01 de mayo de 2017
01.05.2017

Los niños que todos ven en San Gregorio

El hiperrealismo de las imágenes del mural del edificio 20 cautiva fuera de Galicia e incluso en ciudades europeas -La alemana Hannover ha encargado dos a su creadora, Lula Goce

01.05.2017 | 12:41
El mural pintado por Lula Goce el edificio número 20 de la calle San Gregorio, fotografiado desde el mar. // Javier JAC

Casi un año después de que el edificio número 20 de la calle San Gregorio de Vigo luzca en su lateral orientado al mar el mural de Lula Goce (Baiona, 1978) continúan disparándose entre vecinos y navegantes toda clase de conjeturas sobre la identidad de los niños que lo protagonizan. "Todo el mundo quiere sacarle parecido", comenta la autora entre sonrisas, encantada del enigma que despierta la obra. Es consciente de que en ese hiperrealismo que emplea en la plasmación de las imágenes de personas, retratos que aunque pintados sobre todo desde la lejanía se confunden con fotografías, reside la clave de su éxito. Desde que acabó el del inmueble vigués, la artista no ha parado de recibir encargos de ciudades de fuera de Galicia y del extranjero. "Prácticamente ahora me dedico solo a murales", confiesa feliz por la repercusión de su talento.

Antes de desvelar la identidad de esa gigante pareja de niños, la autora recuerda la curiosa historia del mural de San Gregorio. "En realidad surgió por un error", apunta. Inicialmente el Concello había adjudicado a Lula Goce una pared de Sanjurjo Badía incluida dentro del "Plan de Medianeras", ese programa que busca embellecer con intervenciones artísticas espacios lóbregos del paisaje urbano. Pero este emplazamiento acabó desestimándose por un problema de humedades. "La pared de San Greogorio se la ofrecí yo, ya que la Asociación de Vecinos de la Curva de San Gregorio me había pedido un presupuesto para pintarla. Intentaban recaudar fondos para ello pero la cosa iba lenta así que les planteé realizarlo a través del Concello", explica.Pese a esta propuesta cargada de buena voluntad, la artista chocó con un "asunto delicado", como ella lo define.Los vecinos querían que el plan urbanístico, en lugar de más edificioscontemplase en el solar ubicado en la curva, lleno entonces de basura y escombros, una gran zona verde. "Por lo que el mural tendría que contener la crítica inicial pero de alguna manera contentar a las dos partes", razona. Y lo consiguió.

Resolvió el entuerto pintando sobre el edificio lo que resume como un llamamiento a la necesidad de cuidar nuestro entorno.Un mensaje que pilota sobre esos dos niños que no miran de frente "sino al futuro". Retratados en blanco y negro para acentuar ese rostro serio, como de preocupación "por la necesidad social", argumenta Goce, de respetar el planeta y cuidar de una naturaleza representada por esos ramos de flores que llevan los menores en las manos recayendo sobre ellos el único color que compone la pared de 24 metros de altura.

Pincelar este discurso narrativo en 280 metros cuadrados le llevó doce días. Durante es corto espacio de tiempo Lula -diminutivo de Lourdes- observaba desde el andamio las diferentes reacciones del vecindario. "Fue curioso, ya que al principio miraban expectantes, casi sin acercarse, y según avanzaba el mural y todo se iba dibujando, más gente venía a observar y a dar su opinión, incluso respecto a la composición, pero en general la acogida fue maravillosa y todo el barrio estaba muy emocionado", cuenta.

Muchos en San Gregorio ya saben quiénes son los niños del mural, pero más gente sigue dándole vueltas. "¿Vivirán en el edificio?" o "¿Estarán vivos?", son algunas de las preguntas que por ejemplo se escuchan a los tripulantes de los barcos deportivos que transitan por las dársenas de Bouzas cuando al desviar la mirada hacia tierra se topan con esa cándida pareja dominando el horizonte de edificaciones. Y la imaginación, ya se sabe, no tiene límites. Como prueba, la afirmación de un patrón usuario de los pantalanes del Liceo Marítimo tomando un café esta semana con unos amigos en la cafetería del club: "Dicen que fallecieron en un accidente y que el mural es un homenaje".

Nada que ver con la realidad. Lula Goce pone fin al misterio: "El niño, de 4 años, es mi hijo Tomás; y la niña, mi sobrina Marta, de 7", zanja. Para seleccionar a los protagonistas de sus obras no sigue ningún criterio prefijado. "Tampoco me las suelen imponer", apunta. Son personas que conoce, algunas de su entorno y otras que se va encontrando en otros lugares o países. "Yo realizo las fotos y a partir de ahí hago los bocetos de los murales", explica como si fuera una acción sencilla.

Ahora volcada por completo en los murales por la repercusión que ha tenido el de San Gregorio, sus próximos proyectos trascienden las fronteras españolas. Este mayo pintará uno en el Festival Memorie Urbane de Italia, y en junio dos en Hannover (Alemania), uno sobre la fachada de un edificio del centro de la ciudad y otro en un muro interior de una institución dedicada a servicios sociales. Y como el de Vigo también incluirá "fotografías" .Lula confiesa que necesita de las impresiones que provocan estas imágenes entre los transeúntes. "Forman parte de la obra misma", revela.

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