La unidad de ictus cumple 9 meses con una ocupación cercana al 100%

Agiliza la asistencia al tratarlo como emergencia vital -Diagnostica y decide el tratamiento en menos de una hora -Atendió 420 casos

21.08.2016 | 02:39
Maciñeiras (izq.) y Romero, con la paciente Deolinda González, en una habitación de la unidad. // M. G. Brea

Se ha convertido en el primer motivo de muerte en la mujer española y el segundo en el hombre, además de que es la principal causa de la discapacidad en el adulto. Se trata del ictus y, en el área, lo sufren una de cada 500 personas al año. Está comprobado que una unidad específica para su atención disminuye en un 17% su mortalidad y en una cuarta parte, sus secuelas. El Servicio de Neurología del Chuvi lleva peleando unos catorce años por su creación. Lo logró el pasado mes de octubre, a raíz de la puesta en marcha del nuevo hospital y su necesidad se ha demostrado con una ocupación que no ha bajado del 80% desde sus inicios. Su atención no se completó hasta el segundo fin de semana de julio. Le faltaba una técnica, la trombectomía, de la que se puede beneficiar entre un 10 y un 15% de estos pacientes y que realizan los neurorradiólogos. Lo hizo prácticamente al mismo tiempo en el que se ponía en marcha el Plan Galego de Ictus, que coordina la respuesta a los accidentes cerebrovasculares con los servicios de emergencias del 061 y los hospitales gallegos. La suma de todo ello supone un cambio radical en la asistencia a un trastorno brusco e inesperado para el que la agilidad en el tratamiento es crucial.

El jefe del Servicio de Neurología, Jesús Romero, y uno de los dos coordinadores de la unidad, José Luis Maciñeiras -el otro es el doctor Sánchez-, destacan que lo que ha marcado la diferencia es la existencia de neurólogos de guardia que diagnostiquen, valoren y traten al paciente de forma precoz, así como la disposición de una unidad con seis camas monitorizadas -para controlar las constantes vitales- y vigiladas en todo momento por personal de Enfermería especializado -coordinado por Susana Pequeño-. Sin olvidar que todo el proceso está sometido a protocolos de coordinación y de cuidados "muy estrictos y exhaustivos". Desde su arranque, en el mes de octubre, les han llegado alrededor de 600 sospechas de ictus y se han confirmado 420. Prevén finalizar el primer año de actividad con entre 600 y 700 casos.

Sus seis habitaciones, tratando de que una o dos estén libres al principio de cada guardia y con una estancia media de 2 o 3 días, estuvieron por encima del 80% desde su inicio y ahora ya se mantienen "prácticamente al 100%". Cuánto más se asienta la unidad y se engranan los protocolos, más pacientes llegan. Los médicos consideran que, por el momento, el número de camas es suficiente, pero ven posible que "en un futuro no muy lejano" haya que ampliarlo. Entre otras cuestiones, si empieza a recibir más pacientes del resto del sur de Galicia para someterse a trombectomías o si tiene que asumir a la población de Povisa -un punto que ahora no está definido-. Lo que lamentan es que no sea una unidad delimitada, separada del resto de la hospitalización de Neurología, para proporcionar mayor tranquilidad.

Cuando no existía la unidad, una persona que llegaba a las urgencias del Chuvi con un ictus podía ser visto por un neurólogo a las pocas horas, al día siguiente o después del fin de semana. Todo dependía de cuándo lo sufriera, ya que estos especialistas solo estaban de 8 a 15 horas en días laborables y no había protocolos que indicaran qué hacer con estos pacientes. Ahora, la respuesta es cuestión de minutos. Si lo traslada el 061, la central de emergencias avisa al hospital para que un equipo con el neurólogo al frente lo esté esperando en la puerta de urgencias. Si ha llegado por su propio pie al hospital, es la enfermera del triaje la que llama inmediatamente al busca del especialista, que está un piso más abajo. Se traslada al box de REA, donde se explora para diagnosticarlo. Si se confirma el ictus, se avisa a Radiología, donde se le da "prioridad absoluta" para las pruebas de imagen necesarias y que antes no se hacían de manera inmediata. Conestos datos, sabrán a qué tipo se enfrentan y decidirán el tratamiento más adecuado. Todo ello, en menos de una hora.

La importancia de dar una respuesta ágil radica en el hecho de que "los tratamientos están marcados por tiempos". Dos de ellos -el intravenoso y el intraarterial- no se pueden utilizar pasadas cuatro horas y media y seis horas, respectivamente, desde la aparición del trastorno. Pero, además, los cuidados son más efectivos cuanto antes se apliquen. "Las opciones de que el paciente se recupere cambian totalmente con el paso del tiempo", destaca el doctor Maciñeiras y pone como ejemplo: "Si lo tratas con fibrinólisis en los 90 primeros minutos, hay un 30% más de posibilidades de recuperación".

El ictus es la interrupción del riego a una o varias zonas del cerebro, lo que las pone en riesgo de infarto al no llegar a las neuronas el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. Puede suceder por varias causas, pero las más habituales es que se rompa un vaso que surte al cerebro y se produzca una hemorragia cerebral -los de mayor mortalidad, el 20%- o que un coágulo lo obstruya -los isquémicos o infartos cerebrales, el 80%-.

En algunas hemorragias intracraneales o en isquémicos muy extensos -para descomprimir el cerebro en pacientes jóvenes- se opta por una intervención quirúrgica, de la que se encargan los neurocirujanos. Pero son pocos casos. Si el paciente está inestable y necesita intubación, se envía a UCI. En el resto, la inmensa mayoría, se mandan a las seis camas de la unidad de ictus. Allí, siempre que lleguen en cuatro horas y media y no tengan ninguna contraindicación, los neurólogos tratan los infartos cerebrales con un medicamento por vena para deshacer el trombo. Es la fibrinólisis. Antes de la apertura de la unidad de ictus, podían administrar este fármaco una vez al mes en el Xeral y otra en el Meixoeiro -32, en 2015-. Era poco habitual llegar a tiempo. En los nueve meses que lleva activa, casi han duplicado la cifra, con 55 tratamientos. En los que no funciona o en los isquémicos en los que no se puede poner, se valora con Neurorradiología la trombectomía.

El resto, son atendidos con la vigilancia y los estrictos cuidados médicos de la unidad. "Al prevenir o tratar precozmente una complicación, el paciente va a mejorar mucho antes y recuperar mucho más", defiende el doctor Maciñeiras. En una completa guía, pendiente de firma, se recogen desde los grados de inclinación a los que debe estar la cama, hasta las vías que se deben poner al paciente, cada cuánto se le toma la tensión, cómo tratar una convulsión o la fiebre...

Rehabilitación es otro de los pilares fundamentales de esta atención. El servicio ha asignado un médico a la unidad de ictus para que, desde el día siguiente al ingreso, lo valore y pueda iniciar el tratamiento -ya sea de fisioterapia, de logopedia o dirigido a las dificultades para tragar-, algo que antes se hacía más tarde. Además, los que sufran secuelas, pasan de este dispositivo a la hospitalización de Rehabilitación, en el Meixoeiro, para continuar con la terapia las semanas necesarias. Es el único complejo gallego con este circuito.

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