TAMARA NOVOA
Una forma diferente de vacaciones. Mientras unos se deciden por el tradicional turismo de sol y playa, otros se decantan por una forma más comprometida de viajar: el llamado “turismo solidario”. Cada vez son más los jóvenes vigueses que aprovechan sus vacaciones para participar en este tipo de proyectos.
Viajar a un país de Latinoamérica o África, conocer sus problemas, convivir con sus gentes y descubrir su cultura a la vez que se explora el terreno. Son los objetivos de estos proyectos que se pusieron en marcha hace unos años y que cada vez congregan a un mayor número de personas. “Es una manera diferente de viajar”, afirma Cari Alonso coordinadora de Cooperatour una de las organizaciones que llevan a cabo este tipo de proyectos en España. Los viajes, que duran entre tres semanas y un mes, son principalmente al Sáhara y Marruecos en el continente africano; y a Ecuador, Brasil, Perú o Guatemala en América Latina. Los “turistas” pueden dormir en la casa de alguna familia nativa, en campamentos o en albergues.
“Nosotros actuamos como mediadores. Hace tiempo que la gente quiere viajar a estos países y colaborar en estos proyectos pero no tenían los medios para acceder a ellos. Nosotros queremos facilitar este trámite a los interesados”, explica Cari Alonso. “Los voluntarios sólo tienen que buscarse el billete de avión, del resto nos encargamos nosotros”, agrega. La red es la principal vía de contacto “la mayoría nos encuentran a través de Internet”.
Aunque “hay voluntarios de todo tipo”, en su mayoría son mujeres de entre 28 y 37 años con estudios universitarios y que actualmente están trabajando en algún tema de tipo social. Profesores, psicólogos, trabajadores sociales seguidos de personal sanitario y periodistas, son los profesionales que más se decantan por estas actividades. “Estudiantes pocos” y es que un viaje de estas características no está al alcance de todos. Los más baratos no bajan de los 500 euros sin tener en cuenta el billete de avión.
“Antes del viaje organizamos unas jornadas a las que asisten los futuros viajeros en donde los preparamos para lo que se van a encontrar durante el viaje. Se trata de cursos de sensibilización en donde se les divide en grupos en función de su destino”, explica Eva Gil responsable de Educación de Amarante en Vigo.
Todos los voluntarios dicen que repetirían. “Es una experiencia que te ayuda a cambiar tu forma de ver la vida. Al experimentar en carne propia todo lo que allí sucede te haces más tolerante”, comenta Montse García una de las voluntarias. “Yo vivía con una familia muy tradicional emigrada de la zona rural. Y logré entender el papel de la madre. Allí el matrimonio es una de las salidas para tus hijas. Al vivir con ellos me di cuenta de que no se puede juzgar desde fuera”, agrega.
“Nunca pasamos miedo”
El pasado miércoles volvió a casa Marta Díez la voluntaria viguesa que resultó herida en un accidente de tráfico en Perú. Este accidente que se cobró la vida de cuatro voluntarios españoles puso en valor la labor que cada vez más personas desempeñan en estos países. Sin embargo, las voluntarias dicen que nunca pasaron miedo. “Hay mucho control y me acompañaban a todos los sitios para que no me pasara nada. No estaba ni un minuto sola”, apunta Montse. Las voluntarias coinciden al señalar que el de Marta fue un accidente que “podía ocurrir en cualquier lugar”.
Montse García – Marruecos
“Me interesé por Marruecos, porque es un país donde se están llevando a cabo importantes acciones en el terreno de la mujer”, comenta Montse García. Esta viguesa colaboró hace dos veranos en uno de los proyectos que la Asociación Amarante tiene en el continente africano. “Quedé fascinada con el control social que existe en una ciudad tan grande como es Tánger”, señaló. “Todo el mundo esperaba nuestra llegada. Y notabas en la calle el miedo a hablar de cualquier tema político o religioso”. Montse convivió con una familia nativa, una experiencia que no cambiaría. “Mi despedida fue muy emocionante. Y yo no me lo esperaba. Me prepararon una mochila con todas las cosas que más me gustaban, incluso me querían regalar un vestido de novia en señal de afecto”, comenta la viguesa. “El único inconveniente era que no tenía ningún espacio para mi intimidad y vivía con una mujer viuda y sus cinco hijos”, concluye.
Eva Estévez - Sáhara
Para Eva Estévez ni el dinero ni el trabajo son excusa, “si quieres puedes”, asegura. La viguesa estuvo esta Semana Santa en el Sahara pero no era la primera vez que viajaba como voluntaria. “Había estado en los campamentos de refugiados de esta misma zona hace tres años. Pero la experiencia es diferente. La de los campamentos fue más dura”, sentencia. Su estancia como turista solidaria fue corta, sólo durante Semana Santa, “me dio pena no tener más tiempo para conocer mejor a las personas con las que conviví. Prefiero dormir en casa de alguna de las familias de allí que en albergues. Es una forma de conocer cómo viven, relacionarte con ellos. Dormir en albergues ya lo haces cuando eres un turista normal”. Lo que más le impactó fue la discriminación hacia las mujeres.