AGENCIAS - WASHINGTON
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cerró ayer en Virginia su maratón de actos públicos en favor de la reforma sanitaria, que el Congreso votará mañana, domingo. Ante miles de seguidores reunidos en Fairfax (Virginia), Obama llamó al Congreso a "hacer historia" y aprobar una ley que implica la extensión casi universal de la cobertura médica, así como un freno a la posición de dominio conseguida por las aseguradoras durante la era Bush y una disminución del déficit público generado por la sanidad.
Se espera que la votación, que marcará el devenir del mandato de Obama, sea muy ajustada, aunque los líderes de los legisladores demócratas mostraron anoche su confianza en que lograran los 216 votos que necesitan en la Cámara de Representantes.
El complejo proceso de votación, al que se llegará tras un largo año de debates y descalificaciones, implica que, por un lado, la Cámara asuma como propio el proyecto aprobado por el Senado y, luego, apruebe una ley complementaria que contiene las modificaciones necesarias para contentar a los representantes más reticentes. Esta segunda ley será luego aprobada por el Senado, donde, acogiéndose al llamado proceso de conciliación, será suficiente una mayoría simple de 51 votos. Los demócratas cuentan con 59.
Republicanos
Las reticencias en la Cámara Baja –donde, por supuesto, la ley no cuenta con el menor apoyo de unos republicanos que han visto en ella la ocasión de oro para hundir el mandato del primer presidente negro de EE UU– vienen tanto del ala izquierda como del ala derecha de los demócratas.
Los primeros ven con malos ojos que la propuesta aprobada en el Senado, la que deben hacer suya, no incluya un pilar público de la Sanidad. Los segundos, preocupados por la ortodoxia fiscal y por problemas de moral religiosa, pone pegas a la financiación de abortos con fondos públicos.
Para contentar a unos y a otros con una larga serie de parches se ha pactado trabajosamente la citada ley complementaria que han de aprobar ambas cámaras.
Para asegurarse los votos de los representantes –algunos portavoces demócratas aseguran que todavía hay seis que están pendientes de un hilo–, Obama ha desplegado una intensa actividad plasmada en innumerables entrevistas personales. Está previsto incluso que esta tarde el presidente acuda al Capitolio para convencer in situ a los últimos reticentes. De ahí que, por dos veces, el líder demócrata haya aplazado su viaje a Indonesia y Australia, que, finalmente, ha quedado relegado a junio.
"El momento de la reforma ha llegado", declaró Obama ante los miles de simpatizantes reunidos en Virginia. "Si fracasa esta votación, la industria de los seguros seguirá causando estragos. Seguirán negando coberturas. Por eso están invirtiendo millones en anuncios contra la reforma. Por eso están haciendo todo lo que pueden para rematar esta reforma", proclamó. "Sé que este ha sido un viaje muy difícil. Sé que será una votación muy dura, y sé que ahora mismo todo el mundo está contando votos en Washington, pero vamos a sacar esto adelante, vamos a hacer historia: la hora de la reforma ha llegado", aseguró entre el fervor de sus seguidores.
Desafío
"Es un debate que no sólo se refiere al coste de nuestro sistema sanitario, sino también el carácter de nuestro país, acerca de si podemos afrontar los desafíos de nuestra época, y si seguimos siendo un país que da a sus ciudadanos la oportunidad de ver sus sueños cumplidos", sostuvo.
En la Cámara Alta los líderes demócratas tienen la intención de someterlo al procedimiento conocido como "reconciliación", reservado en general para medidas presupuestarias y que permite aprobar el proyecto de ley por mayoría simple, 51 votos, en vez de los sesenta que harían falta por el procedimiento ordinario.
La reforma sanitaria busca dar cobertura a cerca de 30 millones de estadounidenses que en la actualidad carecen de seguro médico.