Detención

Jesús Sosa, el último prófugo del grupo Colina, es capturado en Lima

04.04.2008 | 11:41

Con la detención hoy de Jesús Sosa, el último ex agente del Grupo Colina prófugo, concluyen los años de búsqueda al que fuera uno de los ejecutores de las matanzas más emblemáticas perpetradas en Perú por el régimen de Alberto Fujimori (1990-2000).

Jesús Sosa Saavedra, alias "kerosene", apodo que se ganó por su habilidad en hacer desaparecer restos humanos, fue capturado hoy mientras paseaba por el distrito limeño de Barranco, trece años después de perderse su rastro.

El prófugo se disponía a retirar dinero de un cajero automático cuando fue interceptado por la policía y trasladado a una comisaría, donde, a su salida, manifestó que Fujimori no conocía de la existencia del Grupo Colina.

En esas breves declaraciones a la prensa, Sosa repitió que durante su carrera militar se limitó a "luchar por la patria" y respondió con un rotundo "no" cuando fue preguntado si se sentía inocente.

Con esta detención ha reaparecido la fuente principal de una de las más importantes pruebas incriminatorias contra Fujimori: el libro "Muerte en el Pentagonito", del periodista Ricardo Uceda, quien ya ha testificado en el juicio que se sigue al ex mandatario por violación de los derechos humanos.

Desde la clandestinidad, Jesús Sosa ofreció a Uceda sorprendentes declaraciones sobre Colina y testimonios clave relativos a los crímenes del régimen de Fujimori y otros cometidos por gobiernos anteriores.

Junto al mayor Santiago Martín Rivas, a quien ahora se le imputan las más sonadas masacres del gobierno Fujimori, Sosa creó el Grupo Escorpio a finales de los 80, el embrión de lo que en la década siguiente sería Colina.

Las más emblemáticas matanzas fueron las de Barrios Altos (1991) y la Universidad de La Cantuta (1992), con un total de 25 muertos, que desvelaron los crímenes, pero también las chapuzas, de este grupo de exterminio.

Fue el descubrimiento de los cuerpos de nueve estudiantes y un profesor de La Cantuta, mal enterrados a las afueras de Lima, lo que desveló el trabajo sucio del grupo militar encubierto.

La presión de los medios y de la oposición política obligó a que los integrantes de Colina fueran juzgados y condenados en 1994, pero al año siguiente el presidente Fujimori aprobó una ley de Amnistía y fueron indultados.

Según el libro de Uceda, ésa era parte del acuerdo entre los miembros de Colina y el tándem formado por Fujimori y su entonces asesor, Vladimiro Montesinos, el supuesto creador del destacamento encubierto, para exculpar al presidente de los crímenes.

Pero la participación de Sosa en la guerra sucia orquestada por el Estado peruano se remonta más allá del régimen de Fujimori, en concreto desde 1983, bajo el Gobierno de Fernando Belaúnde Terry.

En aquella fecha, fue destinado como agente infiltrado a la convulsa región de Ayacucho para luchar contra el entonces incipiente grupo guerrillero Sendero Luminoso, donde operó durante el primer Gobierno de Alan García (1985-90).

En 1984, el suboficial era el encargado de los interrogatorios con métodos como "la colgada" o "la tina", que consistían en colgar a los detenidos con los brazos amarrados y zambullir sus cabezas en agua sucia, respectivamente.

Pero en lo que Sosa destacó fue en la ejecución de los detenidos: los hacía caminar tras el interrogatorio y sin previo aviso les disparaba en la nuca, antes de eliminar sus restos.

Así lo revela el propio Sosa en el testimonio que ofrece a Uceda y que se refleja en "Muerte en el Pentagonito", uno de los libros más vendidos de la historia contemporánea de Perú.

Su maquiavélica frialdad lo convirtió en pieza clave de Colina, grupo que se extinguió tras el juicio y posterior amnistía de sus integrantes.

En 1995, Sosa desapareció del mapa, al igual que otros de sus compañeros, quienes poco a poco fueron cayendo ante la policía hasta hoy, cuando fue detenido el último prófugo del escuadrón de la muerte y testigo clave en el juicio a Fujimori.

Durante los últimos años, Jesús Sosa ha ido adquiriendo protagonismo por su aportación al libro de Uceda, pero también porque su firma y declaraciones han surgido frecuentemente en medios de comunicación, siempre desde la clandestinidad.

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