D. BALADO / A. BLANCO
Quienes trabajan en las inmediaciones del puerto no se dan por vencidos y apuestan porque la ciudad recupere pronto su condición de cabecera de trasatlánticos de alguna naviera dispuesta a ocupar el espacio dejado por Iberocruceros. Y es que en tiempos de crisis cualquier pequeña baja en la clientela es una mala noticia y, si por algo destacan los cruceristas –aseguran– es por consumir en los locales comerciales y hosteleros de la zona.
"Sin los cruceristas en este centro comercial no venderíamos nada. Hoy no hay barco y mira cómo están los pasillos, vacíos, dan ganas de ponerse a llorar", afirmaba ayer Raquel, la encargada de la tienda de ropa y complementos TBY del centro comercial A Laxe y que reconoce que cuando faltan los turistas "te pasas el día doblando esto o aquello, ordenando una y otra vez lo que ya está ordenado y al final llegas a casa con la sensación de que has perdido todo el día".
Sus declaraciones las confirma Juan, uno de los camareros del Coffe Shop del centro comercial que asegura que la pérdida del Grand Voyager "nos afecta, porque para nosotros es un número importante de clientes a mayores de los habituales" y añade como ejemplo que "la diferencia entre un día sin cruceros y un día con cruceros es hacer una buena caja o hacer una muy buena caja".
José Manuel, propietario de la cafetería Codorniz de la calle de las ostras, va más allá y además de lamentar la pérdida del la base de cruceros – "todo lo que sea reducir turistas para nosotros es malo", asegura– considera que "Vigo se merece trasatlánticos más grandes, no como el Grand Voyager que estaba bien para el Mediterráneo, pero no para el Atlántico" por lo que a su juicio lo que tendría que haber hecho la empresa es cambiarlo por "un gran crucero capaz de navegar frente a Portugal sin problemas" . Y ello porque considera que turistas dispuestos a embarcar en Vigo no iban a faltar ya que "es una de las pocas ciudades en las que el puerto está cerquísima del centro, sales del hotel y tienes el barco en la puerta".
Otra opción es la propuesta por Juan, dueño la cafetería vecina que aunque reconoce que perderá clientes se muestra contrario a que la Xunta o el Concello inviertan en la promoción de Vigo como puerto base de cruceros como lo hacen con las aerolíneas de bajo coste. "Cada uno tiene que vender lo que puede y no pedirle a los demás que le paguen para hacer negocio", responde rechazando cualquier intervención de la Xunta o del Concello que según él "lo que deberían hacer es adecentar la zona, convertir el Casco Vello en un barrio bonito para que los cruceristas vengan por el encanto de esta parte de la ciudad".
Negocios "llenos"
Rubén Salceda, propietario del café-bar Ingravito, sito en la plaza de la Constitución, opina lo contrario:"Yo sí soy partidario de que la Xunta invierta en este tipo de cosas", dice tajante. Y es que afirma que para la supervivencia de su local la presencia de cruceristas es "fundamental": "Vienen, llenan el café, consumen mucho y al pagar incluso te dejan alguna propina" atestigua.
Otro tanto estima el propietario de una de las tiendas de regalos del barrio que, aunque prefiere mantenerse en el anonimato, sí está dispuesto a admitir que el hecho de que Vigo deje de ser base de cruceros le puede afectar a su negocio "porque son los turistas que vienen en los barcos los que se acercan a la tienda a comprar elementos típicos de Galicia como los hórreos, tazas conmemorativas o camisetas con el nombre de la ciudad".