Esta viguesa de 28 años es doctora en Hispánicas y licenciada en Filología Gallega. Compagina sus vocaciones, la literatura y la docencia, como profesora en la Escuela de Magisterio San Pablo CEU, donde la contrataron este curso tras realizar una sustitución el año pasado. Además colabora con un proyecto de investigación en la Universidad de Coimbra, donde residió un tiempo, y es miembro de la Asociación de Cervantistas. Se metió en "el mundo de El Quijote" mientras realizaba su tesis y asegura que le encanta.
- ¿Tenía claro su futuro como profesora universitaria?
- En los primeros años no sabes muy bien adónde vas a llegar ni de cómo puedes enfocar la docencia. Ahora estoy aprendiendo mucho, sobre todo en la parte didáctica, porque el fallo de las filologías en Galicia es que no hay asignaturas pedagógicas a pesar de que la mayor parte de los alumnos piensan en la docencia como salida profesional. Sólo estudias esta parte durante los cuatro meses del CAP. En este sentido me he formado de manera autodidacta. Por lo demás todo lo que sé lo aprendí en la facultad. Mi director de tesis me enseñó a informarme e investigar por mi cuenta.
- ¿Qué debe tener un buen profesor?
- Lo primero es la vocación, porque un profesor frustrado provoca alumnos frustrados. Lo segundo, cierto don de gentes y lo tercero, mucho rigor.