20 años sin
Miguel Ángel Blanco

 

48 horas que conmovieron a España

Constan Doval

Fueron 48 horas angustiosas que terminaron con un asesinato cobarde y deleznable. El 10 de julio de 1997 la banda terrorista secuestraba a un concejal de la localidad vizcaína de Ermua que llevaba tan solo dos años afiliado al Partido Popular. Miguel Ángel Blanco tenía solo 29 años cuando los terroristas lo abordaron en una calle de su localidad natal y lo introdujeron en el maletero de un vehículo. Solo lo sacaron de allí para descerrajarle dos tiros.

Esta es la cronología de esas 48 horas que dieron lugar a una movilización ciudadana sin precedentes en España

 

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Aquellos días de julio

Mari Mar Blanco"Con la muerte de mi hermano la sociedad vasca dejó de justificar el asesinato de seres humanos"

Carlos Totorika"No fue un secuestro sino el anuncio de un asesinato con antelación"

El asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de la banda terrorista ETA compone uno de los episodios más angustiosos de la historia reciente de España. No obstante, significó también un “punto de inflexión” frente al “terror”, como recuerdan también distintas voces asociadas a la tragedia de aquellos días de julio de 1997.

La hermana del concejal, Marimar Blanco, asegura que en esos recuerdos tiene grabada aquella "marea humana" que invadía las calles, la imagen del País Vasco gritando "libertad" y lo que finalmente simbolizó: "Con la muerte de mi hermano la sociedad vasca dejó de justificar el asesinato de seres humanos".

Marimar Blanco, que entonces tenía 22 años, regresó de forma apresurada del Reino Unido, a donde se había trasladado para perfeccionar su inglés, para estar con sus padres. Su primera reacción tras conocer el secuestro de su hermano fue de incredulidad. “No me lo podría creer”, indica. Mantuvo la esperanza, aunque entendió que aquel secuestro “no era un chantaje como tal, era una pena de muerte anunciada”.

Una impresión similar a la que extrajo el alcalde en aquellos días de Ermua, el socialista Carlos Totorika, que permanece en el cargo. “Yo sabía cómo se las gastaba ETA. Aquello era un asesinato anunciado con antelación”, dice Totorika, que arropó a la familia y lideró las multitudinarias movilizaciones en esta pequeña localidad vizcaína.

“Sentíamos que debíamos manifestarnos por Miguel Ángel y también por nuestra propia dignidad, porque el mecanismo del terror consiste en eso: cuando se amenaza o asesina a una persona, eso se traslada a toda la sociedad. En esos días se generó una esperanza de que podíamos pelear con ETA y derrotar a los terroristas. En Ermua se rompió la lógica del miedo”, añade el primer edil del municipio.

De aquellos días de protesta contra ETA y de infinitas peticiones –en vano– a la banda terrorista para que no matase a Blanco, su hermana se queda con el recuerdo del “cariño” y “solidaridad” de los millones de españoles que salieron a las calles y “como la gente se quitó el velo del miedo”.

“El pueblo de Ermua salió a la calle y los ciudadanos reclamaron unidad a la clase política. Aquella fue una rebelión ciudadana con el objetivo de decir ‘basta ya’ a ETA”, recuerda también Fernando Lecumberri, entonces afiliado al PP vasco y hoy concejal por esta formación en Ermua.

Seis años después del anuncio del cese de la violencia por parte de ETA, pero con la banda terrorista aún no disuelta, la tarea pendiente es la de registrar el relato sobre décadas de violencia.

“Hay que contar lo que sucedió. La persecución no fue porque sí, sino para imponer el miedo y el terror. ETA, Batasuna, Sortu y sus diferente formatos tienen la obligación de pedir perdón. Las personas que han perdido a un ser querido lo merecen. Además, cuando se homenajea a los presos de ETA, se rinde homenaje a un relato que los considera héroes y eso solo contribuye a sembrar más odio”, concluye Carlos Totorika.

"No tengo nada que preguntarles, porque además sé que no voy a tener la respuesta que me tranquilice (...)”, dice Marimar Blanco sobre los terroristas que mataron a su hermano. “No les diría nada porque no se merecen ninguna palabra por parte de la víctima. Lo mejor es la ignorancia. Y eso sí, espero y deseo que cumplan hasta el último día de sus penas; eso es lo único que me tranquilizaría: el cumplimiento íntegro de la condena".

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Espíritu de Ermua: España se echó a la calle

Miriam Cos

El secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso un punto de inflexión en la visión que la sociedad tenía de la banda terrorista y la sociedad vasca

Cuarenta y ocho horas. Dos días para intentar convencer a una banda terrorista, a ETA. El 10 de julio de 1997 toda la sociedad española se unió en pos de una causa común, intentar salvar a Miguel Ángel Blanco. Fue ahí, en el momento en que sus futuros asesinos daban un ultimátum al presidente del Gobierno del momento, José María Aznar, cuando cada casa, cada centro de trabajo, cada bar y cada familia del país se lanzaron a las calles movidos por la rabia y siempre, por la esperanza.

Ahí nació lo que, después de la muerte del joven de 29 años a manos de los etarras, se denominó ‘Espíritu de Ermua’. El movimiento cívico espontáneo surgido por el secuestro y posterior asesinato fue algo que hasta ese instante no se había producido con otros atentados y matanzas. Cuando Miguel Ángel Blanco fue secuestrado la gente se lanzó a la calle, muchos simpatizantes de la banda terrorista en Euskadi vieron las cosas desde otro prisma. Los acontecimientos supusieron un punto de inflexión en la percepción que la sociedad española tenía del grupo terrorista, ya que si bien no encontraba mayor apoyo en la sociedad, ésta no mostraba un rechazo tajante, como sucedió a partir de entonces.

El ‘Espíritu de Ermua’ se forjó en las calles de todo el país con las palmas al aire pintadas de blanco; se materializó en manifestaciones espontáneas como expresión de la solidaridad con el secuestrado en un principio y, por extensión, con todas las víctimas del terrorismo de ETA más tarde.

El municipio de Ermua, donde residía Blanco, se sumió en la conmoción durante el secuestro. Los vecinos estaban indignados y llenos de dolor, lo que provocó que la localidad se convirtiera en una suerte de ‘manifestadromo’. Los abertzales que no se sumaron a la causa desaparecieron durante esos dos días. Más de medio millón de personas en Bilbao se unieron para pedir la liberación del concejal del PP horas antes de que fuera asesinado.

Todas las ciudades españolas se volcaron de lleno con la causa. Millones de personas salieron a la calle bajo el lema oficial del movimiento ‘Por la Paz, la Unidad y la Libertad’. Aunque también allí decidieron lanzar otro tipo de mensajes como 'Vascos sí, ETA no'.

Después del asesinato, un millón y medio de manifestantes tomaron Madrid y un millón Barcelona. Se puede decir que, estas dos, fueron las concentraciones más multitudinarias de la historia de España, mucho más que después del Golpe de Estado del 23-F.

El alcalde de Ermua en aquel momento, y también en la actualidad, Carlos Totorika, fue el máximo impulsor de las movilizaciones por el secuestro y asesinato del joven, encabezando cada una de las que se realizaron en la localidad. Fue uno de los fundadores de la asociación cívica ‘Foro de Ermua’, cuyos objetivos son el apoyo a las víctimas del terrorismo y el rechazo al terrorismo en el País Vasco y la defensa de la libertad constitucional. Se creó el 13 de febrero de 1998, meses después de la muerte de Blanco.

Tras el asesinato del joven concejal, el príncipe Felipe lanzó un mensaje en el que apeaba a la unión de España contra la barbarie. “Los españoles y en particular el pueblo vasco han hablado con una sola voz y han dicho basta ya”. También, durante aquellos días, la canción 'Libertad sin ira', creada por el grupo Jarcha un año antes del suceso, se convirtió en la sintonía oficial de movimiento.

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El juicio a los culpables

Miriam Cos

Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', y su compañera Irantzu Gallastegui, ‘Amaia’, fueron juzgados y condenados en 2006 por el asesinato de Miguel Ángel Blanco

Mari Mar Blanco y su familia fueron expulsados del juicio por gritar a los terroristas. "¡Os vais a pudrir en la cárcel!", dijo.

Cincuenta años por dos tiros en la nunca. Tuvieron que pasar nueve años para que las autoridades diesen con los miembros del Comando Donosti que acabaron con la vida de Miguel Ángel Blanco. Aunque solo dos de ellos. Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', dirigente de la banda, cayó durante una investigación policial por el robo de una troqueladora en Irún, en noviembre de 1999. Los detenidos facilitaron el nombre del colaborador de ETA, Ibon Muñoa, que en los años anteriores había proporcionado apoyo logístico al Comando Donosti y que después también sería juzgado por colaborar en el secuestro y asesinato del concejal del PP. En febrero de 2001, ‘Txapote’ es detenido en la localidad francesa de Anglet.

La actitud de Txapote en todo momento fue desafiante.

Irantzu Gallastegui, por su parte, llega a España en julio de 2005, la entregan de forma definitiva las autoridades francesas en virtud de una orden internacional de detención emitida por la Audiencia Nacional por terrorismo. Seis años antes, en 1999, el otro terrorista implicado, José Luis Geresta Mujika 'Oker', que obligó a Blanco a arrodillarse mientras le disparaban, fue hallado muerto con un orificio de bala en la sien derecha en un descampado cerca del barrio de Zamalbide, en Rentería (Guipúzcoa). En aquel momento, miembros de la banda, aseguran que fue un asesinato y no un suicidio.

Los días 19 y 20 de junio de 2006, la pareja de etarras se enfrentaba al fiscal de la Audiencia Nacional, Miguel Ángel Carballo Cuervo, que durante dos días interrogó a los acusados y familiares de la víctima. Dicen que, a sus 42 años, Carballo nunca habría imaginado llevar ese caso. Durante las primeras declaraciones del 19 de junio, ‘Txapote’ y ‘Amaia’ se negaron a decir nada mientras permanecían tras una pantalla que les separaba del público y familiares de Blanco, y donde se dedicaron a hablar entre ellos en tono bajo durante todo el proceso. Como si lo que pasaba allí les fuese completamente ajeno.

Los etarras hicieron caso omiso del juicio.

"¿Dispararon en la nuca a Miguel Ángel Blanco Garrido?, ¿Eran conscientes de su sufrimiento?, ¿Es cierto que tras el primer disparo efectuaron un segundo disparo para confirmar su muerte?", fueron algunas de las cuestiones que hizo el fiscal y que no obtuvieron respuesta. Después compareció Consuelo Garrido, no así el padre del concejal del PP asesinado, al que Carballo decidió evitar el sufrimiento.

La madre de Blanco también declaró.

Dos días de declaraciones en los que también se sentó en el banquillo Ibon Muñoa, exconcejal de Herri Batasuna en Ermua. Se le acusaba de complicidad por colaborar en el secuestro y asesinato del concejal, dar refugio durante esos días a los etarras y facilitar información sobre Blanco a los secuestradores. En primeras declaraciones cuando fue detenido, Muñoa señaló a ‘Txapote’ y ‘Amaia’ y contó lo sucedido, pero en el juicio aseguró que no recordaba nada y que lo había dicho todo bajo tortura.

Muñoa durante el juicio.

Finalmente, el 30 de junio el fiscal dio el veredicto. Cincuenta años de cárcel para la pareja de terroristas y treinta y tres para el exconcejal, ya condenado a ocho años por pertenencia a banda arma. Actualmente, ‘Txapote’ permanece en la prisión de Huelva con más de 400 años de condena de donde salió en mayo, por un día, para visitar en Basauri a su padre enfermo. ‘Amaia’, con la que ha tenido dos hijos dentro de la cárcel, permanece desde 2010 en la prisión de Acebuche, en Almería, después de haber sido reagrupada con ‘Txapote’ en A Coruña para cuidar de los niños durante tres años. Ibon Muñoa permanece en la cárcel de Córdoba.

Decenas de personas se manifestaron a las puertas de los juzgados.

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¿Fue el inicio del fin de ETA?

El asesinato de Miguel Ángel Blanco supuso un antes y un después en la historia de ETA. Algunos dicen que fue el principio del fin de un conflicto que ya no tenía ningún sentido. A partir de la muerte del joven concejal, la población se sumió en una gran rabia pidiendo a los gobiernos que acabasen con los etarras de forma tajante. Aunque 20 años después de su muerte, sin acciones por parte de ETA, aun se espera la llegada del día en que todo se ponga encima de la mesa.

En 2011 fue cuando ETA dio pasos definitivos hacia su desarme. Periódicos y medios de todo el mundo se hacían eco de la noticia. “ETA anuncia el fin de su actividad armada”. Fue ahí cuando la carrera hacia la paz se consolidó. Ahora, la banda terrorista se encuentra en un estado comatoso, con una pírrica estructura y pocos miembros inexpertos.

Pese a todo, la presión policial sobre la banda no ha amainado. Desde el anuncio de 2011, se han detenido a más de 140 personas relacionadas con las actividades de ETA y se han encontrado numerosos zulos donde escondían sus arsenales de armas. Además, las fuerzas de seguridad del Estado han conseguido arrinconar a los etarras y han ido arrestando a sus todos sus principales dirigentes. Actualmente, se cree que los últimos miembros de la organización se ocultan en Francia.

Primera entrega de armas.

El pasado mes de abril, los terroristas entregaban 120 armas, tres toneladas de explosivos y miles de detonadores. El verificador, Ram Manikkalingam entregó a las autoridades francesas una lista de ocho zulos repartidos por el suroeste de Francia que posteriormente fueron registrados.

Policía francesa busca armas.

España no olvida

Dos décadas de lucha contra el terrorismo que han dado para mucho. Miguel Ángel Blanco se ha convertido en un símbolo de libertad, de conciencia social contra el terrorismo y de la inocencia de todas las víctimas que tuvieron que sufrir la barbarie de ETA. Una banda terrorista que a día de hoy está prácticamente extinta, con la mayoría de sus miembros encarcelados y todavía entregando las armas.

Después del asesinato del concejal del PP en Ermua, España se levantó pidiendo que se tomaran medidas contra el terrorismo, que todo aquello terminara y exigiendo a los gobiernos atajar el problema con firmeza. Algo que parece ha dado sus frutos y que ha provocado que aquel chaval de 29 años se convierta en toda una institución. Calles, avenidas, plazas, monumentos… el país se ha llenado de su nombre en todas partes.

Todavía ahora siguen alabando a Blanco, que fue nombrado el pasado abril presidente de honor a título póstumo de Nuevas Juventudes del PP, que subrayaron que esla figura política que "mejor" les representa por "su defensa de los valores de libertad, igualdad, justicia y democracia", así como "su creencia en una España unida, democrática y constitucional".

No son los únicos que han querido rendirle homenaje en este año. Antequera ha levantado un monolito en su nombre hace el pasado enero, el último en sumarse al denominado ‘Mapa de la Memoria’ elaborado por la Fundación Miguel Ángel Banco. Hasta siete municipios de Cádiz han denominado calles o parques con el nombre del concejal y la oleada de recuerdo que se expande desde su muerte continúa. Más de 60 lugares de España cuentan con espacios en su honor.

Ermua, por su parte, ha convocado a sus vecinos a un acto en el Monolito de Agustín Ibarrola, ‘Homenaje a las víctimas’ del Parque de San Pelayo, en el que intervendrán el alcalde de Ermua, Carlos Totorika y el periodista José María Calleja. Además, una exposición de un vecno mostrará las imágenes posteriores al asesinato.

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