Un país inmerso en un experimento marcado por la polarización social

El fallido golpe del año 2002 contra el líder bolivariano fue su mejor arma para atacar a la oposición, a la que siempre acusó de "golpista"

06.03.2013 | 07:30
Última foto de Chávez vivo, con sus hijas, difundida el 15 de febrero.
Última foto de Chávez vivo, con sus hijas, difundida el 15 de febrero.

Hugo Chávez deja a Venezuela en el tránsito de un camino histórico inédito, el de un país petrolero al que llevó por la senda del socialismo y al que cambió desde la forma de hacer política hasta el rumbo de la economía mientras se sumergía en la polarización.

Chávez dirigió durante catorce años un proyecto al que denominó Socialismo del Siglo XXI, entre los halagos de sus seguidores, que ensalzaron las políticas públicas y sociales del Gobierno, y las críticas de sus detractores, que le acusaron de no respetar derechos políticos. Estaba recién elegido para un nuevo período que debía culminar en 2019 tras un amplio triunfo en los comicios del pasado 7 de octubre.

Con el precedente político de haber encabezado un intento de golpe de Estado en 1992, Chávez se alzó con su primer triunfo en las elecciones de 1998, con el respaldo de un 56,2% de un electorado descontento con el rumbo del país sumido en la hiperinflación y una crisis económica y política crónica. Algunos analistas aseguran que Chávez fue más la consecuencia de la crisis que el instigador de algo nuevo, pero supo canalizar la frustración popular.

Nada más llegar al poder logró sacar adelante con amplio apoyo una reforma constitucional que no producía cambios drásticos pero sentaba las bases para desarrollar su proyecto político. Fue reelegido en 2000 con un 59% de votos ya bajo el amparo de la nueva Carta Magna y se puso al frente de un gobierno que fue objeto de huelgas patronales y sindicales, hasta que el 11 de abril de 2002 sufrió un fallido golpe de Estado.

Superado el peligro, se hizo con el control de la Fuerza Armada y de la industria petrolera echando a cerca de 20.000 trabajadores que sustituyó, entre otros, con militares. El golpe de 2002 fue la coartada para atacar a una oposición a la que ya siempre colgó el cartel de "golpista".

 
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