El eslabón más débil del maltrato

Un estudio de la Universidad con 132 menores gallegos ratifica que los niños que son testigos de la violencia entre sus padres sufren efectos psicológicos y en su conducta

31.10.2015 | 02:02
La autora del estudio, Sandra Carracedo.

La violencia en la pareja no puede silenciarse tras la pared de un cuarto. Aunque no sean víctimas directas, los hijos son muy permeables a estas situaciones familiares y sufren secuelas a nivel psicoemocional que se mantienen tras la ruptura de la convivencia y que, en ocasiones, si no se tratan a tiempo pueden derivar en problemas psicológicos. Una investigación desarrollada en la Universidad de Vigo ratifica la existencia de estos efectos tras evaluar a 132 niños de entre 6 y 12 años y aboga por incluir a los menores en los protocolos de intervención.

"Los niños tienen una hipersensibilidad para percibir la tensión entre sus padres. Pueden escuchar los enfrentamientos desde su habitación o los comentarios de policías y otros adultos. Todo esto lo van interiorizando y hay estudios que equiparan a los menores que son víctimas directas de maltrato, que resultan más fáciles de detectar, con aquellos que son testigos de la violencia entre sus padres, con consecuencias futuras muy parecidas en ambos casos", destaca la autora de la investigación, Sandra Carracedo.

Su trabajo compara los casos de 66 niños que sufrieron situaciones de violencia de género con otros 66 que no estaba afectados por este problema. En todos ellos, Carracedo realizó una evaluación psicoemocional de los menores y también una entrevista personal con sus progenitoras.

En el grupo de riesgo ya se había llegado a una situación judicial y a la ruptura de la pareja. "Buscaba una población lo más natural posible, en la que ya no hubiese una situación de emergencia, ya que la mayoría de estudios se centran en este tipo de circunstancias, cuando la madre y los hijos, por ejemplo, están en un centro de acogida. En esta investigación, los niños siguen en su mismo colegio, ven a sus padres y viven en una situación bastante normalizada", explica Carracedo.

La investigadora contó con la colaboración del servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario de Santiago para localizar los casos, así como de pediatras de Atención Primaria de diferentes centros gallegos, del Centro de Información á Muller de Bueu y de varios centros escolares de la comunidad.

Los resultados corroboran la hipótesis inicial sobre los riesgos a los que se exponen estos menores: "No hace falta un maltrato explícito para que se produzcan consecuencias a nivel psicoemocional y conductual en muchos planos de su vida: familiar, escolar, social y personal. La violencia afecta de forma importante no solo al agresor y a la mujer, sino también a los niños y si no se gestionan estas situaciones pueden acabar desencadenando a largo plazo un problema psicológico. Aunque los padres dejen la convivencia y la situación finalice, queda un poso en el niño que ya ha adquirido una entidad y que influye en su manera de relacionarse o de afrontar las tareas del cole. Sigue siendo difícil para ellos".

Así las cosas, la autora aboga por introducir a los menores en los protocolos de actuación contra el maltrato. "Tal y como está el mapa de recursos es complicado pero tanto el Comité de los Derechos de los Niños de Naciones Unidas como las legislaciones europeas y españolas van por este camino. Hay que trabajar con estos menores, no solo con los que tienen acceso a una casa de acogida y otros recursos de emergencia", apunta.

Carracedo, natural de O Barco de Valdeorras, es licenciada en Psicopedagogía por Santiago y ha cursado el máster vigués de Menores en situación de desprotección y conflicto social. Este trabajo conforma su tesis doctoral, realizada dentro del grupo de Psicología Jurídica de la institución olívica y dirigida por la catedrática Francisca Fariña.

Su investigación se inscribe además en un proyecto más amplio de las universidades de Vigo y Santiago financiado por el Instituto Carlos III de Madrid en torno a la ruptura parental como factor de estrés tóxico en la infancia y su impacto en la salud física y psicoemocional de los niños.

El estudio de Carracedo supone la base necesaria para seguir analizando qué variables agravan las consecuencias de la violencia en la pareja o actúan como protectoras y así poder valorarlas a la hora de abordar la historia de cada niño.

"La ruptura o la edad del menor pueden afectar más o menos. A veces, la situación empeora tras la separación de los padres porque los niños se utilizan para acercarse o hacer daño a la madre. Este proceso puede hacer que la violencia aumente exponencialmente o incluso que aparezca aunque antes no existía", argumenta.

"La violencia de género es un problema de salud pública a nivel mundial. Hemos avanzado mucho en la última década pero tenemos que seguir mejorando en aspectos como éste. El objetivo es intentar construir una sociedad responsable en el futuro y eso pasa por atajar este problema cuanto antes", reflexiona.

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