Estrasburgo despide a Kohl con el primer "funeral de Estado" de la Unión Europea

Felipe González alaba en la ceremonia la voluntad del excanciller de buscar una "Alemania europea para que nunca más hubiera una Europa alemana"

02.07.2017 | 03:07
Ceremonia de despedida a Helmut Kohl en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo, con mandatarios en activo y expresidentes en primera fila, entre ellos, a la derecha, Felipe González. // Efe

Europa despidió ayer al excanciller alemán Helmut Kohl con honores de político colosal, impulsor de la unificación alemana y comunitaria. Fue toda una ronda de homenajes salpicada por los disensos que marcaron su vida privada y que también se hicieron visibles en los momentos más solemnes.

En el Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia), Kohl, fallecido el pasado día 16, recibió el adiós de líderes en ejercicio, como el francés Emmanuel Macron y la alemana Angela Merkel, o algunos de los que fueron sus aliados durante sus 16 años en el poder, entre ellos el expresidente Felipe González y el estadounidense Bill Clinton. Durante su intervención en el que se considera el primer "funeral de Estado" de la Unión Europea, un tributo a su medida, expresión de su voluntad europeísta, González resaltó el "gran paso" del excanciller alemán hacia la construcción de la UE. Atribuyó a Kohl la habilidad de "cabalgar el caballo que derribó el muro en Alemania para reconducirlo hacia la unidad alemana" y la visión necesaria para definir unas bases comunitarias rigiéndose por la máxima de buscar "una Alemania europea para que nunca más hubiera una Europa alemana".

"Todos tuvimos nuestras fricciones con Kohl", expuso Merkel en el centro del salón de plenos del Parlamento, "pero sin él mi vida habría sido diferente". "Muchas de las cosas que ahora tenemos, como el euro, no habrían existido sin él. Le debemos mucho de lo que hoy damos por sentado y nos corresponde ahora preservar su legado", añadió.

Al adiós comunitario asistieron también el Rey emérito, Juan Carlos I, doña Sofía y el expresidente Aznar. Tras la ceremonia en Estrasburgo, el féretro regresó a casa, a Ludwigshafen, su ciudad natal, para la despedida entre los suyos. Tras recorrer en un auto fúnebre las calles de su ciudad, el féretro fue transportado en barco por aguas del Rin hasta Espira para proceder a un réquiem en su catedral. Al acto asistió la plana mayor de política alemana, encabezada por Merkel y el presidente, Frank-Walter Steinmeier, además de unos mil invitados, entre ellos antiguos miembros de los Gobiernos que lideró Kohl entre 1982 y 1998, el propio Clinton y otras presencias destacadas del funeral en Estrasburgo.

Ludwingshafen fue el lugar donde Kohl, quien en 1996 recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación, tuvo su domicilio familiar, mientras que Espira se convirtió en su refugio espiritual en sus tiempos de estudiante, en la vecina Heidelberg, y el lugar al que solía llevar a sus visitas de Estado más destacadas.

En Ludwigshafen vivió junto a su primera esposa, Hannelore, como recordó Merkel en la ceremonia de Estrasburgo, con el añadido que allí también le acompañó "con amor" hasta el final su viuda, Maike Kohl-Richter. La canciller evocó así a quien durante 41 años estuvo casada con Kohl, que en 2001 se suicidó, sola en su casa, aquejada de una alergia a la luz solar.

La frase de Merkel contenía también un mensaje conciliador hacia la viuda, la mujer 34 años más joven con la que Kohl se casó en 2008 y quien tomó las riendas del matrimonio en los últimos años, marcados por las limitaciones físicas del patriarca.

Los preparativos para el funeral de Estrasburgo quedaron empañados por las tensiones en torno a los oradores, de los que Kohl-Richter quiso excluir a Merkel para incluir al primer ministro húngaro Víktor Orban, toda una afrenta a la canciller. Tras la intervención de asesores de ambas partes quedó fuera Orbán, mientras que a Angela Merkel se le reservó la única intervención en el funeral europeo de un político alemán.

Las tensiones con la canciller se subsanaron, pero no la ruptura familiar. Los dos hijos del político, Walter y Peter, de 53 y 51 años, no acudieron a dar el último adiós a su padre, con quien no tenían contacto desde 2011 y de cuya muerte se enteraron por la radio. Tampoco estuvieron ayer en el funeral, donde el obispo de Espira, Karl-Heinz Wiesemann, les dedicó un mensaje de condolencia. Ambos culpan públicamente desde hace años de la ruptura a la segunda esposa, a quien acusan de pretender controlar el legado político y humano de su padre.

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