06 de noviembre de 2016
25 años de un icono del Vigo moderno

Así piensa la "generación Sireno"

FARO reúne a una veintena de jóvenes nacidos en 1991, el mismo año que se instaló la emblemática obra de Leiro en Porta do Sol, para conocer sus opiniones sobre la ciudad y cómo afrontan el futuro

06.11.2016 | 13:20

especial

Así nació el Sireno

El icono del Vigo moderno cumple 25 años y FARO echa la vista atrás para recorrer con el autor los detalles de esta historia

el proceso creativo

La escultura, en 10 bocetos

Recuperamos los dibujos en los que Francisco Leiro fue dando forma al que se convertiría en el "Home-Peixe"

 

Pocos embajadores encontraría la ciudad de Vigo mejor que los jóvenes. Saben cómo sacarle el mejor partido a la urbe y disfrutar tanto de su parte más moderna como de su zona más antigua. Y es que la veintena es una edad para experimentar, pero por qué hacerlo lejos de tu ciudad. Jóvenes nacidos en 1991, año en la que se instaló el Sireno en Porta do Sol, realizan su particular chequeo por la ciudad, cómo vive un joven de 25 años en el Vigo actual y qué expectativas de futuro tiene para él y para la ciudad en los próximos años.

"No sé si será la mejor ciudad del mundo, pero no me veo viviendo en ninguna otra". Estas palabras emanan de la viguesa Carla Fernández, pero son muchos otros los jóvenes enamorados de su ciudad natal: Vigo. Tras años paseando por sus calles, visitando sus monumentos, comprando en sus comercios; todavía no ha llegado del momento de la retirada. Y es que los 25 es la edad perfecta para experimentar, pero, ¿porqué hacerlo fuera de la ciudad cuando ésta puede darte todo lo que necesitas? Y es que la generación de 1991 tiene un sentir muy afín a la urbe olívica. "Vigo te permite vivir mil experiencias, irte de cañas por el Casco Vello, que ahora se ha convertido en un barrio increíble; tenemos las mejores playas para disfrutar del verano con amigos o padres, luego el tiempo es fantástico siempre. Te permite hacer planes casi todos los días del año. Vigo es muy urbanita y tiene rincones para cualquier generación y para cualquier preferencia", explica Sergio Laredo.


VER VÍDEO | Sergio Laremo. // Ricardo Grobas / Elena Villanueva


Este vigués o Carla Fernández no solo tienen en común su residencia, sino que ambos han nacido el mismo año en el que se inauguraba uno de los símbolos de Vigo más controvertido a la vez que aplaudido: el Sireno. Su colocación en Porta do Sol en el año 1991 coincide con los primeros pasos de muchos vigueses y viguesas. FARO ha reunido a veinte de estos jóvenes pertenecientes a una generación tildada de inconformista, ambiciosa, moderna y, porqué no, a veces excéntrica. Una generación que bien podría definirse como la "generación Sireno". Creadores de discrepancias, o los amas o los odias. "Sí es cierto que somos una generación difícil, un tanto rebelde y siempre hay gente a favor y gente en contra de nuestro estilo de vida: un poco más independiente e incluso interesada de lo que fueron nuestros padres. Por cosas como esta me gusta Vigo, en la forma que se adapta a todos los gustos y necesidades. Es imposible no encontrar un plan aquí que no vaya con tus gustos o aficiones", reconoce, orgullosa, Lorena Figueirido.


VER GALERÍA | La generación del Sireno representada en 21 jóvenes nacidos en el 1991. // Ricardo Grobas

Muchos de estos 21 jóvenes han tenido la suerte de estudiar fuera y vivir experiencias más allá de la frontera. Conocieron varias ciudades y países, sin embargo reconocen que es la "ciudad del Dinoseto", como algunos la denominan, la que se ha ganado un hueco en el corazón de todos ellos. "No es como Madrid o Barcelona. En sitios así tienes que pillar el metro para todo. Aquí ahora si quiero llamo a un amigo y nos vamos a tomar algo sin el problema del transporte. Y no es Vigo una ciudad pequeña, sino más bien acogedora, que es la mejor virtud que puede tener un lugar", relata Carla Fernández.


VER VÍDEO | Carla Fernández. // Ricardo Grobas / Elena Villanueva

Dos de las personas que mejor pueden explicar esta sensación son Alicia Castiñeiras y Jaime Bargiela. La primera reside por motivos laborales en Alemania mientras que el segundo cursó un Master de Hostelería en Ámsterdam. "Vengo mucho de visita a Vigo porque mi pareja es de aquí, yo nací en Catoira. Sin embargo me encanta quedar con él siempre aquí. Es una ciudad acogedora, la gente es agradable y tienes planes día sí día también. Siempre hay movimiento, miles de cosas para hacer y eso se agradece", señala la joven arousana. Jaime Bargiela también se encuentra de vacaciones tras su estadía europea. Lo primero que ha hecho a su regreso, una quedada con los amigos. "Ya tenía yo ganas de una cerveza con ellos por el Casco Vello o Churruca. Son lugares en los que siempre te lo pasas bien", apunta el joven vecino de Coia.

Versatilidad

Una de las cualidades sobre Vigo que estos 21 jóvenes destacan de la ciudad es su versatilidad. "No es un lugar que se caracterice por algo en concreto. Algunas zonas son conocidas por sus playas, otra por sus montes, etc. Sin embargo aquí puedes hacer de todo. Vale que el mar es su principal símbolo, pero somos conocidos por muchas otras cosas más. Puedes encontrarte de todo en muy poco espacio", destaca Carla Fernández.

Como todo joven, la fiesta nocturna resulta uno de los principales atractivos de cualquier ciudad. Sabios y expertos en el tema, reconocen que la noche viguesa se adapta a todos los gustos y señalan, especialmente, su tranquilidad. "No conozco ciudades con tan buen ambiente de fiesta como Vigo. Igual hace cinco o seis años, con veinte, nos gustaba más trasnochar y demás, sin embargo ahora, yo prefiero muchas veces ir a un bar de cañas y estar hablando con los amigos. En esto Vigo es experto. Y no solo lo decimos los de aquí, sino que la noche viguesa tiene muy buena fama y zonas para todas las edades y gustos musicales, claro", bromea Beatriz Pereira. Su pareja, Alejandro Vidal no es de los más fiesteros, por ello alaba todavía más las cualidades lúdicas de la noche viguesa. "Bares como los de Vigo no te los encuentras en ningún sitio. Nosotros ya preferimos salir más de "tranquis" que se dice, y aquí te encuentras con bares y discotecas muy buenas", añade el joven biólogo.

Para Brais Corney, Alejandro Febrero y Héctor Soage, amigos desde el colegio, sus mejores recuerdos se remontan a sus primeras salidas nocturnas con 18 y 19 años. "Éramos unos críos y todo nos hacía gracia. Sería imposible quedarse con un solo detalle, aunque sí tenemos que señalar un momento o una ocasión que nos vincule a la ciudad para siempre es el Celta. Cuando fue a Europa, eso sí fue brutal. Son detalles que no los disfrutaríamos en ninguna otra ciudad como lo hicimos aquí", señalan los tres compañeros. Carla Fernández también se muestra muy "morriñosa" de su ciudad y nunca pasó por su cabeza irse a otro lugar. "No, no. Yo me quedaré en Vigo siempre. Entiendo que hay gente que quiera vivir fuera, marcharse al extranjero, pero yo soy muy de mi casa, de mi familia y amigos. Además aquí tenemos buena fiesta, buena comida, no encontraría un sitio mejor", señala esta viguesa.

Aunque los 21 viviesen situaciones semejantes al mismo tiempo, cada uno tiene una concepción y forma de ver la ciudad muy particular. Cada uno tiene un símbolo que lo define o un rincón en el que perderse, sin embargo en lo que sí coinciden es en augurar un prometedor futuro para la urbe olívica. "Además de ser la más habitada, también es la que mejor supo subirs al carro del al cambio, de la modernidad. Pero es que además cuidó muy bien su zona antigua y supo mantener su esencia a pesar de todos los cambios que se produjeron en ella. El auge del Casco Vello es uno de los mejores indicadores del futuro de Vigo, será bueno, muy bueno", señala Sergio Laredo.

Identificación

¿Qué tiene de particular está "generación Sireno"? Incluso a ellos mismos le costó dar con una respuesta. Reconocen que la contestación a esta pregunta podría cambiar al poco tiempo, su espontaneidad les delata. "Es cierto hacemos las cosas sin darle muchas vueltas. Solemos mirar hacia delante siempre y pensar en el momento, así que más que espontáneos diría que somos valientes", apuesta Beatriz Pereira, quien tras informarse sobre la historia de el Sireno y su creador, Francisco Leiro, reconoce sus "similitudes" con él. "El artista lo creó sabiendo que no es la típica obra que va a gustar desde el principio, al igual que les parecen nuestras decisiones a nuestros padres o familia", relata Pereira, quien apostilla que, sin embargo, "con el paso del tiempo sabes valorarlo e incluso le das a las decisiones que tomaste, o en este caso a la obra de Leiro, la importancia y valor que tienen. Guste más o guste menos, le quitas el Sireno a Vigo y pierde mucho más que una obra", destaca esta pontevedresa de nacimiento.


VER VÍDEO | Beatriz Pereira. // Ricardo Grobas / Elena Villanueva

Sergio Laredo tiene un pensamiento muy similar al de su compañera. Reconoce que la obra ha cambiado la zona y se ha convertido en piedra angular de la misma casi sin quererlo. "Está en un punto inmejorable de la ciudad, ha mejorado todo el entorno y le ha dado una vida que antes no tenía. Es ya un símbolo de la ciudad, aunque a mí, personalmente, no me gusta mucho, o es que igual tampoco termino de entenderla", justifica el joven, quien señala que no hay mejor lugar en Vigo que Plaza da Independencia. "Ahí jugaba de pequeño con mis amigos de siempre, para mí no hay nada mejor, con todo los respetos a cualquier otro lugar de la ciudad", bromeaba Laredo.

Laura Díaz tampoco es muy afín a la apariencia del Sireno aunque reconoce que se trata de "un símbolo de Vigo", y señala que aquello que siempre la identificó con la ciudad es la Farola de Urzáiz. "Puede parecer una tontería, pero recuerdo bajarme del bus siempre ahí para esperar a mis amigos. Nos llamábamos para quedar y siempre en el mismo sitio. Ya solo por eso se le tiene cariño, toda ciudad tiene un punto de quedada", señala la periodista. Su opinión contrasta al cien por cien con la de Beatriz Pereira, para quien el Sireno es el punto de referencia. "Mis padres cuando me traían siempre me dejaban junto al Sireno, aquí siempre quedaba con mis amigas, nos reuníamos, no sé, lo veo mucho más significativo para la ciudad que cualquier otro rincón", señala la farmacéutica.

María Méndez, Ramón Llano y Miguel González también forman parte de esta generación inconformista y moderna. Estos vigueses reconocen la importancia que tienen todas y cada una de las obras que visten la ciudad, argumentado que, aunque gusten más o menos, si provocan algún tipo de reacción en uno, necesariamente están cumpliendo con su finalidad, que no es solo embellecer la ciudad. Su futuro laboral semeja anclado a Vigo, como el de la gran mayoría de estos vigueses.

Reconocen que no solo la situación económica frena esta búsqueda de empleo fuera de las fronteras españolas o vigueses, sino también el cariño a la tierra. "Igual cuando eres más joven no miras por lo que tienes, pero ahora no cambio un año en cualquier parte del mundo por uno con mis amigos en mi ciudad", resalta Pereira. Carla Fernández sostiene la misma opinión. "Si estás bien en un sitio, para qué cambiar. Aquí tengo a mis amigos de toda la vida, vamos a dar un paseo por la zona antigua, que de verdad, no he visto una tan bonita y tan bien cuidada como ésta. Son cosas que antes no le daba tanto valor, pero que ahora veo como imprescindibles", señala esta vecina de Camelias.

Laura Díaz, por la contra, asume su total sintonía con Vigo pero no ve con malos ojos el tener que marcharse. "No es algo que descarte. Por el momento la situación económica no me lo ha permitido, pero no me disgustaría. Realmente en Vigo estoy bien, hay de todo y para todos los gustos, pero si no te vas fuera siempre te quedará esa espina", afirma la joven.


VER VÍDEO | Laura Díaz. // Ricardo Grobas / Elena Villanueva


Vigueses ante todo

Aunque cada uno tiene una visión particular de la vida, de ser y de pensar, reconocen que siempre tendrán algo en común: ser vigueses. Más de uno reconoció que se llevó una sorpresa e incluso le hizo "ilusión" cumplir años a la vez que el Sireno. "La verdad no lo sabía y me sorprendió. Le echaba menos años incluso, sobre todo por su modernidad, pero me ha encantado saber que somos de la misma generación", reconocía Jaime Bargiela. Sus amigos, Sergio Laredo, Antía Pérez y Miguel Novoa tampoco quisieron perder la oportunidad de formar parte de la imagen de aniversario de una figura como el Sireno.

Pocos embajadores mejores encontraría la ciudad olívica que estos jóvenes, miembros de una generación que ha sabido adaptarse y valorar cada cambio producido en la ciudad. "Dirán que somos fríos, pero todo lo contrario. Sabemos apreciar el buen hacer de las cosas y por ello sabemos disfrutar de Vigo. La ciudad tiene de todo y para todos por ello también hay que ser agradecida con ella. En pocos rincones estaremos tan a gusto como en casa", sentencia Carla Fernández.



Una obra con más controversia que belleza


  • Imposible encontrar opiniones unánimes sobre el sentido o la apariencia del Sireno. "Para mí no es especialmente bonito, más bien al contrario, pero reconozco que el paso del tiempo lo ha convertido en símbolo de la ciudad y eso no puede decirlo cualquier obra", opina Laura Díaz. Beatriz Pereira, por su parte, reconoce su valor y significado para los vigueses. "Guste o no guste, Vigo perdería mucho sin esta obra. Representa una parte muy importante de la ciudad como es el mar, igual esta figura no era la mejor forma de representarlo, pero eso no cambia lo que simboliza", considera Pereira.

    Sergio Laredo destaca el cambio que supuso para la zona. "Yo creo que si Porta do Sol creció fue gracias al Sireno. Cambió la forma de la calle, la disposición de toda la zona. Bonita no será, pero sí fue un acierto", señala.

"Me identifico con el Sireno porque rompió clichés"


  • El 7 de noviembre de 1991 se colocaba en Porta do Sol la vigorosa figura que simboliza una fusión entre el hombre y el mar anclada sobre dos pilares de granito negro de 12 metros de altura. Esta propuesta renovadora, moderna y rompedora no fue bien entendida y generó un ardiente debate en la ciudad. El paso del tiempo apagó estas llamas y ahora resulta indiscutible el acierto de Leiro con su obra. Es precisamente este debate y esta controversia generada lo que más identifica a la generación del 91 con el Sireno. "Provocó reticencias, diferencias y mismo disgustos a muchos. En verdad a nosotros nos pasa lo mismo, somos una generación mucho más valiente, que hace un poco lo que quiere y es precisamente esta rotura de clichés lo que nos acerca al Sireno", reconoce la joven farmacéutica, Beatriz Pereira.

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