M. FONTÁN
El estruendo fue tan fuerte que se escuchó en casi todo Martínez Garrido y en otras calles colindantes. Pero sin duda, el susto de sus vidas se lo llevaron los vecinos de los edificios situados al lado de Foncalor. La mayoría estaban durmiendo y se despertaron sobresaltados por la "espantosa" deflagración. "Salté en la cama", describe una mujer. Por sus cabezas pasó de todos: algunos pensaron que se trataba de un atentado terrorista y otros que era un potente trueno. Cuando se asomaron a sus ventanas o bajaron a la calle, se encontraron con un escenario desolador: una densa humareda que no les dejaba ver "nada", un fuerte olor a pólvora y la acera y la calzada inundada de cristales y cascotes. Muchos confesaban ayer que tienen "miedo", ya que se trata del segundo incidente de estas características que sufren cerca de sus casas en apenas un año.
Casi sin poder contener las lágrimas, María Pérez recogía ayer por la mañana los restos de cristales de sus ventanales rotos. Su vivienda, un primer piso, está ubicada justo encima de la sede de la patronal de fontaneros. "Estábamos yo y mi hija en casa; escuché un estruendo, algo horrible, y hasta me pareció que mi cama se levantaba", explicaba angustiada. No pasa por alto que es el segundo ataque a la misma sede, aunque en la anterior ocasión su domicilio no sufrió daños: "Somos una comunidad de vecinos tranquila; no hay derecho a que vengan a amargarnos".
Impactada
Más tranquila se mostraba otra residente del mismo inmueble, María Antonia Gómez. Vive en la segunda planta y algunas de sus ventanas acabaron "desencajadas", tal y como ella describe. "Desperté de sopetón, quedé impactada; bajé a la calle y vi a un matrimonio; si lo llega a coger la explosión lo mata", afirma. El otro vecino del segundo, Benigno, sufrió algún daño en su casa, pero de carácter menor. "Al principio sospeché que era un trueno, pero por el olor a pólvora y el ruido pronto me di cuenta de que no podía ser", explica.
En el inmueble colindante también fueron muchos los que apenas pudieron pegar ojo tras la deflagración. Uno de ellos fue Benito Freijanes. Estaba despierto y trabajando con su ordenador al lado de la ventana, que se encontraba abierta por el calor. "Vi un fogonazo y sentí un temblor; era tal la cantidad de pólvora y humo que no se veía nada en la calle", relata. Tras escuchar la deflagración, salió a la calle corriendo tras los autores. "Pero no vi a nadie", concluye.