1888 Fue noticia en

De romería en Bouzas

Crónica, el 25 de mayo de 1888, de los tres días de fiesta en la villa, en honor de su patrón, el Buen Cristo de los Afligidos

25.05.2013 | 00:00

Las fiestas del Buen Cristo de los Afligidos en la villa de Bouzas merecieron crónica especial el 25 de mayo de 1888, en la que se destaca el suave ambiente "que perfumado por las flores venía embalsamado de ricos y agradables olores". Misa mayor en la iglesia parroquial, iluminación a la veneciana y quema de fuegos artificiales, "porque la pirotecnia es ya una diversión pública y no cosa de reyes y magnates como hace cien años". La música, a cargo del regimiento de Murcia y una banda portuguesa y para completar la fiesta, paseo por la alameda y rosquillas de Ribadavia.

Fiestas del Buen Cristo de los Afligidos en Bouzas, que merecen amplia crónica el 25 de mayo de 1888. "Cuando apenas el domingo último abrimos los ojos, dice el cronista, a la luz del día, corrimos presurosos, y por la anchurosa carretera de Bayona, aspirando el suave ambiente, que perfumado por las flores venía embalsamado de ricos y agradables olores, llegamos a la vecina villa de Bouzas, en la que confundidos con la muchedumbre, entramos en el templo a pagar el óbolo de nuestra visita al Buen Cristo de los Afligidos".

Ya en el templo, esperaron impacientes diera principio el Santo sacrificio de la misa, y una vez empezado éste, aguardaron con ansia llegara el momento de ver ocupada la cátedra sagrada para oír con regocijo la bella peroración pronunciada por el prior de la Colegiata Sr. Sánchez Patiño.

La concurrencia se componía en su inmensa mayoría de los hijos del pueblo, intrépidos marineros. Salieron del templo "no sin antes haber escuchado con singular complacencia las voces y orquesta de la capilla de Oporto", ambicionando respirar la suave brisa que en sus primeros albores nos regalara la mañana.

Repleto el estómago y en activo ejercicio las funciones digestivas, tornaron por la tarde a ser actores de fiesta tan alegre y placentera. No se cansaron de admirar el encantador ropaje de la hermosa campiña, ni el verdor admirable y placentero de los árboles y pintorescas colinas, ni la majestad esplendente del mar que ofrecía por doquier el cuadro más bello que imaginar pueda la mente de un artista; cuando divisaron la efigie del Buen Jesús, "que en solemne procesión era llevado por el pueblo", esperaron a que ésta terminara dando algunas vueltas por la alameda, profusamente iluminada con farolillos a la veneciana, hasta que el estampido de varias bombas les hicieron conocer que debían presenciar la quema de los fuegos artificiales, "porque hoy es corriente, y más en esta tierra, que la pirotecnia constituye una diversión pública, como hace cien años solo era propia de reyes y magnates". Con la quema de los fuegos alternaban la brillante música del regimiento de Murcia, y la portuguesa, tocando escogidas piezas de su mejor repertorio, a cuyos acordes rendía culto aquella apiñada y alegre juventud, que las circundaba satisfecha.

A muy altas horas de la noche abandonaron "aquella ordenada confusión" para volver en la tarde del lunes. Y en verdad que merecía la pena molestarse por segunda o tercera vez. "Encajonados en estrecho carruaje, y esperanzados de presenciar un espectáculo parecido al que tuvimos el placer de admirar el día anterior, rápidos cruzaban a nuestros ojos los árboles y caseríos, dando por fin arribo al sitio de nuestros anteriores regocijos".

La alameda

Era de ver el animado y bullicioso campamento que rodeaba "la pequeña planicie que se extiende a un lado y otro del paseo central de la alameda; las sencillas aldeanas bailaban con más o menos acompasado vaivén, mientras que otros, los más, refrigeraban su estómago con el néctar de Baco; por el paseo se veía andar de uno a otro extremo lo más selecto de la sociedad viguesa, resaltando en medio de tal algazara, el rostro angelical de tanta bella y simpática señorita, que acompañadas de sus respectivas familias, acaso acudido habían a rendir tributo a otro dios que, oculto en el fondo de su corazón, deseara desligarse de la venda con que la mitología nos lo representa".

Por fin, siguiendo la corriente, pagaron el óbolo merecido a la fiesta comiendo algunas rosquillas "que si no de la Tía Javiera, eran de Ribadavia, que para el caso lo mismo da". En resumen: la vecina villa de Bouzas puede estar orgullosa del anual tributo que rinden al que miran como Ángel Tutelar en sus alegrías y desgracias durante los tres días que han durado las fiestas.

 

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