Elecciones en EEUU

El despacho oval, pendiente de unos 'e-mails'

Si algo se toman en serio los americanos son las cuestiones relativas a la honestidad y la integridad

31.10.2016 | 21:26

El Comité electoral del Partido Demócrata celebró la noche de Halloween asustando a sus seguidores con un relato ficticio datado en octubre de 2017, con Trump como inquilino de la Casa Blanca. El e-mail de ciencia ficción, pensado para contrarrestar esos otros mensajes de Hillary que el FBI analiza con lupa, pinta una América con la Corte Suprema dominada por antiabortistas opuestos al control de la natalidad y un Senado de mayoría conservadora afanado en echar abajo la reforma sanitaria de Obama, inspirada por la señora Clinton. En definitiva, un país "antiguo" y "retrógrado". Es una hipótesis, pero esa idea de sociedad tiene un innegable tirón al otro lado del Atlántico. Trump estaba ayer a apenas dos puntos de la candidata progresista, a la que puede salvar el voto anticipado, ya cerrado en varios estados, en el que va por delante en plazas poco previsibles como Arizona.

Si algo se toman en serio los americanos son las cuestiones relativas a la honestidad y la integridad. El "mailgate" como ya se denomina al caso de los correos de la exsecretaria de Estado, en España habría tenido un corto recorrido; allí es un asunto de máxima gravedad. Los mensajes de Hillary Clinton lanzados desde el servidor privado instalado en su casoplón de Nueva York, podrían comprometer a la seguridad nacional o lo que es peor aún, revelar contenidos poco ejemplares sobre lo que pasó en el consulado americano de Bengasi, donde el 11 de septiembre de 2012 murieron cuatro personas, entre ellas el embajador Cristopher Stevens.

La sombra del trágico suceso acompañada por la creencia de que la candidata desoyó la petición de ayuda en los días previos al ataque, le resta credibilidad y simpatía. Bengasi es una de esas cosas que los americanos no perdonan a Hillary, de ahí el apelativo de "Killary", que muchos le dedican. Uno de ellos es Trump, aunque al republicano, al menos sobre el papel (encuadrar a Donald en una ideología es complicado), le gusta más llamarla "desagradable" o simplemente, "deshonesta".

Los escándalos sexuales del empresario, con acosos y violaciones incluidas, han tenido menos efecto que las aventuras del servidor de correo de su rival demócrata. En la historia tampoco falta morbo. Lo ponen el triángulo formado por Huma Abedin, mano derecha de Hillary; su exmarido y excongresista demócrata Anthony Weiner y la propia señora Clinton. Los investigadores aseguran en privado que los mensajes estaban en varios dispositivos que Abedin compartía con Weiner, investigado por intercambiar fotos y mensajes eróticos con una chica de 15 años. La campaña de Hillary carga contra el FBI, esta vez no pueden culpar a Donald Trump.

¿Quién es la magnética Huma Abedin?

Huma Abedin, musulmana, subdirectora de la campaña "Hillary for América" está considerada la persona más cercana a la candidata demócrata. Abedin comenzó a trabajar para Clinton como becaria de la Casa Blanca en 1996. Llegó a llevar la agenda de la ex primera dama y la asesoró en la campaña por la nominación presidencial demócrata en 2008, que ganó Obama. En 2010 se casó con el excongresista Weiner, un matrimonio calificado de "tapadera" en algunos sectores empeñados en especular sobre la naturaleza de la estrecha relación que existe entre la asesora, de origen indio y pakistaní, y su mentora de Arkansas. Huma no es de las que pasan desapercibidas. El "Vogue" americano ya publicó un perfil suyo en 2007. "Huma Abedin tiene la energía de una mujer de 20 años, la confianza de una mujer de 30 años, la experiencia de una de 40 y la gracia de una de 50", decía entonces Clinton. Su padre, profesor universitario y erudito islámico, era de la India, y su madre, socióloga, de Pakistán. Aunque nació en Michigan, se crió en Arabia Saudita. De adolescente quería ser una periodista internacional, como Christiane Amanpour. El programa de becarios de la Casa Blanca cambió su vida al asignarla a la oficina de la primera dama y no a la de prensa, como había solicitado

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