05 de julio de 2016
05.07.2016
Curiosidades

¿Sabías que la Torre Eiffel se vendió hasta en dos ocasiones?

Victor Lustig fue el estafador que logró poner en venta uno de los monumentos más conocidos de todo el mundo

05.07.2016 | 20:58
Un estafador vendió la Torre Eiffel.

Victor Lustig, nacido en el año 1890 en lo que hoy es la República Checa, fue un popular estafador de la época. Su don de palabra y sus dotes sociales le permitieron llevar a cabo engaños insólitos que hasta el momento podrían parecer una locura imposible de cometer con éxito.

Sus primeras estafas empezaron a bordo de los transatlánticos que cubrían la ruta Nueva York-París, siendo uno de sus engaños más populares el de la caja copiadora de dinero. Lustig convencía a sus víctimas de que era capaz de 'fabricar' billetes -que no fueran falsos-. Para ello, introducía tres billetes de 100 dólares en una máquina y simulaba que precisaba de un mínimo de seis horas para llevar a cabo su proeza. El primer billete sorprendía a sus víctimas quienes, deseosas de conseguir grandes beneficios, llegaban a pagar hasta 30.000 dólares por la caja.

El estafador se iba con su dinero mientras los compradores veían como en las doce primeras horas aparecían los billetes -lo que hacía ganar tiempo a Lustig para huir ya que sus víctimas seguían creyendo que la máquina funcionaba- pero a partir de ahí, la caja sólo expulsaba papel. Timo conseguido.

Cómo se vendió la Torre Eiffel

Pero sin duda, el timo que haría conocido a este estafador sería la venta del popular monumento francés. Ocurrió en el año 1925, cuando la Torre Eiffel atravesaba un momento crítico. Cabe recordar que había sido construida para la Exposición de París de 1889, y no estaba destinada a ser permanente. Además de que no gustaba mucho a los parisinos.

¿Qué hizo Lustig? Reunió a un grupo de empresarios y se hizo pasar por un agente del Gobierno. Les contó un 'secreto'. La Torre resultaba muy costosa por su mantenimiento y se había decidido venderla como chatarra. Uno de los asistentes picó el anzuelo y pagó al estafador una cuantiosa cifra de dinero, quien le entregó a cambio unos papeles falsificados que le hacían dueño del monumento.

Para cuando el empresario se había dado cuenta, Lustig ya había huido a Viena. No hubo queja ante la Policía, el empresario no quería que se supiera que había caído en tan burdo engaño. Un mes después, sabiendo que no tenía antecedentes en Francia, el estafador volvió a 'atacar' con la misma mentira, pero esta vez la víctima sí acudió a la Policía antes de cerrar el trato. Lustig huyó y logró no ser cogido por las autoridades.

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