Avalancha de refugiados en Europa Reacciones en Galicia

El rostro gallego del drama

La familia del doctor Mohamed Ayman, uno de los muchos estudiantes sirios de medicina afincados en Santiago desde hace cuatro décadas, retrata el horror que su país vive desde hace un lustro

05.09.2015 | 02:09
De izquierda, Samer, su madre, Ángeles Rego, y su padre Mohamed Ayman, en una manifestación.

En los años 70 decenas de sirios emigraron a Santiago de Compostela mediante un convenio entre España y Siria que permitía a estudiantes de este país cursar medicina y conseguir un visado. Estos alumnos son actualmente adultos que formaron una familia y que desde Galicia asisten al horror de un país inmerso en una guerra civil cuyas consecuencias se han hecho más reales para occidente cuando emprendieron su incierto viaje hacia el asilo en Alemania.

"O el BAAZ (Partido del Renacimiento Árabe Socialista) o quemamos el país". Este fue el lema que rigió la infancia de Mohamed Ayman Nachawati, uno de los estudiantes sirios llegados a Galicia hace cuatro décadas y hoy médico en la capital gallega, durante la dictadura de Hafez al-Asad, padre del actual presidente Bashar al-Asad. Mohamed recuerda las historias que contaba su madre sobre Siria, cuando era una colonia francesa. También rememora que a lo largo de su vida tan solo asistió a 3 años de democracia en el país.Tiempo después, a los 19 años, pudo viajar a España y conseguir un visado por medio de un convenio como estudiante de medicina. Este programa facilitó la entrada a muchos sirios de su generación, que se asentaron y echaron raíces en Santiago de Compostela en la década de los años 70. Allí conoció a su esposa y tuvo tres hijos Samer, Leila y Nadia.

A pesar de haber nacido y crecido en Galicia, Samer se encuentra profundamente vinculado a sus orígenes sirios. Parte de su familia paterna aún vive allí, concretamente en Damasco: "Dentro de la gravedad es el único territorio donde el régimen se mueve a sus anchas. Las otras zonas están controladas por el ISIS y por las guerrillas".

Cada día, su padre habla con la familia que aún reside allí y que se resiste a abandonar el país. Durante las conversaciones por Skype, se escuchan los bombardeos: "Nosotros nos asustamos, pero ellos ni se inmutan. Allí es el pan de cada día", comenta. El resto de su familia huyó a países como Arabia Saudí, Jordania, EEUU o Alemania. Samer explica que los únicos que actualmente dedicen dejar Siria son aquellas personas jóvenes o con hijos: "Otros, como los hermanos de mi padre, prefieren morir en Siria. Los sirios nunha han sido un pueblo nómada que se haya caracterizado por emigrar. Ellos nunca han tenido la necesidad de escapar. Mi padre viajó hasta aquí para prosperar en otro país y tener una vida mejor, pero nunca escapando de la muerte". "Si los sirios mueren en Siria, no pasa nada. El problema surge cuando van a morir a otros países", comenta Samer con dureza. La muerte es un elemento que de forma inevitable surge en su discurso, unas palabras que dibujan la silueta de un país sitiado por el caos y el descontrol.

Como el resultado lógico de un país desintegrado, muchas viviendas se encuentran deshabitadas para posteriormente ser ocupadas por los trashumantes. Un primo de Samer era uno de los propietarios de una casa vacía, un domicilio ubicado en un barrio conflictivo que a menudo evitaba visitar por miedo a correr peligros. Un día decidió acudir a visitarla y un francotirador le pegó un tiro. Días después lo encontraron en la morgue de un hospital. El componente aleatorio que acompaña a cualquier asesinato se revela más real que nunca en este caso, cuando Samer relata: "Damasco está colmado de francotiradores que llegan a disparar a civiles por aburrimiento".

El joven también cuenta la forma en que uno de sus primos huyó de Siria tras ser llamado a filas: "Antes de luchar con el ejército prefirió escapar. Caminó escondido durante días atravesando el monte hasta llegar a Jordania. Ahora vive allí y consiguió llevar a su hermano junto a él".

Otro de sus primos se encuentra actualmente en Hungría intentando entrar en Europa: "Abandonó el país con la idea de llegar a Alemania y el viaje le costó 6.000 euros. En un principio te dicen que te llevan a Alemania y no te explican los problemas que te encontrarás en la frontera", expresa.

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