A. MÉNDEZ
Silverio Rivas trabaja desde marzo en uno de los proyectos más importantes de su carrera. El artista elegido por el Concello para representar los 200 años de la ciudad tiene ya diseñada la escultura que coronará la nueva Plaza del Bicentenario, en el cruce de Venezuela con Camelias, y que aspira a convertirse en un elemento de comunión entre el centro y las parroquias. Tras cultivar la piedra y el bronce, para el "árbol bicentenario" el artista de Ponteareas ha optado por las texturas metálicas "para construir algo espacial, dar la sensación de una pieza que germina y que al mismo tiempo sirve de referencia a los astilleros y el núcleo industrial de la ciudad".
Hay un segundo motivo por el que seleccionó el acero inoxidable: su intención de dotar de luz al conjunto. "Buscaba desde el principio darle luminosidad y crear un juego de luces y reflejos que evoque la textura del mar y establezca una comunicación con la ría", explica entusiasmado su autor, formado en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo y poco amigo de los focos.
Aunque ahora es sólo una maqueta, la escultura final con forma de olivo la formarán planchas de acero de seis metros de largo por 1,50 de ancho procedentes del País Vasco, donde se someten al proceso final de pulido. Es ésta una de las partes que más preocupa al artista, que pese a la dureza del material, centra su empeño en conseguir "un acabado delicado y una ejecución perfecta. Quiero que hasta el último milímetro esté bien desarrollado", explica mientras recuerda cada uno de los bocetos sobre los que ha evolucionado su idea original.
Protagonismo
Primero trabajó la figura de la torre, luego el olivo y pronto surgió la necesidad de repartir protagonismo en un momento clave en la historia de la ciudad. "La pieza es un homenaje a las zonas de la periferia viguesa y al papel que jugaron en la construcción de Vigo. Mi intención era simbolizar que la ciudad es fruto del esfuerzo conjunto del centro y las parroquias", cuyo nombre aparecerá grabado en las hojas del árbol.
Uno de los conceptos constantes en la obra de Rivas y que se repite en la escultura del 200 aniversario de Vigo es la integración de dos piezas en un mismo elemento. En este caso, son las dos paredes de la torre las que se elevan por entre las ramas de un olivo ficticio que se erige hasta formar un mapa completo del municipo.
Hace unos días el autor recibía en su estudio de San Xoán de Páramos (Tui) la visita de Abel Caballero para supervisar el trabajo, pero el exámen definitivo al que se someterá Silverio Rivas llegará en octubre, con la inauguración de la escultura y la remodelación del eje Venezuela-Camelias. Para entonces, el escultor deberá tener definido el detalle con el que más le está costando acertar y que supone la introducción de un nuevo elemento en su trayectoria:las leyendas. "Trabajé mucho en la definición de los tipos de letra y su proporción porque quiero que los nombres se lean pero no a primera vista. Quiero que la gente se acerque y vaya descubriendo fortuitamente el nombre de sus parroquias".
Con esta magia espera dotar el autor a una obra concebida como un todo y que no necesitará de ninguna placa para explicar su contenido. Las dos paredes de acero que representan la torre y sustentan el peso de la escultura llevarán grabadas con láser las referencias al Bicentenario de la ciudad y el año del aniversario, 2010, en número romanos. "Quiero que la escultura se explique por sí misma, como un todo", argumenta su autor ilusionado ante la fase decisiva, convertir la maqueta en una realidad con una altura equivalente a un edificio de dos plantas.