La lamprea ayuda a entender el alzhéimer

El grupo Neurolam busca financiación para estudiar el sistema olfativo del pez y ya analiza muestras humanas para ver los efectos de la enfermedad en esta zona del cerebro

16.11.2015 | 01:57
Manuel Megías, Pilar Molist y Manuel Ángel Pombal, en el laboratorio de Neurolam, en Biología. // J. Lores

La lamprea es el ancestro más antiguo de los vertebrados, sin embargo, apenas ha evolucionado en los alrededor de 500 millones de años que lleva en el planeta y esto la convierte en un modelo de estudio de gran interés para entender los cambios experimentados en otras especies, incluido el ser humano. El grupo Neurolam, que estudia desde el 98 su sistema nervioso central, ha iniciado una nueva línea de investigación centrada en el sistema olfativo y en la que también incluye el estudio de muestras del cerebro de pacientes con alzhéimer y párkinson para determinar qué cambios genera la enfermedad.

El equipo, integrado por Manuel Ángel Pombal, Pilar Molist y Manuel Megías, ha solicitado financiación al ministerio para el estudio comparativo de la plasticidad neuronal del sistema olfativo del ratón, que ya está muy estudiado, y el de la lamprea. El objetivo es conocer qué transformaciones se producen a lo largo del complejo ciclo vital de esta última.

La lamprea pasa sus primeros 4 o 5 años de vida enterrada en el sedimento de los ríos y alimentándose por filtración hasta que alcanza su estado metamórfico y, al cabo de unos meses, se desplaza al mar, donde permanece entre 1 y 3 años viviendo como parásito de otros peces o incluso cetáceos. Es entonces cuando regresa a su hábitat original para reproducirse y morir. "Cada fase tiene unas necesidades y queremos intentar saber si se producen cambios a nivel celular y molecular", plantea Pombal.

Los datos obtenidos en este proyecto serían de gran utilidad para el trabajo que ya han empezado en su laboratorio de la Facultad de Biología para intentar determinar alteraciones en el sistema olfativo humano asociadas a enfermedades neurodegenerativas.

Sus análisis se centran en el bulbo olfativo, la parte del cerebro encargada de procesar e interpretar los datos que le llegan desde el epitelio, situado en la parte superior de la nariz. Las muestras de este tejido, de apenas unos centímetros y forma similar a una aguja, proceden de la unidad de Anatomía Patológica del Chuvi, donde el grupo cuenta con la colaboración de la doctora Alfonsín, así como de un biobanco de Murcia y de la Fundación Centro Investigación en Enfermedades Neurológicas (Cien) de Madrid.

Los investigadores de Neurolam disponen de material de pacientes con alzhéimer y párkinson, así como de cerebros sanos. "Ya hemos empezado con los primeros experimentos y estamos poniendo a punto el método de estudio. El tejido postmorten pude sufrir retracciones y modificaciones que dificultan el trabajo. Por eso buscamos marcadores y variables que no estén afectados por estas alteraciones para hacer cuantificaciones finas que sean de interés", explica Manuel Megías.

Sus resultados, insisten los miembros del equipo, no curarán estas patologías pero sí ayudarán a aumentar el conocimiento sobre ellas, el primer paso para poder combatirlas. "El sistema olfativo se considera un indicador precoz de estas enfermedades ya que gran parte de los pacientes tienen problemas. Hay trabajos sobre expresión de moléculas y cambios de volumen pero todavía no son definitivos. Nosotros intentaremos determinar si se producen esas alteraciones a nivel morfológico", apunta Pombal.

"Si sabes dónde tienes que buscar esas modificaciones puedes reproducirlas en un modelo animal. Y esto es muy interesante para los estudios médicos", añade Megías.

La intención de los investigadores vigueses también es estudiar dentro de este proyecto el sistema olfativo de cerebros sanos para conocer los efectos del envejecimiento natural.

A lo largo de su trayectoria, el grupo Neurolam ya ha descrito en colaboración con destacados investigadores suecos los circuitos neuronales de la lamprea equivalentes a los que están implicados en el párkinson en el caso de los humanos.

Las lampreas son un modelo muy utilizado para estudiar cómo se origina y se controla el movimiento en vertebrados. Además de su simplicidad, el cerebro y la médula espinal pueden ser extraídos y mantenidos "vivos" durante varios días para desarrollar experimentos irrealizables con otros animales.

"Los cerebros de las lampreas tienen características similares a los de los vertebrados y realizan las mismas funciones pero el sistema de circuitos es más simple, por lo que resulta mucho más sencillos su abordaje", destaca Pombal, que estudia esta enigmática especie desde el año 88.

Solo hay otra especie tan antigua como las lampreas, los mixines, pero viven a profundidades abisales y, por tanto, ofrecen mucha menor disponibilidad a los científicos para su estudio.

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