A. MÉNDEZ
Concesionarios, sedes políticas, de la patronal, sindicatos y viviendas particulares. Los objetivos de los 16 artefactos incendiarios colocados en el sur de la provincia en los últimos tres años han atacado a todos los sectores de la economía y, quizá por eso, han generado entre los afectados lo que ellos mismo denominan "corriente de solidaridad". Cada nueva explosión es un golpe a su memoria que les obliga a revivir recuerdos que se esfuerzan por superar. Los trámites con las aseguradoras para reparar los daños materiales y el que hasta ahora no se haya detenido a los responsables les impiden cerrar este sombrío capítulo.
"Cada nuevo caso te recuerda lo que tú has vivido". (Atentado en Nigrán). "La clave está en detener a los responsables porque cada nuevo ataque te hace revivir lo sucedido", reconoce el portavoz del PP de Nigrán, Alberto Valverde, cuya sede fue atacada el pasado 19 de abril con un artefacto atribuido a Resistencia Galega. El partido se ha esforzado desde entonces por trabajar con normalidad, mantiene su sede y tiene claro que "lo mejor es seguir adelante para que no consigan su objetivo de incomodarnos".
"No podemos permitir que nos cambien la vida". (Chalé de Coruxo). Con esta filosofía se enfrentó el edil Xulio Calviño al ataque con un cóctel molotov sufrido por su chalé de Coruxo el pasado mes de abril. Los primeros días fueron de intensa preocupación para la familia, pero con el tiempo asegura que "hemos procurado que nos afecte lo menos posible". El peor momento, reconoce, es cuando se reproducen los incidentes, momento en el que "surge de inmediato una corriente de solidaridad y nos ponemos en contacto unos con otros".
Recuerdo a los vecinos, las otras víctimas. (Foncalor) El vínculo que se crea entre los afectados lo agradecía ayer Carlos Romero, presidente de Foncalor, último objetivo de los violentos la madrugada del martes. Preocupado por esta segunda explosión, agradeció las llamadas inmediatas de los sindicatos, de empresarios y de anteriores objetivos en unos duros momentos en los que sus seis empleados acuden a trabajar con parte del mobiliario destrozado. Romero se acordó de los vecinos de Martínez Garrido, que por segunda vez en un año se convierten en víctimas colaterales.
"Si el problema se mantiene será que no se tomó en serio". (Comité de Vulcano). Todos los damnificados intentan minimizar las secuelas regresando a la rutina lo antes posible. "Sigo con mi vida normal, pero cuando el problema se mantiene es porque no se ha tomado en serio desde el principio", advierte Antonio Fernández Vidal "Sesé", presidente desde del comité de empresa de Vulcano. Dos cócteles molotov impactaron contra su casa en junio y, aunque sereno, reconoce que "he llegado a plantearme el seguir involucrado en el sindicato. Yo no vivo de esto, sino de mi trabajo", reivindica tras 40 años en el naval. Su caso lo enmarca "dentro de la conflictividad del sector" y las dos soluciones que advierte es la detención de los responsables de los ataques y, en el caso del naval, "más transparencia y que se dejen de crear falsas expectativas a los empleados".
"Los trabajadores están preocupados". (CCOO). El sindicato ha sufrido por partida triple la acción de los violentos este año en Vigo, Porriño y un chalé de Sabarís. Su secretario comarcal, José Cameselle, reconoce que los trabajadores de la central de Navia están preocupados "por que se produzca un nuevo ataque en horario de oficina". Se mantienen las mismas medidas de seguridad en el sindicato, pero "a nivel individual la Policía nos ha hecho recomendaciones. Hay personas que son objetivos potenciales y eso no se olvida, hay que tomar precauciones dentro de la normalidad que todos buscamos".