LUIS MUÑIZ/AGENCIAS
El unánime respaldo cosechado ayer por el presidente hondureño, Manuel Zelaya, que fue depuesto el domingo por el Congreso tras un golpe de Estado que le obligó a exiliarse, ha dejado completamente aislado a su sustituto, Roberto Micheletti, a quien los líderes de la comunidad internacional exigieron la restauración del orden democrático y el reconocimiento de Zelaya como único mandatario del país centroamericano.
Lejos de hacer caso de ese aislamiento, cifrado, por ejemplo, en la decisión de los países del bloque "chavista" (Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador), de retirar a sus embajadores en Tegucigalpa, Micheletti tomó juramento a cinco nuevos ministros y afirmó haber llegado a la Presidencia por "una sucesión democrática", no "bajo la ignominia de un golpe de Estado".
Es más: dijo incluso que el Ejército hondureño fue "benévolo" con Zelaya al dejarle salir del país, "cuando en realidad tenía que haber entrado a las cárceles nacionales por los delitos cometidos en diferentes circunstancias".
"Aquí hubo un momento que parecía que no había presidente, sino un rey o un dictador", agregó el mandatario. No obstante, añadió que recibirá con "mucho gusto" a Zelaya en Honduras si decide regresar sin el apoyo del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Micheletti aseguró que varios ministros de Zelaya están en Honduras e, "incluso, algunos están ejerciendo sus labores, contentos". La única que salió del país, y "por voluntad propia", precisó, fue la canciller, Patricia Rodas. Su sustituto, Enrique Ortez, reclamó a la ONU que posponga cualquier reunión sobre Honduras, "para que no nos sienten en el banquillo de los acusados y nos juzguen a espaldas", señaló.
El país amaneció ayer bajo el toque de queda, la primera medida tomada por Micheletti, y con una huelga general de seguimiento incierto convocada por sindicatos y funcionarios. El toque de queda, sin embargo, no evitó que seguidores del depuesto presidente se mantuvieran frente a la Casa Presidencial, aunque luego fueron dispersados con gas lacrimógeno por el Ejército. La situación era de tensa calma, con escasa presencia de militares y policías en las calles.