El ex obispo progresista Fernando Lugo se proclama nuevo presidente de Paraguay

22.04.2008 | 00:00
Fernando Lugo (con chaleco) levanta los brazos junto a su aliado y vicepresidente, Federico Franco. Fernando Lugo (con chaleco) levanta los brazos junto a su aliado y vicepresidente, Federico Franco.

El oficialista Partido Colorado fue desplazado del gobierno tras seis décadas de mandato

Jesús A. Rey / Asunción
El ex obispo progresista Fernando Lugo logró ayer la hazaña histórica de terminar con seis décadas de gobierno absoluto del Partido Colorado, con lo que se abre para Paraguay un futuro de esperanza pero también de incertidumbres.
Una figura emergente en la política nacional como Lugo ha logrado una victoria incuestionable, lo que nunca en ese tiempo pudo hacer la oposición, principalmente el tradicional Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), durante 61 años y en especial tras el final de la larga dictadura del "colorado" Alfredo Stroessner en 1989.
Con un país sumido en la pobreza, el desempleo que envió a la emigración a cientos de miles de paraguayos, el ex obispo de la deprimida diócesis de San Pedro (centro) surgió hace dos años como una de las últimas esperanzas para unir la oposición.
Si no logró como era su intención una colación de todos los descontentos, hace ocho meses el obispo sancionado "a divinis" por el Vaticano aglutinó a la derecha representada por el PLRA y a una treintena de grupos de izquierdas y organizaciones sociales.
El bien común
Su discurso esperanzador de unión de todos los paraguayos para buscar el bien común se plasmó primero un amplio espectro ideológico que le llevó ayer a la victoria, en una fórmula con el líder del PLRA, Federico Franco, un confeso admirador de líderes conservadores como el español José María Aznar.
Lugo tendrá que compaginar en primer lugar proyectos tan diversos como el de Franco y otros sectores más centristas del PLRA, a los de grupos izquierdistas como el movimiento radical Tekojojá o el partido Movimiento al Socialismo (P-MAS), afines a políticas como la del venezolano Hugo Chávez o del boliviano Evo Morales.
La espontánea concentración de miles de personas, la mayoría jóvenes, que tomó el centro de Asunción la noche del domingo al conocerse la victoria del ex obispo fue un signo de la esperanza con la que los paraguayos recibieron el cambio y también la ansiada caída de los "colorados".
En sus primeras intervenciones como futuro presidente, el ex prelado insistió en la nueva era de la política nacional "sin clientelismos ni sectarismo", pero todo dependerá de la composición del nuevo Parlamento.
El Partido Colorado casi con seguridad volverá a formar grupos fuertes en ambas cámaras, pero como bien sabe el actual presidente Nicanor Duarte, no siempre votan en bloque por la diversidad de fracciones internas de la formación. Duarte, al tiempo de reconocer la derrota de su candidata Blanca Ovelar, anunció que el Partido Colorado, del que es presidente con permiso, hará lo posible por recuperar el poder los antes posible, lo que vaticina una oposición férrea al gobierno.
Como los colorados tampoco destacan por su fidelidad partidista los parlamentarios del PLRA, la segunda fuerza en el país, deberían aumentar su representación en el Congreso.
Otro de los actores políticos con fuerte influencia en el próximo Congreso tendría que ser el general retirado Lino Oviedo, que ayer no logró su sueño de ser presidente pero que con su fiel grupo parlamentario puede convertirse en una figura decisiva para la gobernabilidad del país.

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