REDACCIÓN
Mientras los vecinos de Valladares sacaban a San Campio en procesión para exaltar sus propiedades curativas, en el parque de Ferreira olía a sardinas y a pan de ´millo´ recién salido del horno y las "veteranas" quemaban rueda en un recorrido motero por el centro de la ciudad.
Los casi 30 grados que ayer alcanzaron los termómetros no impidieron que muchos cambiaran la playa por un domingo de romería y jornada gastronómica al aire libre. Cerca de 2.000 personas se acercaron a Valladares para celebrar su día grande con la procesión de San Campio. Tras el recorrido religioso para honrar al "abogado de las causas difíciles, los enfermos y capaz de combatir hasta al propio diablo", según sus fieles, los tres chiringuitos de fiesta y el bar apuraban las raciones de churrasco, pulpo, empanada e incluso ostras y pollo asado.
"Hace calor pero hay más gente que el año pasado, diría yo. Han venido vecinos del barrio que viven en Venezuela y en Madrid. Otros que trabajan en el Ejército y que están destinados en Estaca de Bares o Torrejón de Ardoz. Incluso vecinos de Beade y también el alcalde, Abel Caballero, y autoridades municipales", explicó Gregorio Álvarez, presidente de la Asociación de Vecinos de Valladares. No solo tocó la banda de música del barrio; también actuó la de Beade y, después de comer, partido de fútbol del Torneo San Campio. ¿De noche? Verbena.
San Andrés de Comesaña no se quedó atrás y repartió pulpo, empanada y decibelios de música tradicional aprovechando el último domingo del mes, pese a competir con la 24º edición de la Fiesta do Pan de Millo de Cabral, organizada por su centro cultural. Mantel de cuadros sobre la hierba del parque forestal de Cotogrande, los cinco puestos de comida despacharon cerca de 1.200 kilos de pan de ´millo´ (también llamado broa o boroa) a 3,5 euros la ración, sardinas a 1,5 euros, empanadas a 11 y de postre: tarta de Santiago y bica. Cientos de curiosos acudieron, aprovechando la sombra de carballos, castaños y pinos, a esta fiesta gastronómica declarada de interés turístico por la Xunta. "Llevan dos días trabajando a tope para tener todo listo, pero vale la pena", resaltaba ayer un vecino, satisfecho por el éxito.