JAVIER MOSQUERA
La procesión del Cristo cumple doscientos años. Aunque el nombre de "Cristo de la Victoria" no es atribuible a los hechos acontecidos durante la invasión francesa en la por entonces villa de Vigo, sí lo es la institución de la procesión anual en 1810, celebrada originariamente una mañana del 28 de marzo, para más adelante ocupar las tardes del mismo día como conmemoración del Día de la Reconquista.
En ese año, "y por la tranquilidad que disfruta esta ciudad y todo su contorno desde el 28 de marzo del año pasado de 1809, en que la Divina Providencia ejerció con sus naturales su gran piedad en libertarle del yugo del tirano enemigo...", el Ayuntamiento decidió "establecer por día festivo el 28 de marzo de cada año como el de nuestra libertad, que se ha de dedicar enteramente al culto divino y de la venerada efigie del Santísimo Christo de la Victoria con la función más clásica que se acuerda".
Los primeros años la procesión discurría por las calles próximas a la iglesia, saliendo de la misma para transcurrir por la plaza Vieja o De las Cebollas, subía por la plaza de la Campucha, hoy Méndez Núñez, San Vicente, calle Chao, bajaba por la rúa Alta y continuaba por la calle real, hasta regresar a la plazuela del templo de donde había partido.
Señala Monserrat Rodríguez Paz en su libro Santa María de Vigo, la iglesia madre de la ciudad que a medida que el pueblo crecía se iba alargando la procesión, pero siempre dentro del recinto amurallado. "No se sabe si el deseo de las monjas de clausura del Areal de rendir pleitesía al Redentor o si a eso se unió el hecho de que la ciudad empezó a crecer extramuros, a mediados del siglo XIX, ganándole terrenos al mar, pero lo cierto es que la procesión pasó a recorrer la calle Campucha, la plaza de la Constitución, y las calles Imperial y Gamboa".
Por esa puerta salía a la calle Victoria, seguía por la verja de la alameda hasta el convento de las franciscanas, cuya clausura les impedía participar directamente en la procesión, por lo que ésta se detenía unos minutos en el lugar, delante del cual la orquesta ejecutaba alguna pieza y el Cristo hacía una reverencia y regresaban por donde habían venido.
Durante la construcción del templo neoclásico de Santa María y debido a la poca capacidad de la capilla de la Misericordia, la iglesia de San Francisco en O Berbés sirvió de punto de partida de la procesión.
Los vecinos de Príncipe
El recorrido de la procesión experimentó un cambio fundamental en 1862, cuando los vecinos de la calle del Príncipe solicitaron que pasase por allí de regreso del convento de las monjas y el pleno del Ayuntamiento aprobó la instancia. A partir de esa fecha pasó a recorrer las calles de la Oliva, Gamboa, plaza de Compostela, Colón, Príncipe, Porta do Sol, plaza de la Constitución, Triunfo y Colegiata.
Esa calle, ya por entonces eminentemente comercial y con gran peso en el entramado social, era decorada con farolillos para el paso de la procesión y en 1879, estando en Vigo una compañía teatral, su director decidió iluminar la efigie con un foco luminoso Drumond, de luz de calcio, lo que causó gran sensación entre los vigueses. En 1880, López de Neira instaló uno en su domicilio para alumbrar el paso del Cristo a su paso por la calle del Príncipe.