AGENCIAS - ROMA
Las bacanales y posterior divorcio caballeresco, la hipotética homosexualidad de un periodista, la supuesta filtración de documentos vaticanos o el ajuste de cuentas dentro de la propia Iglesia han pespunteado una crisis que esta semana culminaba con un inusual comunicado de la Santa Sede en el que se asegura que ni "L´Osservatore Romano" –vespertino oficioso del Vaticano– ni el cardenal Bertone, secretario de Estado y número dos del Papa, tuvieron nada que ver con la dimisión, el 3 de septiembre de 2009, tras 15 años en el cargo, del director del diario de los obispos italianos, Dino Boffo, el supuesto homosexual.
Dino Boffo, al frente del "Avvenire", ya tenía en su historial muescas suficientes de haber disparado a Berlusconi, como en aquella célebre primera página que rezaba: "Il Papa a sorpresa: Silvio ora basta", es decir, "el Papa, por sorpresa: Silvio, ya basta". El rotativo agregaba que Benedicto XVI había comentado en privado su decepción porque "Silvio me había prometido políticas para la defensa de la familia, pero ahora me doy cuenta de que la familia era la suya y la de su hermano Paolo". Tremenda sentencia papal a la que "Il Giornale" berlusconiano respondió tiempo después con un titular de primera plana no menos contundente: "Cosí si fabbrica un falso scoop anti Cavaliere" ("Así se fabrica una falsa exclusiva contra el Cavaliere").
Era un capítulo más de una larga historia que alcanzó su momento más caliente cuando trascendieron las fotos del Cavaliere durante los devaneos con modelos despampanantes en sus villas de Roma y Cerdeña (con 30 mujeres suministradas por un tal Tarantini). Poco después, el 5 de mayo de 2009, "Avvenire" titulaba su editorial: "La vicenda Berlusconi-Lario. Politica e discrimine ético", o "Las vicisitudes Berlusconi-Lario (su esposa). Política y discriminación, claridad, ética", donde el diario de Boffo sostenía que había quedado "comprometida" la actuación ética del premier.
"Il Giornale" –de derechas, publicado en Milán con una tirada de unos 190.000 ejemplares, y fundado en 1974 por Indro Montanelli– se la iba a guardar al "Avvenire" (el Futuro, en italiano), que vende unos 100.000 periódicos al día y fue creado en 1968, también en Milán, con el firme apoyo del Papa Pablo VI.
El 28 de agosto de 2009, el diario de los Berlusconi publica en primera un artículo de su recién nombrado director, Vittorio Feltri. "El supermoralista condenado por acoso", se titula, y en él acusa al director del periódico de los obispos de haberse visto envuelto en 2004 en una pena por acoso telefónico a una mujer, ya que el novio de ésta era concretamente el amante de Boffo.
La puñaladas a la milanesa habían comenzado, pero tan sólo cuatro días después "Il Giornale" rectifica y dice que Boffo no había sido condenado penalmente por aquel suceso, sino que había pactado una indemnización con la mujer. En una sucesión de explicaciones, Boffo afirma que las llamadas acosadoras eran de una persona, ya fallecida, que había tomado su teléfono móvil para realizarlas.
Por su parte, Feltri declara ese mismo día a una emisora de radio que sus insinuaciones sobre la homosexualidad de Boffo se basaban en una carta anónima que le habían dado a conocer los servicios secretos del Vaticano. El jesuita Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, lo desmiente: "El Vaticano no tiene servicios secretos".
Al día siguiente, 3 de septiembre, Boffo presenta su dimisión como director de "Avvenire" en una carta a Angelo Bagnasco, presidente de la CEI, en la que dice que no quiere involucrar a la Iglesia ante ulteriores reflujos del suceso.
La pieza había sido cobrada, pero el caso no se había terminado. Al contrario: estaba a punto de entrar por sendas borgianas, tanto por lo laberíntico de las interpretaciones posteriores como por la supuesta implicación de los interiores del Vaticano en el asunto, según la marca de los Borgia. En septiembre de 2009 rompe el fuego el vaticanista Sandro Magister, quien afirma que el director de "L´Osservatore Romano", Giovanni Maria Vian, había apoyado activamente la defenestración de Boffo.
Con el caso lanzado ya hacia la orilla occidental del Tíber, la conjetura de que el Vaticano estaba implicado recibiría otro impulso. En diciembre de 2009, Vittorio Feltri echa balones fuera e insiste en que una "personalidad de la Iglesia de la que uno debe fiarse institucionalmente" le había suministrado el documento que avalaba la homosexualidad de Boffo. Es decir, que él había sido engañado por algún poderoso de la Santa Sede, ya que el abatido director del "Avvenire" no era un homosexual practicante. Feltri incluso pide perdón en ese momento a Boffo, en quien dice admirar la entereza con la que ha llevado el suceso.
Era tarde ya para las disculpas, pero la acusación hacia el Vaticano se extiende como un reguero de aceite y pólvora. Ya estaban tres periódicos en danza, pero entra un cuarto en juego: "La Reppublica", habitualmente crítico con la jerarquía católica. Este último diario postuló el pasado 3 de febrero que el cardenal Tarcisio Bertone y Vian, el director del "L´Osservatore", habían urdido un plan contra Boffo. El supuesto objetivo de dicha conspiración consistía en que, al derribar al director del periódico de los obispos, Bertone ajustaba cuentas con un episcopado italiano guiado por el cardenal Angelo Bagnasco, y antes por Camilo Ruini, considerados demasiado independientes con respecto a la Santa Sede.
Por tanto, según «La Reppublica», Bertone y Berlusconi habían coincidido en elegir a la víctima propiciatoria, Boffo. El propio cardenal, que es la mano derecha de Benedicto XVI, había solicitado toda la información disponible sobre el director del «Avvenire» hasta dar con su desviación homosexual, afirmaba «La Reppublica». Después, Bertone hizo llegar a Feltri la documentación a través de Vian. No obstante, el propio Feltri ha declarado en varias ocasiones que no conoce a Bertone y Vian más que por fotos de prensa e imágenes de televisión.
En cualquier caso, el asunto Boffo-Feltri había alcanzado ya tales dimensiones que, mediante una nota sin precedentes, la Secretaría de Estado de Bertone desmentía las acusaciones esta misma semana. «Es falso que responsables de la Gendarmería vaticana o el director de "L´Osservatore Romano" hayan transmitido documentos". La nota vaticana añade que todo lo dicho se basa en "las hipótesis más increíbles, repetidas en los medios de comunicación con una consonancia verdaderamente singular"; y que la acusación de que el Vaticano realizó "una acción inmotivada, irrazonable y malvada está dando lugar a una campaña difamatoria contra la Santa Sede, que implica al propio Romano Pontífice".
Y unos días antes de la nota, el 6 de febrero, Berlusconi ofrecía al Vaticano un pacto para recomponer las relaciones entre la Iglesia y el Ejecutivo, según publicaba "La Reppublica". Ambas partes pretenden enterrar ahora el "Silvio, basta ya".