La ciudad independiente

Los vigueses han dado muestra otra vez de su libertad de criterio: seis meses después de otorgar una victoria histórica a Caballero, se entregan a En Marea. Diferentes elecciones, respuestas distintas. El PP sigue en horas bajas. El 20-D deja a los partidos con sentimientos encontrados

22.12.2015 | 12:30

"Esta ciudad no hay quien la entienda". Hace dos décadas, Manuel Fraga descargaba su frustración en un corrillo de autoridades locales, que se miraban con un rictus de sonrisa. Años más tarde, el presidente socialista Emilio Pérez Touriño se expresaba en términos parecidos. "¿Pero qué pasa con Vigo? ¡Es una ciudad imposible!" Quizá tuviesen razón porque para entender cómo son los vigueses, cómo actúan y por qué, lo aconsejable es haber nacido aquí. Sólo así se podrá entender, por ejemplo, que la libertad y la independencia de criterio, el gusto por el cambio e incluso cierto masoquismo les permite dar bandazos electorales y políticos sin traumas ni complejos. Esto es lo que acaba de ocurrir. Seis meses después de darle 17 concejales a Abel Caballero en una victoria histórica, los electores han entregado su confianza a En Marea, una formación sin peso institucional, sin líderes visibles y con un programa que una inmensa mayoría ignora.

El 20-D ha dejado diferentes secuelas emocionales en unos partidos que, sobre todo los veteranos, ya no se sorprenden de nada. Porque en cada cita electoral aquí sólo hay dos certezas: que los colegios abren a las nueve y cierran a las ocho y que alguien resultará vencedor. ¿Quién? Es la pregunta del millón. Y es que, ya se sabe, las urnas en Vigo las carga el diablo.

A En Marea le tocó el Gordo con dos días de antelación. La coalición de Podemos, Anova y Esquerda Unida acaparó uno de cada tres votos hasta alcanzar las 59.690 papeletas, un éxito de tal calibre que ni los más optimistas podrían haber aventurado, sobre todo si tuviesen en mente los resultados de las municipales de mayo -la única referencia válida-, donde se quedaron en 16.292 sufragios y tres ediles. Si entonces recibieron la noticia como un éxito sin precedentes, ¿qué decir ahora? A falta de análisis sociológicos más sesudos, es evidente que la alianza ha fagocitado a los votantes del Bloque y ha dado una importante dentellada a los socialistas.




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Los votantes de En Marea han apostado por el cambio y exigen una nueva forma de hacer política... en Madrid. Es un voto, más que de hastío, de rebeldía y quizá desesperación. El éxtasis les ha llevado a vaticinar un vuelco histórico en Galicia y en Vigo. Pero eso son palabras mayores. En Vigo, hace medio año los ciudadanos -por cierto muchos de esos miles que el domingo les votaron- encumbraron a Caballero. ¿Por qué van a retirarle su respaldo justamente ahora? ¿Por qué no?, replicarán ellos. La euforia tiene esas cosas, te hace levitar impulsada por una gigantesca ola y quizá perder un poco el sentido de la realidad. Pero de momento van a disfrutar del vuelo.

Cuando esperas recibir la peor de las noticias y la cosa se queda en un anuncio malo a secas, uno tiende a respirar con alivio. Esto le acaba de ocurrir al Partido Popular. Perder un 16% de apoyos y 23.000 votos es una mala cosa, pero no el fin del mundo. Todavía tienes a 48.700 que confían en ti. Y si además la caída está en la media de las otras ciudades, todos tranquilos. En el PP ven ahora la botella medio llena. El partido siente que está saliendo del monumental hoyo en el que quedó atrapado en las últimas elecciones municipales, con unos raquíticos 29.000 votos y un 11%. Pero, claro, toda comparación con ese cataclismo siempre será positiva. Porque la verdad es que el PP ha obtenido un muy mal resultado. Sin paliativos. Y el 20-D tiene otra lectura todavía más peligrosa. Da la sensación de que más vigueses se sienten predispuestos a votar al PP pero si no es al partido local, es decir, si le preguntan por el inquilino de La Moncloa. Así que en este caso ni siquiera sirve la excusa -todo un clásico- de sufrir un voto de castigo a Rajoy y al PP de la calle Génova, porque ese partido nacional acaba de triplicar los apoyos que le dieron los vigueses cuando presentaron una candidata local. Conclusión: el PP de Vigo tiene un serio problema: cuando su principal adversario se esnafra, ellos apenas crecen. La respuesta podría ser que, definitivamente, Vigo es una ciudad de izquierdas. O no, como diría el propio Rajoy.

Cuando partes de un éxito electoral sin precedentes -municipales de mayo, 73.500 votos y un 51% de apoyos-, el futuro que te espera es, siendo realistas, bajar. Uno no puede vivir permanentemente en la estratosfera. En el PSOE vigués lo sabían, pero, caray, el descenso ha sido propio de una montaña rusa. Perder la mitad de papeletas en tan poco tiempo no entraba en los planes más pesimistas de sus estrategas. Eran plenamente conscientes de que se libraba una batalla nacional pertrechados con una marca (PSOE), un liderazgo (Sánchez) y una campaña que, en verdad, no levantaban pasiones. Y también que sus candidatos socialistas de Pontevedra tampoco le iban a aportar un plus. Sí, todo eso se daba por descontado, pero el sopapo electoral les ha hecho un roto. La imagen de invencible se ha agrietado.

Los dirigentes socialistas de la ciudad, sin embargo, han adoptado una posición de serenidad. Ante todo mucha calma que recomendaría el siniestro Julián Hernández. Están convencidos de que, pasada esta turbulencia electoral, las aguas volverán a su cauce natural, que para ellos es un apoyo mayoritario de los vigueses. Sin embargo, este revés electoral puede haber alimentado dudas y miedos. ¿Habrá perdido la baraka Abel Caballero? Los excesos de confianza se pagan siempre y en política, mucho más. El alcalde habrá tomado buena nota. Como titulado en la Marina Mercante, sabe muy bien qué es un aviso a navegantes.

De fuerza emergente a la nada. El recorrido de Ciudadanos en Vigo se ha quedado en un uyyyyy!!!!, como ese balón que lleva trayectoria de gol da finalmente en el poste. Lograr 17.500 votos (casi un 10% del total) no es poca cosa, pero cuando las expectativas eran tan altas se queda en profunda decepción. El partido de Albert Rivera, un líder al que los vigueses lo conocen porque lo ven en la tele, pues no ha pisado la ciudad, protagonizó el fiasco de la campaña. Su candidato en Vigo, un hombre anónimo, no ha contribuido a impulsar un proyecto que, por otra parte, no tenía en cuenta ni una sola propuesta para la ciudad ni, de hecho, para Galicia. A los vigueses, como a todos, les gusta ver la tele, pero además reclaman a sus políticos presencia y atención directas. Ver la cara a los jichos. Que se lo pregunten a Caballero que tiene matrícula en el máster de "Pisemos la calle". Con el PP contra las cuerdas y un PSOE debilitado, Ciudadanos acaba de perder una oportunidad de oro y, quizá, ese AVE -ese mismo que rechazan para el sur de Galicia- ya no vuelva a pasar en mucho tiempo.

Definitivamente, con el Bloque se han agotado los adjetivos. Cuando parecía que peor no podía ser, zás, las urnas expresan lo contrario. Su debilidad es tan extrema que decir que está en la UCI casi es una muestra de generosa piedad. Pese a su travestismo de última hora al cambiar la marca de BNG -en apariencia lo más valioso que les quedaba- por un Nós que muchos electores no supieron identificar, los resultados de los nacionalistas son un horror. Apenas 5.000 votos. Tras mudar varias veces de liderazgo, de logos y de siglas, qué más pueden hacer (¿quizá cambiar de discurso y de estructura antediluvianos?). El empuje de En Marea sencillamente los ha aplastado y las posibilidades de resurrección son remotísimas. Aquella formación que tiempo atrás dirigió la ciudad es hoy una caricatura. Si la venganza se sirve en un plato frío, Xosé Manuel Beiras, el otrora pope nacionalista y hoy reverenciado líder de En Marea, se está dando un festín. Cada convite electoral es un motivo de pánico para el BNG. A este ritmo, la desaparición es una probabilidad muy elevada. Y entonces el último tendrá que apagar la luz.

Decir que UPyD ha sufrido un descalabro a nadie le sorprenderá. Pero cuando el Partido Animalista contra el Maltrato casi duplica en votos a ese partido fundado por Rosa Díez, ¿qué más se puede añadir?

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