Atentados en Bruselas | Los gallegos sortean la tragedia

Residentes en la capital belga y visitantes relatan su experiencia tras los ataques yihadistas

23.03.2016 | 10:16

Algunos, por horas. Otros, por escasos minutos. Los gallegos que estaban en la capital belga lograron esquivar la tragedia, según las noticias de las que se disponen hasta el momento. Residentes, turistas, viajeros de negocios e invitados al Parlamento Europeo cuentan su experiencia. La mayor parte de ellos vivieron los acontecimientos en uno de sus escenarios: el barrio europeo.

Diego Lago (Redondela)
"El ejército está en posición, hay calles cortadas y sirenas constantes"

Realiza una estancia en el departamento de comunicación del Parlamento Europeo.



Es el caso del redondelano Diego Lago, que vive desde hace solo unas semanas en Bruselas y trabaja en el departamento de comunicación del Parlamento Europeo. Aunque se sorprendió al enterarse del atentado en el aeropuerto mientras desayunaba en casa, acudió a su puesto porque "no creía que fuese grave por la seguridad que hay en toda la ciudad desde los atentados de París". Al llegar, se encontró con que "había habido una explosión a solo dos calles". Reconce que se puso "un poco nervioso" y se quedó un tiempo "en shock". Su novia, una enfermera de Negreira que trabaja en el hospital Saint Pierre de la capital Belga, tenía el día libre, pero pocas horas después la llamaban para que fuera "corriendo" al hospital a echar una mano preparando camas y vías arteriales para atender a los numerosos heridos.

Diego estuvo durante horas en el interior del edificio porque había recomendación específica de no salir a la calle, hasta que a la una de la tarde les permitieron salir. "El ejército está en posición, hay calles cortadas y sirenas constantes", explica el joven de Redondela, que añade "está todo cerrado a cal y canto, supermercados y todo, no hay transporte y los helicópteros sobrevuelan la zona", matiza.

En el Parlamento había ayer más gallegos. Entre otros, también se encontraban también miembros de la Plataforma pola Defensa de la Sanidad Pública; o el vigués Daniel Rodríguez, que trabaja en la Asociación de Antiguos Eurodiputados.

Contactar con sus familias y amigos, para tranquilizarlos no resultó fácil, en un primer momento. "Hay problemas con las líneas telefónicas, tardé bastante en contactar con mis padres", afirma Diego Lago, que se ayudó de las redes sociales para lanzar un primer mensaje a sus amigos y conocidos: "Estoy bien, esto es una locura".

Manuel González Moreira y Manuel Martín | Plataforma pola Defensa da Sanidade Pública
"La bomba estalló 3 minutos después de que saliéramos del metro, llegamos sobrecogidos al Parlamento"


Desembarcaron en el aeropuerto de Zaventem unas 6 horas antes de las explosiones y salieron del metro, junto a la estación atacada, solo tres minutos antes. Los trece miembros de la Plataforma pola Defensa da Sanidade Pública que, invitados por Podemos, se desplazaron hasta Bruselas para hacer un seguimiento de su denuncia contra la concesión del Álvaro Cunqueiro, llegaron al Parlamento Europeo "desencajados".

Un viaje "gafado" que comenzó con un retraso de diez horas por la huelga de controladores en Francia. Llegaron de madrugada al hotel y, por la mañana, se enteraron del atentado en el aeropuerto de camino al Parlamento por la llamada de un familiar. "Se nos pusieron los pelos de punta" señalan y añade: "Íbamos en el metro y comentábamos si debíamos salir". Pero no lo hicieron. Salieron por la estación de Schuman y pasaron junto a la de Maelbeerk, que sufrió el ataque. "La bomba estalló tres minutos después", señalan. Iban en dos grupos. Los tres rezagados oyeron la explosión. Los otros, vieron salir el humo. "Vimos gente corriendo y otros en las ventanas preguntando qué pasaba. Nosotros nos lo imaginamos", recuerdan. Apuraron el paso a la puerta del Parlamento y llegaron "desencajados". Fueron de los últimos en entrar, antes de que cerraran las puertas a cal y canto. No sin ciertos problemas porque una compañera no tenía la cartera y por tanto, el DNI para acceder. En el interior percibieron un "ambiente raro" con "muchos corrillos". "A pesar de la congoja", celebraron la reunión.

La expedición tenía el vuelo de regreso ayer, a las 18 horas, pero han tenido que ampliar su estancia. No saben cuándo podrán regresar. "Hemos intentado buscar vías alternativas, pero nos han disuadido".

Diana Mandiá (Valadouro)
"Es algo que nos podíamos imaginar, pero hasta que no pasa no te lo crees"

Periodista en la Fundación Galicia Europa

 


A unos 500 metros de la estación de metro atacada, en la Rue de la Loi, está la Fundación Galicia Europa, un organismo de la Xunta que trata de propiciar el acercamiento entre la comunidad y la Unión Europea. En ella trabajan unos diez gallegos, que también sortearon la tragedia. Algunos de ellos, vivieron ayer los acontecimientos desde la oficina pero, a pesar de la cercanía, se enteraron por internet. Así lo cuenta Diana Mandiá, una periodista de Valadouro -en la Mariña lucense- que disfruta allí de una beca de dos meses. Entre la gente de la fundación han comprobado que no hay ningún afectado directo. Tampoco entre los organismos similares de otras comunidades autónomas, con los que comparten espacio

"Me enteré de lo del aeropuerto al llegar al trabajo, a las 8.30, y de lo de Maelbeek por las webs. A pesar de la cercanía, no sentimos la explosión". Por las ventanas podían ver a la gente pasar, pero si bajaban a la calle les recomendaban subir. "No sé cuándo vamos a poder salir", contaba por la mañana.

Diana tenía previsto salir el jueves de viaje por Bélgica. "Espero poder hacerlo, aunque voy concienciada de que la seguridad será más importante", señala.

Los trabajadores de la fundación ya se han habituado a las fuertes medidas de seguridad que se han implantado tras los ataques de París. "En Bruselas es muy evidente, ves a los militares armados en sitios con mucha gente", explica y añade: "Estamos acostumbrados a verlos y lo entiendes, sabes por qué están". Sin embargo, "nunca" les afectó "más allá de que hay muchos controles".

Aunque la periodista lucense reconoce que la posibilidad de vivir un atentado en Bruselas es "algo que nos podíamos imaginar", resalta que "hasta que no pasa" uno no se lo cree.

Mónica y Noelia (Vigo) | Profesoras
"No hay forma de salir, ni siquiera en tren, pero el Consulado ayuda mucho"


Dos profesoras viguesas que habían pasado unos días de vacaciones en Bruselas, Brujas, Gante y Amberes tenían que coger ayer a las 13.20 horas un avión que les llevara de vuelta a Oporto que, por supuesto, no salió. "Nada más enterarnos de la noticia por la mañana nos dirigimos directamente al Consulado de España y la verdad es que han sido muy, muy amables con nosotras, dejándonos hacer todas las llamadas que necesitásemos y ayudándonos a gestionar nuestra vuelta a casa", explica Mónica.

Las viguesas esperaban que el consulado estuviera lleno de españoles pero, para su sorpresa, "durante toda la mañana ha estado casi vacío".

"Ryanair nos ha dicho que hasta el día 28 no pueden colocarnos en otro avión, así que estamos pensando en coger un tren hacia Francia y luego ya veremos lo que hacemos", relataban ayer por la tarde.

Sin embargo, cuando llegaron a la Estación Norte se encontraron con que estaba "totalmente colapsada". "No hay forma de salir hoy de Bruselas, no tenemos otro remedio que quedarnos a dormir aquí al menos hasta mañana", explicaba Mónica.

La Asociación de Hoteleros de Bruselas, según les informó el Consulado, les ofreció a última hora de ayer la posibilidad de alojarse en uno de sus locales, aunque las docentes seguían buscando posibilidades para salir del país. "Preferimos irnos hoy mismo", concluyen.

Mariña Abella (Malpica de Bergantiños)
"Fui en metro a primera hora"

Traductora en Bruselas

 


"Yo pasé por Arts-Loi, que es una parada de metro también próxima al Parlamento, a primera hora de la mañana (de ayer), un poco antes de las nueve, para quedar con mis padres en el centro de la ciudad. Ellos han venido a verme estas vacaciones e íbamos a pasar el día juntos. Al mismo tiempo mi novio estaba en clase en la Universidad de San Luis, en Traducción, a cuatro minutos de donde pasó todo. La profesora los retuvo en clase pero al comprobar la gravedad desalojaron las aulas y cerraron la facultad. Quiero decir con esto que a cualquiera le puede pasar, estando aquí, porque coges el metro, de hecho yo paso muchas veces por Maelbeek, porque vas a viajar vía aeropuerto al ser Semana Santa, lo que sea", expresa Mariña Abella, una joven de Malpica (A Coruña), en Bruselas desde 2015 para perfeccionar idiomas y trabajar tras terminar Traducción e Interpretación.

Paco y Nanda, padres de Mariña, están estos días de visita en la ciudad belga, para pasar las vacaciones de Semana Santa con ella. "La primera noticia que tuvimos fue que había pasado algo en el aeropuerto, pero cuando ya nos dijeron en el metro me asusté, mucho, claro. Estábamos desayunando en un bar del centro. Imagina, queríamos ir en tren a Brujas y ya no fuimos. Probamos en el Museo Magritte, pero cerrado, por el ataque. Después nos recomendaron irnos para casa y aquí seguimos", explica Nanda. "Sí, la recomendación es quedarse en donde estás, aunque sea la casa de un amigo, porque el nivel de alerta sigue alto, nos decían que podía haber más atentados", comenta Mariña. "Justo estos días estuvimos paseando por Palais Royale y mañana (por hoy) íbamos a ir a la zona del Parlamento, pero nada. La sensación es de falsa tranquilidad", cuenta Paco Abella. Lo peor, para Mariña, es "el desconcierto, la desconfianza y el miedo". "Consiguen su propósito de asustar a la gente. Yo tengo miedo ahora a ir en metro, increíble. Es que vas por la calle y te cruzas con personas y desconfías, algo inexplicable, eso que antes no pasaba en una ciudad como esta", apunta Mariña.

Daniel Rodríguez (Vigo)
"Los militares tienen toda la zona rodeada y nos sentimos algo encerrados, en un bastión"

Trabajador del Parlamento Europeo

 


"Algo ha tenido que pasar", pensó el vigués Daniel Rodríguez cuando, al llegar a la sede de la Asociación de Antiguos Eurodiputados del Parlamento Europeo, vio los whatsapps de sus padres y amigos. "Fui a la oficina contigua y vi a una de mis compañeras temblando; ahí fue cuando me enteré de lo que había ocurrido en el aeropuerto", relata. Del ataque en el metro se enteraron al poco de otra de sus compañeras, extremeña, saliera de la estación de Maalbeek. "Se quedó pálida al leerlo".

Este joven de 24 años explica que en el Parlamento elevaron la alerta "limitando los accesos y haciendo obligatorio el mostrar el pasaporte y el contenido de las bolsas". "Los militares tienen toda la zona rodeada y nos sentimos algo encerrados, dentro de un bastión", expone. Desde su ventana, pudo ver cómo la calle se quedaba "casi desierta", los cordones policiales y las ambulancias.

"Me ha tocado vivir las dos alertas recientes", resalta. Llegó una semana antes de los atentados de París y regresa a España la próxima. "Con todo, no dejo que estas cosas me paralicen y sigo con mi vida", concluye.

Javier Villar (Santiago ) | Estadístico de la Comisión Europea
"Es un poco difícil concentrarse pero la vida sigue"
 


Javier Villar se enteró del primer atentado mientras desayunaba en su casa, pero no dudó en acudir a su puesto en la dirección general de Economía de la Comisión Europea. "Fue una noticia triste, pero el aeropuerto está lejos del centro", cuenta y añade: "no pensaba que habría más explosiones". Las hubo y "no muy lejos" de su trabajo, en la Rue de la Loi, y cuando acaba de llegar. Aunque él no cogió el metro, fue en bici. En la ofician era "un poco difícil concentrarse, pero la vida sigue". Lleva en Bruselas desde 2007 y desde los atentados de París veía más policía y militares, pero pensaba que está "más bien vinculado" al terrorista arrestado la semana pasada.


Ana Pérez Méndez (Vigo)
"Caminé nueve quilómetros para poder recoger a mis hijos"

Trabajadora de Coface

 


La viguesa Ana Pérez trabaja en la Confederación de Asociaciones Familiares de la Unión Europea (Coface) a una parada de metro de Maelbeek. Se percató de que algo pasaba cuando salió del gimnasio -cercano a la oficina- y vio el movimiento de vehículos con sirena. Ya en la oficina, el gran susto se lo llevó al no lograr contactar con su marido, el belga Sebastián Keutgens, que trabaja en el Consejo de la Comisión Europea y se baja en la estación objetivo del ataque. "El teléfono no funcionaba, era estresante", recuerda. Lo consiguieron vía Whatsapp. Estaba bien. Había salido de allí "20 minutos antes". La ausencia de otros dos compañeros de trabajo también les alteró hasta que supieron que se habían quedado a trabajar en casa.

Ana, que vive en Bruselas desde 2004, quería recoger a sus hijos -de 5 y 7 años- en el colegio y volver a su casa. "Pero nos aconsejaban no salir", señala. Había otra complicación: no podía coger el transporte para recorrer los 9 kilómetros que la separaban de su domicilio y a los compañeros que habían ido en coche no les dejaron moverlos hasta las 16. "Dejé tiempo para no entorpecer a ambulancias y demás y a las 13.30 salí con una compañera, con mucho cuidado, evitando las calles cortadas". Le llevó dos horas y por el camino se encontró con la gente dejando mensajes en el suelo en la plaza de la Bolsa. "Había mucha gente y un chico tocando; era un poco triste", describe. Los niños, que "no se dieron cuenta de nada", estaba en un patio, "atrás, un poco escondidos, por si acaso".

Mientras, su marido, en el "búnker" de la Comisión Europea recibía en el móvil los avisos del gabinete de crisis. "Empezaron con 'No os acerquéis al aeropuerto'; luego, 'No os acerquéis al barrio europeo'; siguió, 'No os acerquéis a las ventanas'...", cuenta. Él se había bajado en Maelbeek minutos antes de las explosiones. "No podía creerlo, es bastante duro cuando te das cuenta de que has pasado por muy poco". Ahora siente una mezcla de alivio y angustia.

Sara Galbán Patiño (Rianxo)
"Teóricamente había mucha seguridad... pero pasó"

Estudiante de Historia del Arte en Bruselas

 


La estudiante de Historia del Arte en el centro de la UNED en Bruselas, Sara Galbán Patiño, se despertó ya sorprendida con la noticia y se quedó en casa "todo el día", como aconsejaron las autoridades. La joven de Rianxo que vive en Ixelles, cerca de la Place Flagey asegura que lo primero que sintió fue "indignación" ante los atentados. "Toda la ciudad está parada, no hay transporte público y se recomienda no salir salvo para lo estrictamente necesario", explicaba la joven a media mañana de ayer. A medida que conocía más los hechos, Sara reconocía que la población de Bruselas está "un poco harta, porque era visto que tarde o temprano, esto iba a pasar". "Teóricamente hubo mucha seguridad desde los atentados de París... Y al final, pasó igual", reflexiona sobre los últimos acontecimientos.

Rafael Silva Álvarez (O Rosal)
"Parecerá una ciudad fantasma durante días"

Estudiante de francés en Bruselas

 


El pontevedrés de O Rosal Rafael Silva vive desde noviembre en Bruselas -en Simonis, cerca del parque Elisabeth y a unos 20 minutos de la estación de metro de la explosión-. El joven, que trabaja en hostelería mientras estudia francés y busca empleo en una ONG se declara "contento" en la urbe belga, aunque al poco tiempo de llegar ocurrieron los atentados en París, se elevó la alarma a nivel 4 y el ritmo de la capital se detuvo. "La ciudad vivió un par de días de extrema calma, parecía una ciudad fantasma e imagino que estos días volverá a repetirse". Salvo las incidencias en el transporte público, y que el local en que trabaja no abrirá por los atentados, Silva no se ha visto afectado. Eso sí, teme que "en base al discurso del miedo/ odio los bombardeos y las posturas acaben radicalizándose más en ambos lados".

Marisol Palomo
"Nuestros padres fueron un ejemplo de integración aquí"

Componente del grupo Ialma

 


"Sabíamos que algo iba a pasar en los últimos días. Desde la alerta del pasado mes de noviembre todo el mundo sospechaba pero claro, no sabes cuándo va a ser. Es terrible. Nuestros padres vinieron aquí y fueron ejemplo de integración absoluta en un país que no era el suyo. Esa es la idea que nosotros defendemos y hasta ahora era así pero todo está peor, en lugar de avanzar por esa vía hemos retrocedido", explica desde Bruselas Marisol Palomo, componente de Ialma, el grupo de música gallega en Bélgica.

Son hijas de gallegos y ellas ya han nacido allí. "Nos ha llamado todo el mundo desde Galicia para ver si estábamos bien. Sí, estamos. Íbamos en coche, camino de una escuela en Bruselas, un centro más en el programa que tenemos para enseñarles a los pequeños los valores de la integración, de la convivencia entre culturas y fue cuando nos enteramos", comenta Palomo. Apunta que tampoco sabe cómo puede arreglarse: "¿culpamos a políticos? ¿culpamos a la religión?; tenemos que recuperar valores". "Parece que estamos como en una película de guerra y creíamos que eso era para países de fuera. Además, Bruselas, una ciudad europea, abierta, no damos crédito", concluye.

Noemí Palomo | Administradora del Centro Gallego
"Tras lo de París, tuvimos que cerrar dos semanas, veremos ahora"



El Centro Gallego en Bruselas -una salad cultural con capacidad para más de mil personas en pleno centro- cerró ayer por la mañana sus puertas y no las volvió a abrir para las clases que tenían por la tarde "por precaución". Su administradora, Noemí Palomo, aguarda indicaciones del Gobierno y recuerda que tras los atentados de París estuvieron cerrados dos semanas. "Las cosas volvieron a la normalidad al celebrarse las fiestas de fin de año, volvía a haber gente en los bares y a celebrarse conciertos", lamenta. Tienen 6.000 socios gallegos o descendientes de gallegos -aunque asegura que los participantes en sus actividades ascienden a 50.000-. No saben si todos están bien, entre otras cosas, "porque las redes están saturadas".

Teresa Guerao Alonso (Tui)
"La onda expansiva tiró a uno de nuestros trabajadores en el aeropuerto"

Jefa de obra de la reforma del Instituto Cervantes

 


La constructora principal de la reforma integral y adecuación de la nueva sede del Instituto Cervantes en Bruselas es la gallega Plaintec Obras y Servicios. La aparejadora tudense Teresa Guerao es la jefa de obra y, desde el 7 de enero, viaja todas allí todas las semanas. Aterrizó en el aeropuerto atacado ocho horas antes de las detonaciones. A quien sí afectó la explosión fue a uno de los carpinteros que trabajan con ellos, un sevillano que acababa de rebasar los controles de la terminal y se dirigía a embarcar en un vuelo a su ciudad. La onda expansiva lo tiró al suelo, pero se encuentra bien. "Es un gran susto y sientes impotencia", cuenta Teresa.

Ella se enteró en la cafetería a la que fue a desayunar, en la misma avenida donde está la obra, la Avenue Louise, a dos kilómetros del siguiente ataque, el de la estación de metro. "Activé los datos y recibí un mensaje de mi tío: '¿Estás bien?'", recuerda. Le siguió "un bombardeo de llamadas". Cree que es la familia la que se altera más en estas situaciones. Ella no lo está. Los atentados de París ya le habían coincidido con una visita a Bruselas. "Nunca pasé miedo y ahora estoy tranquila", asegura y señala que lo único que se mantenga el vuelo que tenía que coger hoy. Horas después de esta conversación, supo que se lo cancelaban. Ha buscado una alternativa: en tren hasta Amsterdam para volar a Madrid.

Observa que en la capital belga la gente está "asustada, pero calmada". Trabajadores de esta sede del Instituto Cervantes le transmitieron que "van a intentar hacer vida normal". "Esta gente [por os terroristas] quiere que se pare el mundo, pero no puede ser", defiende.

Pararla no, pero retrasar la inauguración de la nueva sede de la institución, que estaba prevista para principios de abril. La situación de alerta está demorando la llegada de material, lo que podría demorar la entrega de la obra, prevista para este mismo viernes y, con ello, el traslado, para el que necesitan tiempo por la cantidad de libros.

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