AGENCIAS.
Los tres grandes nombres de la política ucraniana de la última década vuelven a encontrarse en las urnas este domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales que enfrentan al ex primer ministro --y favorito a la victoria--, Viktor Yanukovych, y a la primera ministra, antigua aliada y ahora rival encarnizada Julia Timoschenko, con el actual presidente Viktor Yushchenko como tercera opción, pero no en discordia, precisamente: se espera que reciba los votos de menos de un 3 por ciento de la población, el mayor revés político que haya experimentado jamás el que una vez fue el gran abanderado de la Revolución Naranja de 2004.
Mucho ha cambiado la imagen pública de Yushchenko estos últimos seis años desde que apareciera ante los ucranianos para denunciar el que consideraba era un fraude masivo en la primera vuelta de los comicios. El pueblo le aupó como presidente tras la celebración de la segunda vuelta, que se considera como las primeras elecciones libres de la historia del país, el 26 de diciembre de 2004. Ahora, en 2010, las encuestas le conceden un apoyo casi ínfimo y se critica su labor como máxima expresión de la ineficacia política.
El presidente se ha limitado a intentar hacer llegar el mensaje de que tanto Yanukovych como Timoschenko no son más que dos caras de la misma moneda a favor del entendimiento con Rusia.
Mientras, la sombra del fraude vuelve a planear sobre las presidenciales, a pesar la enorme presencia de observadores internacionales. Y si bien Yanukovych ostenta una cómoda ventaja, todos los sondeos apuntan que no alcanzará el 50 por ciento de votos necesarios para conseguir la victoria directa. Tanto él como Timoschenko han advertido de que disputarán los resultados si no consiguen la victoria, pero el ambiente no está tan cargado como en 2004 y no se teme que se repitan los acontecimientos de hace seis años. El pueblo ucraniano respalda enormemente el proceso democrático, pero está hastiado de las disputas políticas, según los analistas.
Todos los datos parecen indicar que la participación en los comicios será muy elevada, en torno al 89 por ciento. Unos 36,9 millones de ucranianos depositarán su voto en los más de 33.000 colegios electorales que abrirán sus puertas para los comicios, entre ellos 1.200 de carácter especial, localizados en hospitales, cárceles, barcos e, incluso, en la Estación Vernadsky de la Antártida. La diáspora ucraniana tendrá a su disposición 113 colegios electorales repartidos en 76 países, según informa la agencia estatal de información ucraniana, Ukrinform.
La última encuesta realizada por el Research & Branding Group (del 5 al 13 de diciembre) concede al ex primer ministro Yanukovich un 33,3 por ciento de la intención de voto frente a un 16,6 por ciento de Timoshenko en la primera vuelta. En la casi segura segunda vuelta, la ventaja se incrementaría: 46,7 por ciento frente a un 30 por ciento.
La Comisión Central Electoral ha informado de que unos 3.100 observadores internacionales supervisarán el desarrollo de los comicios, entre ellos 461 procedentes de otros países e instituciones internacionales: 20 europarlamentarios, y 169 de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Todos ellos deberán atestiguar la limpieza de los comicios, una tarea que se presume bastante difícil, no por las barreras contra el fraude que provee la ley electoral, que son muchas, sino por la deficiente organización de los candidatos a la hora de escoger a sus representantes en las mesas electorales.
"Todo depende de que se elija correctamente al representante de la mesa y del nivel de profesionalidad de su equipo", explica el ex director del Secretariado de la Presidencia ucraniana, Viktor Baloha, quien advierte de que estos representantes podrían argumentar directamente que se ha producido fraude electoral si su candidato va perdiendo. "Estos representantes que se presentan como individuos duros son precisamente los más propensos a realizar estos comentarios. Tales declaraciones, en realidad, les desenmascaran como perdedores", indica a Zik.