Un "Sarkozy" de izquierdas nacido en Barcelona

01.04.2014 | 02:05

El nuevo primer ministro francés Manuel Valls nació en Barcelona en 1962. Habla un catalán casi perfecto, sin duda fruto de haber veraneado muchas veces en la Costa Brava y el Ampurdán cuando venía a ver a su familia paterna de Barcelona. A los 51 años, tiene una dilatada trayectoria en el socialismo francés. Fue alcalde de Evry, una ciudad popular de la región parisina, y ministro del Interior. Este es un lugar clave: Clemenceau, Mitterrand, Chirac y Sarkozy pasaron por este cargo antes de llegar a la máxima representación del Estado. Manuel Valls reivindica su condición de hijo de inmigrantes. Se muestra orgulloso de ser uno de los pocos políticos franceses naturalizados, a la edad de 20 años. Su padre, Xavier Valls, pintor catalán, se instaló en París en 1949. Empezó en el cubismo y evolucionó hacia el figurativismo. Tiene obra expuesta en el Reina Sofía y el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Su madre es Luisangela Galfetti, procede de Ludiano, en el cantón suizo del Ticino. Manuel Valls habla, por tanto, también con fluidez, francés, español e italiano. Además, es sobrino-nieto de Manuel Valls i Gorina, compositor del himno del FC Barcelona, de donde le viene la afición por el club blaugrana, que ha cultivado siempre. El año pasado no dudó en proclamar que su equipo era el Barça en la eliminatoria de cuartos de final de la Liga de Campeones contra el París Saint Germain: "Es mi equipo. Es un club que traspasa fronteras", justificó. Nadie se escandalizó en Francia.

Manuel Valls, aunque mantiene el contacto con la tierra de su padre y ha participado en algún acto de los socialistas catalanes (PSC), ha eludido siempre pronunciarse sobre el proceso soberanista de Catalunya.

Valls no ha ocultado nunca su ambición de ser presidente de la República francesa. Por ello, se presentó a las primarias del partido socialista francés contra François Hollande. Pese a salir derrotado, durante la campaña presidencial estuvo muy cerca de François Hollande, convirtiéndose en su "sherpa", su portavoz y uno de sus estrategas. La comunicación ha sido siempre su fuerte: fue secretario de Comunicación del PSF entre 1993 y 1997 y desde entonces hasta 2002 fue jefe de Comunicación del primer ministro Lionel Jospin. Dinámico, directo y a veces duro, este socialista pragmático se sitúa más bien a la derecha del partido. Esta ubicación se ha observado en diferentes encuestas: mientras la mayoría de los franceses apostaba por él como primer ministro, solo era el favorito de un 18% de los votantes socialistas.

Valls es un político ambicioso, muy bien conectado y que sigue poco la ortodoxia de la izquierda francesa. Su entrada en el partido, cuando era estudiante de Historia, se debió a su afinidad con la línea defendida por el centrista Michel Rocard, que contrastaba con el izquierdismo de Mitterrand. Con estos argumentos y por su fulgurante carrera, se ha ganado la imagen del "Sarkozy de la izquierda". El nuevo primer ministro defiende una política económica de lucha contra los déficits y un combate sin cuartel contra la delincuencia. En este sentido, considera que "la socialdemocracia europea no supo responder a dos fenómenos que llegaron casi al mismo tiempo, la caída del muro de Berlín y la globalización económica. El Estado del Bienestar ha sido dañado por la globalización. Los cambios han provocado tensiones sociales muy fuertes y la gente ha tenido miedo al paro, miedo de que sus hijos vivan peor que ellos mismos y miedo a la inmigración y del Isla. Esto ha provocado subidas del nacionalpopulismo de extrema derecha, sobre todo entre la clase obrera" .

Manuel Valls es, sin embargo, un firme defensor de las políticas de bienestar, aunque también advierte que "la socialdemocracia, con el Estado de Bienestar atravesando grandes dificultades, no ha sabido construir una vía alternativa". Según él, los socialistas deben dar prioridad "a la universidad, la escuela, la juventud y, al mismo tiempo, apuesta por la cohesión social". Ahora podrá cumplir sus objetivos ideológicos.

Le preocupa que la crisis económica haya afectado a la ilusión de las personas. "La crisis también mata la ilusión en el futuro. La marca de Europa hoy es el miedo. La gente tiene miedo de las reformas porque muchas veces las reformas representan menos cosas". "Hay que dar otra vez una esperanza, muy concreta, a la sociedad", sostenía antes de ser ministro del Interior. Una esperanza que en Francia, y también en Europa, ahora representa él al lado de François Hollande.

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