A. MÉNDEZ
El Seminario Mayor de Vigo se adapta a los nuevos tiempos. Lejos de recibir únicamente a jóvenes sin apenas formación, al centro llegan cada vez más hombres adultos cualificados, procedentes de la universidad o de la empresa privada. Alberto Novoa y José Ángel Outeda son un claro ejemplo del cambio y hoy reciben el ministerio del acolitado, último peldaño antes de su ordenación sacerdotal, con 60 y 44 años, respectivamente. Afrontan su sexto curso junto a Ángel Carnicero, Licenciado en Historia que en el año 2005 decidió dar un vuelco a su vida y dedicarla a los demás.
"Es un proceso enriquecedor. La Iglesia necesita gente joven y entusiasta, pero también personas con experiencia y una trayectoria vital diferente y de un mayor recorrido", sostiene Alberto Novoa, el más veterano de los 19 seminaristas de Vigo y al que más ha costado renunciar a su independencia por una vida en comunidad.
La convivencia es el principal reto que afrontan los miembros de un grupo tan diversificado como el del Seminario Mayor vigués, donde conviven hombres desde los 22 a los 60 años. Éste es un fenómeno relativamente reciente y desde el propio Obispado informan de que "es cada vez más frecuente que gente con carrera universitaria o después de estar trabajando durante años en alguna empresa decidan ingresar en el Seminario". Completan esta lista de casos atípicos un alumno que ingresó tras completar los ocho años de carrera de piano o un ingeniero que trabajó en PSA.
La crisis o una insatisfacción con el modelo de vida actual subyacen tras muchas historias, aunque en el caso de los seminaristas de Vigo ninguno parece responder a este perfil. Todos aseguran que estaban satisfechos con su vida anterior, aunque más ahora camino del sacerdocio. "Tuve vocación desde la adolescencia, pero al finalizar los estudios me puse a trabajar y no fue hasta muchos años después cuando tomé la decisión", explica José Ángel Outeda, que llegó con 39 años al Seminario, donde le quedan junto a sus otros dos compañeros un mínimo de seis meses de formación hasta que el obispo, Luis Quinteiro Fiuza, ponga fecha a su ordenación.
Cambiar de vida a los 40 o los 50 años es muy diferente a ingresar en el Seminario con 18, por lo que todos los alumnos valoran el respaldo de la familia y de los amigos. "No todos lo entienden, pero la gente que te quiere lo respeta igual que en cualquier otra profesión", explica Ángel Carnicero.
Alberto, José Ángel y Ángel cumplen hoy con una de sus últimas etapas antes de asumir el sacerdocio y en un nivel anterior se sitúan Daniel Goberna, Luis Manuel González, José Antonio Eiró y Santiago Manuel Fernández, que hoy reciben el ministerio del lectorado. El último de ellos tiene 35 años y sigue un plan reducido de dos años porque completó sus estudios de Teología fuera.