E. O.
Una furgoneta que subió la acera de Gran Vía, supuestamente para sobrepasar a otros vehículos parados en un semáforo, lo embistió a pocos metros de El Corte Inglés, en pleno corazón de Vigo y luego se dio a la fuga. Fue el único herido de la peligrosa maniobra de un conductor que pocas horas más tarde resultó detenido. El golpe que sufrió dejó un reguero de sangre en la calzada, que le ha supuesto hasta trece puntos de sutura en la cabeza y la reconstrucción del lóbulo de la oreja, además de diversas contusiones en las extremidades y un hombro. Él no conduce y aunque, a priori, tendría la mitad de probabilidades de sufrir un accidente de tráfico que cualquier conductor habitual –al igual que su hijo, que tampoco toca el volante–, la estadística se volvió este lunes en contra de ambos. A su hijo, de idéntico nombre, el vehículo le pasó “rozando” y tuvo que esquivarlo “dando un salto a la derecha”.
–Y es mala suerte, ¿no?
–No, porque dentro de lo que cabe, estoy bien. A ver, no para dar saltos pero podría ser mucho peor. Fue una suerte que me atropellase sólo a mí, porque tal y como iba, podría haberse llevado a cuatro o cinco por delante.
–¿Cómo recuerda el accidente?
–Bajábamos por Gran Vía, en la acera de El Corte Inglés, en dirección a Urzáiz. No sé exactamente a qué altura estábamos, caminando por la acera. Había mucha gente por allí y de repente oí a mi hijo gritar, a la gente gritar... Cuando me di cuenta, sentí un choque en esta parte de hombro (señala al omóplato). No sé si perdí el sentido, probablemente no, pero cuando me desperté ya estaba en el suelo sangrando y fui consciente de que aún vivía. Más que yo, quien lo vio fue mi hijo que venía a un paso de mí y puede decir cómo fue. Él vive en Suiza y está aquí de vacaciones... De hecho mañana mismo [por hoy], nos íbamos para visitar a familiares en Madrid, en el tren nocturno.
– Él estará enfadadísimo.
–Más que enfadado, estaba preocupado. Él tenía más shock que yo tras el accidente. La primera idea que tuve es que el conductor iba borracho o que se le había ido el volante, pero los coches de hoy en día son muy seguros.
–¿Cuántos metros recorrió por la acera?
–No lo sé. Me han dicho que el golpe me hizo volar unos cinco metros. Lo peor fue la caída. Lo bueno es que podría haber pillado a cuatro en la acera, ¡entre ellos a mi hijo! Yo iba dos pasos delante y me cogió de pleno.
–¿Iba muy rápido la furgoneta?
–No la vi, Julio (su hijo) dice que a más de cincuenta, pero él tampoco conduce, así que no somos ninguno de los dos buenos jueces sobre velocidad. Pero se sabe que el tráfico de Gran Vía hacia abajo va rápido.
–Estaba usted tan tranquilo de vacaciones...
–La madre de mis hijos es viguesa, es de San Roque y ahí creció nuestra familia. Ahora que me jubilé, me vine para aquí a un piso en Coia.
–¿Qué condena pide para el conductor de la furgoneta que lo arrolló?
–Si, con la Ley en la mano, el juez tiene que darle un castigo, por mí vale. Pero egoístamente, estará todo bien sólo con que me devuelva el audífono que perdí en el accidente y el billete a Perú, si es que lo pierdo.
–El conductor, que se dio a la fuga, quedó en libertad.
–Lo justo es que lo pague. Algo tenía que haber tomado. Estamos estudiando el protocolo en la Policía, pero de momento no hemos denunciado.