Los bateeiros y mariscadores, optimistas tras el fin de la toxina

El sector trabaja a destajo tras reabrirse la mayoría de polígonos de las Rías Baixas - La vianda alcanza un tamaño muy comercial

19.07.2016 | 07:16
Trabajo de desdoble en una de las bateas situadas en la ría de Arousa. // Iñaki Abella

Sin llegar a la euforia, el sector mejillonero es muy optimista respecto a la campaña de verano en la ría de Arousa donde el pasado viernes se confirmó la apertura de las 2.200 bateas, salvo un polígono dedicado a ostra en O Grove. El episodio tóxico ha durado casi tres meses, pero desde junio se observa una tendencia a la remisión con aperturas escalonadas que han permitido abastecer los mercados de fresco y en parte el destinado a la exportación, fundamentalmente a Francia e Italia.

Pero en estos momentos reina una "calma chicha", que dirían los marineros. José Portas, "Platis", observa que el mercado reacciona "con normalidad" pues desde hace algunos días la producción es suficiente para cubrir la demanda. Tanto es así que predice una fuerte actividad en las fábricas. "Una vez que el mejillón tenga carne abundante tanto los cocederos como las conserveras van a tener que trabajar a tres turnos", pronostica.

Para ello las condiciones tienen que mantenerse, aunque es improbable que en las próximas semanas se origine un nuevo episodio tóxico que vuelva a provocar un cierre de bateas que ponga "nervioso" al sector. El sector marisquero del fondo de la ría de Pontevedra, que también pudo regresar a las playas el pasado viernes, regresó ayer de nuevo a los bancos después de que remitiera la toxina y permitiera su plena apertura. Estos trabajadores confían en que ocurra lo mismo que el pasado año, cuando no hubo cierres en todo el ejercicio desde mediados de julio y la toxina dé esta vez una nueva tregua similar.

Después de más de 80 días cerrados al fin han conseguido realizar la apertura de los bancos y comenzar a trabajar, con el objetivo de paliar la dura crisis que padecen desde hace tiempo, una situación que ya superan a los trabajadores, que difícilmente pueden cubrir sus gastos con los ingresos obtenidos, según sus propias quejas.

Iago Tomé, patrón mayor de la cofradía de Raxó, alega que cada año la situación es más difícil ya que este año han perdido muchas semanas de faena, lo que es sinónimo de pérdidas económicas.

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