CARLOS PREGO
La de ayer terminó siendo sin esperarlo una noche de tensión para cientos de viajeros. A última hora de la tarde la compañía catalana Spanair confirmaba lo que había sido un rumor durante todo el día: la difícil situación económica que atraviesa la aerolínea le ha llevado a suspender todos sus vuelos a partir de la pasada noche. La dirección de la empresa no descarta incluso presentar un concurso de acreedores ante su "falta de viabilidad financiera". Para Vigo el anuncio supone la cancelación de dos frecuencias diarias a Barcelona (cuatro vuelos) los lunes, jueves y domingos y de una el resto de jornadas (dos vuelos). En total sumaban 20 servicios a la semana. El único enlace con la capital catalana desde Peinador lo operará a partir de ahora Vueling, que ofrece en la actualidad una frecuencia diaria de ida y vuelta entre Vigo y Barcelona.
La decisión de Spanair corona una racha de malas noticias para la terminal viguesa. Si a mediados de enero se conocía que en 2011 Peinador no había franqueado la barrera psicológica del millón de usuarios, el panorama que se abre para 2012 no pinta mejor: Air France ya anunció su decisión de suprimir en marzo un enlace con París, Air Nostrum eliminó un vuelo a Valencia y reducirá a la mitad el de Bilbao y Air Europa mantiene en la cuerda floja sus cuatro conexiones con Madrid. En septiembre incluso Spanair anunció que reduciría sus vuelos semanales con Barcelona de 26 a solo 20.
Los más perjudicados por la decisión de la aerolínea catalana fueron sin embargo los pasajeros a los que ayer la noticia sorprendía en la terminal. Mónica y Alberto –una pareja que ayer aterrizó en Vigo en el vuelo de las 19.55 horas procedente de El Prat– no daban crédito al anuncio. "No puede ser. A nosotros nadie nos comentó nada... ni siquiera sabíamos que Spanair estuviese tan mal", confiesa Mónica, que ya se planteaba pedir información en los mostradores de Peinador. Su situación no era la peor. Otra pareja viguesa que pretendía pasar el fin de semana en Barcelona optaba por volver con las maletas a casa cuando se enteraba de que su vuelo del domingo con Spanair "quedaba en el aire". Iria Rodríguez –una estudiante de Erasmus que había contratado con Spanair un vuelo a Copenhague previa escala en la capital catalana– reconocía "no saber qué hacer". "Iré a la oficina del consumidor", comenta mientras intenta contactar por teléfono con las operadoras de la aerolínea. Otros, como María Lorenzo, una joven viguesa, respiraba aliviada: "fue mi madre quien me dijo lo que pasaba pero pensé que era una broma. Tuve que verlo en la tele para créermelo". Miguel del Castillo, que recibió la noticia en Barcelona, comenta que en el propio vuelo "las azafatas no sabían nada". "Nadie sabía como iba a terminar la cosa", apunta.