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Reformas

El G-20, ante el reto de pasar de las propuestas a los hechos

 15:11  

Los países que asistieron a la cumbre del G-20 deben empezar hoy mismo a trabajar en los ambiciosos objetivos marcados en Washington, que les obligará a gastar más dinero publico y a reforzar sus órganos de regulación y supervisión.

EFE Una vez concluida la cumbre de líderes del G-20, la primera de este tipo celebrada nunca entre países desarrollados y emergentes, la pelota está desde hoy en el tejado de los Gobiernos, que tienen de plazo hasta el 31 de marzo para diseñar sus reformas internas.

La declaración final de la cumbre deja claro que cada país tiene la responsabilidad de reforzar sus sistemas de supervisión y de regulación, así como de potenciar la coordinación con el resto.

No es una tarea fácil, pues en el corto plazo hay una tarea más urgente, la de hacer frente a una crisis que ya ha anulado el crecimiento económico de EEUU y que también ha provocado la contracción de la eurozona por primera vez desde que se implantó la moneda única.

La receta que se ha dado en la cumbre son las mismas medidas fiscales y monetarias que ya están aplicando algunos países. Se trata básicamente de bajadas de tipos, como las que se han producido en los cinco continentes, y también planes de estímulos fiscal, con bajadas y devoluciones de impuestos.

Por el momento, el Reino Unido, Japón, Alemania y China ya tienen sobre la mesa sus respectivas medidas de estímulo.

En Estados Unidos, el Gobierno de George W. Bush se resiste a sacar adelante esta medida, pero el presidente Barack Obama ha anunciado que ésta es una de sus prioridades, por lo que se da por supuesto que la mayor economía del mundo utilizará el dinero público para reactivar el consumo.

Ayer mismo, al término de la reunión, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, dijo que el mundo necesita un estímulo fiscal de 1,2 billones de dólares para combatir la crisis y afirmó que la entidad promoverá una expansión presupuestaria coordinada
El jefe del FMI destacó que existe un consenso sobre la necesidad de una inyección pública de dinero y afirmó que debería ascender al 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, que este año se estima en 62 billones de dólares.

Con la determinación de poner todo el dinero que sea necesario, existe la confianza de que la reactivación económica alcanzará también a los países emergentes, que en esta crisis se han visto contagiados por los males de los países más desarrollados.

Todos los analistas coinciden en que el gran logro de esta cumbre ha sido reconocer el peso de las naciones emergentes que, con China, India y Rusia a la cabeza, tienen en sus manos el poder del crecimiento mundial.

La crisis ha servido también para que los países desarrollados entonen el "mea culpa" y reconozcan los errores cometidos en esta última década de excesos económicos.

"Después de unos años de crecimiento económico sostenido, un aumento de los flujos de capital y una cierta estabilidad, los mercados financieros se lanzaron a la caza de altas rentabilidades sin valorar los riesgos, y sin que hubiera una adecuada supervisión", apunta la declaración final.

A ello se unieron otros factores que dieron lugar a un coctel explosivo, como fue una deficiente valoración de los activos de los bancos, unas prácticas de riesgo elevadas, y el surgimiento de productos muy sofisticados y poco regulados.

El comunicado, que refleja el consenso de los gobernantes reunidos en Washington, añade otro factor de responsabilidad para los países desarrollados, la falta de respuesta de sus reguladores y de sus supervisores, que se quedaron dormidos mientras la burbuja financiera crecía sin mesura.

Por ello, la principal medida que se impulsará tras la cumbre del G-20, y que debe ser desarrollada por los Gobiernos, es la de reformar sus sistemas financieros, para que haya una mayor supervisión de los agentes que operan en los mercados.

Especial atención hay que prestar a los balances de los bancos, para que los activos de riesgo no tengan un peso excesivo, y a las remuneraciones de sus directivos, a los que se quiere poner límite.

Otra de las tareas de los Gobiernos será al de coordinar sus políticas macroeconómicas con el exterior, y mejorar la comunicación con los supervisores de otros países, para que las entidades que operan en todo el planeta no queden fuera de control.

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