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Las revueltas en Kenia tras las elecciones presidenciales no dejan de cobrarse víctimas, y el número de muertes podría superar ya las 300, según las estimaciones de las organizaciones de Derechos Humanos, que casi duplican los datos oficiales. Sin embargo, y mientras la limpieza de los comicios sigue en el aire, Gobierno y oposición se acusan mutuamente de planear y llevar a cabo campañas de represión étnica. Así, el Ejecutivo acusa a la oposición de actos de "genocidio" y, desde el otro lado, se considera que ha existido una "violenta represión".
El pasado jueves, los kenianos estaban llamados a las urnas para elegir presidente. Sin embargo, y después de acusaciones de 'suciedad' en la elección de Mwai Kibaki, los episodios violentos se suceden y, según un comunicado difundido hoy por dos asociaciones de DDHH, los asesinatos superan ya los 300. Al menos así lo aseguraron la Comisión de Derechos Humanos de Kenia y la Federación Internacional por los Derechos Humanos, basándose "en diferentes fuentes independientes". Entretanto, y según informaciones del diario 'The Standard', el presidente de la Comisión Electoral, Samuel Kivuitu, ni siquiera se atreve a confirmar si Kibaki ganó el 27 de diciembre.
Para tratar de calmar esta creciente tensión, el autoproclamado presidente keniano invitó hoy a todos los miembros del Parlamento, mayoritariamente opositor, a buscar soluciones en una reunión conjunta. Y es que desde ambas partes se entrecruzan acusaciones. En este sentido, el Gobierno denunció que los asesinatos en el valle del Rift de miembros de la tribu Kikuyu, a la que pertenece Kibaki, son actos "de genocidio y de limpieza étnica" y que, además, "fueron debidamente planificados, financiados y ensayados" por los dirigentes del Movimiento Democrático Naranja antes de las elecciones.
Sin embargo, los partidarios del dirigente opositor Raila Odinga, pertenecientes en su mayoría a la tribu Luo, han presentado cargos similares, teniendo como aval las críticas de las ONGs, que hablan de "sangrienta represión". A primera hora de hoy, cientos de jóvenes tomaron las calles con machetes en respuesta al asesinato de una treintena de kikuyus quemados vivos el martes en una iglesia en la localidad de Eldoret, al este del país. La magnitud de este suceso desbordó a la Cruz Roja, uno de cuyos portavoces elevó el número de fallecimientos hasta el medio centenar.
Preocupación en África
Los incidentes en Kenia no permanecen ajenos para el continente más pobre del planeta, por lo que el presidente de la Unión Africana, John Kufuor, viajó hoy hasta Nairobi para iniciar lo que el primer ministro británico, Gordon Brown, tildó de proceso de diálogo. En un comunicado conjunto, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice y el ministro de Exteriores de Reino Unido, David Miliband, saludaron esta visita de emergencia, al enmarcarla en un intento por favorecer un "espíritu de compromiso que anteponga los intereses democráticos de Kenia".
Naciones Unidas cifra ya en alrededor de 70.000 el número de desplazados por los recientes conflictos. Preguntado acerca de por qué no huía con su familia, el ciudadano Livingstone Wesonga lamentó que ningún lugar garantizaba ya la seguridad. "¿Dónde puedo llevarlos? No hay lugar seguro por este asunto esta creciendo", criticó. El doctor John Okello, trabajador en Nairobi, subrayó hoy la cada vez mayor carencia de material básico para atender a los heridos en los enfrentamientos.