producción en los más altos estándares de la relación calidad-precio,
lo que la hará más o menos apreciada por los mercados. Se toman en
cuenta factores de marcado perfil técnico, como las infraestructuras,
las inversiones en I+D, los recursos humanos y los costes laborales,
pero también otros que han tomado fuerza y que cada vez en mayor medida
determinan la competitividad, como la conciliación de la vida familiar
y laboral, el ambiente de los negocios, salud de los trabajadores y
educación primaria.